Tengo un cigarro en la boca,
café en la mesa,
resaca.
Anoche creo que quise matar a un hombre
las mujeres siempre crean demasiados enemigos.
Aquí, justo en el pecho
tengo un agujero del tamaño de su nombre.
Nada le reprocho
de ser ella,
yo tampoco me hubiera enamorado de alguien como yo.
Alguien que escribe versos en los espejos húmedos del baño,
que demuestra más amor en las posdatas
que en los besos que hay detrás de los orgasmos.
Alguien que usa el silencio como arma arrojadiza
y mide el amor en suspiros
como si fuera aire.
Si unías con el dedo los lunares de su espalda
y cerrabas fuertemente los ojos
podías ver tu propia muerte en tres dimensiones.
Lo verdaderamente triste fue saber que yo
no me iba a morir por ella.
Se peinaba con la mano era un encanto
y contaba delfines voladores
para poder conciliar un dulce sueño
y me llamaba por cosas que no existen
cuando estaba cansado de ser yo
o decía te quiero con los ojos
si su lengua se ocupaba de mi boca.
Se peinaba con la mano lo prometo
y el flequillo con el aire de su aliento
y jamás usaba cremas milagrosas
para ser la más bonita de mis ojos.
Otro cigarro en la boca,
otro café en la mesa,
resaca.
La soledad no es lo mismo que estar sin ella.
Me invento un atajo a su cintura
del salón al baño,
en el espejo aún yacen los últimos versos.
"Si no te tengo, siempre serás el amor de mi vida"
A ella la tuve
y fui cruel.
Y es que nunca he sido capaz de escribir sin dolor.
- El día que me vaya por fin seré un poema-
Eso me dijo, con esa seguridad de quién sabía
que donde empezaba su mundo
acababa el mío.
Y es que además de preciosa
siempre fue una chica muy lista.
miércoles, 27 de octubre de 2010
viernes, 15 de octubre de 2010
Huellas marcadas
Debería de huir lejos, más lejos,
mucho más lejos aún de donde alcances,
a algún pueblo perdido que no sepa
lo que se siente al pronunciar tu nombre.
A un lugar sin mar, ni veraneos,
ni chicas con sombrero que te observan
con la crueldad de quien añora algo.
A un mundo donde nadie se pregunte,
que fue de aquella diosa casi rubia
que paseaba conmigo de la mano.
Debería de correr hasta que el sur
no sea más que norte y anochezca
antes en tu cintura que en mis ojos
y la poesía olvide por completo
los versos que le debo aún a tu boca.
Amanecer desnudo en cualquier cama
que nunca haya gozado tu perfume,
abrirle las cortinas a mi vida
y que un paisaje con tu dulce ausencia
me folle en mi postura mas sumisa.
Debería de marcharme de mi mismo,
de ti, de mi familia, de mis "amigos"
de tu cabello al viento de levante,
de tu no se,
de mí ojalá,
de tú otro día.
De la canción aquella del suspiro,
de tú quiéreme algo más o no lo siento,
de mí no saber odiar lo que te quise.
Debería de huir de una vez por todas,
también de tu latir descompasado,
también de mi tic-tac sin segundero,
también de lo que queda en el recuerdo.
Debería de alejarme y sin embargo,
sigo aquí en el mismo punto exacto
donde aquella mañana me dejaste.
mucho más lejos aún de donde alcances,
a algún pueblo perdido que no sepa
lo que se siente al pronunciar tu nombre.
A un lugar sin mar, ni veraneos,
ni chicas con sombrero que te observan
con la crueldad de quien añora algo.
A un mundo donde nadie se pregunte,
que fue de aquella diosa casi rubia
que paseaba conmigo de la mano.
Debería de correr hasta que el sur
no sea más que norte y anochezca
antes en tu cintura que en mis ojos
y la poesía olvide por completo
los versos que le debo aún a tu boca.
Amanecer desnudo en cualquier cama
que nunca haya gozado tu perfume,
abrirle las cortinas a mi vida
y que un paisaje con tu dulce ausencia
me folle en mi postura mas sumisa.
Debería de marcharme de mi mismo,
de ti, de mi familia, de mis "amigos"
de tu cabello al viento de levante,
de tu no se,
de mí ojalá,
de tú otro día.
De la canción aquella del suspiro,
de tú quiéreme algo más o no lo siento,
de mí no saber odiar lo que te quise.
Debería de huir de una vez por todas,
también de tu latir descompasado,
también de mi tic-tac sin segundero,
también de lo que queda en el recuerdo.
Debería de alejarme y sin embargo,
sigo aquí en el mismo punto exacto
donde aquella mañana me dejaste.
lunes, 16 de agosto de 2010
La princesa de mis bostezos
Yo suelo soñar con que caigo al vacío,
con perros que me muerden,
con bicicletas pinchadas
y con ella.
Pero sobretodo sueño con sus tetas.
Sus tetas son esa parte del mundo que es hermosa.
A ver cómo explicarte,
tú la pones en top lees en un suburbio
y de golpe se hace el paraíso.
La derecha es tímidamente más grande y su aureola
parece el garabato de mi sobrina Alba,
en sus pezones dos demonios juegan al ajedrez
y siempre que me acerco a sus laderas
me susurran jaque mate en el oído.
Supongo que un hombre decente
no puede enamorarse de unos pechos
pero yo nunca fui decente
y solo soy hombre cuando ella me lo pide
con la boquita esa entreabierta,
la misma que usa para exigir chocolate,
o un helado,
o que me meta dentro
más incluso de ella misma.
Yo a veces sueño con que Bukowski
me invita a la penúltima
en un bar de carretera
con nombre de alguna linda pelirroja,
o con que Alicia que sabe mentir sin abrir la boca
me da un beso con lengua
y acto seguido me dice que me querrá siempre
incluso aunque cierren todas las tiendas de Yves rocher.
O con que en aquella tarde de lluvia
yo hubiera sido el único hombre con paraguas
en esa parada de taxis donde una nube gris
se enamoró perdidamente de sus coletas.
Pero sobretodas las cosas yo sueño con su escote,
con los atajos de su cuello,
con el desnudo integral de sus axilas,
con mis dedos haciendo saltar botones
y el clic de su sujetador azul
y el clac de su sujetador negro
y el boooooom
de mi corazón suyo.
Con el leve columpiarse y el insulto
a todas la leyes de la física,
con los toboganes que descarrilan en su ombligo,
con las montañas más hermosas de mi vida.
Y todavía vendrán a contarme
que dormir es una pérdida de tiempo.
con perros que me muerden,
con bicicletas pinchadas
y con ella.
Pero sobretodo sueño con sus tetas.
Sus tetas son esa parte del mundo que es hermosa.
A ver cómo explicarte,
tú la pones en top lees en un suburbio
y de golpe se hace el paraíso.
La derecha es tímidamente más grande y su aureola
parece el garabato de mi sobrina Alba,
en sus pezones dos demonios juegan al ajedrez
y siempre que me acerco a sus laderas
me susurran jaque mate en el oído.
Supongo que un hombre decente
no puede enamorarse de unos pechos
pero yo nunca fui decente
y solo soy hombre cuando ella me lo pide
con la boquita esa entreabierta,
la misma que usa para exigir chocolate,
o un helado,
o que me meta dentro
más incluso de ella misma.
Yo a veces sueño con que Bukowski
me invita a la penúltima
en un bar de carretera
con nombre de alguna linda pelirroja,
o con que Alicia que sabe mentir sin abrir la boca
me da un beso con lengua
y acto seguido me dice que me querrá siempre
incluso aunque cierren todas las tiendas de Yves rocher.
O con que en aquella tarde de lluvia
yo hubiera sido el único hombre con paraguas
en esa parada de taxis donde una nube gris
se enamoró perdidamente de sus coletas.
Pero sobretodas las cosas yo sueño con su escote,
con los atajos de su cuello,
con el desnudo integral de sus axilas,
con mis dedos haciendo saltar botones
y el clic de su sujetador azul
y el clac de su sujetador negro
y el boooooom
de mi corazón suyo.
Con el leve columpiarse y el insulto
a todas la leyes de la física,
con los toboganes que descarrilan en su ombligo,
con las montañas más hermosas de mi vida.
Y todavía vendrán a contarme
que dormir es una pérdida de tiempo.
jueves, 5 de agosto de 2010
Cuando mis poemas no vuelan, hago avioncitos de papel
No seré yo quien se invente
una nueva manera de gemir
pero si vienes, si me ayudas,
podemos dar un concierto asombroso
que no olviden los vecinos en sus vidas.
Y eso que no, no es tu coño lo más bonito de ti,
de hecho seguramente sea lo menos hermoso
de ese país tuyo donde vives y resides
llamado Lauritilandia.
Y sin embargo si me lo pidieras
me arrancaría mi ojo derecho con las manos
ese con el que no sé guiñar
por lamértelo en este preciso instante.
Y si eso haría por lo menos bonito de ti
mejor no te imagines
lo que podría llegar a hacer por tu boca.
Recuerdo aquel día en el cine de manos en los muslos,
ni idea de cómo se llamaba la película,
había una actriz rubia que besaba sin guión
y un camarero gordo con tres frases subtituladas
que no dejaba de mirar bajo tu vestido.
No sé si dejó de funcionar el aire acondicionado
o nos trajimos el sol bajo la ropa.
Y es que hace un millón de telediarios
que no sales en la tele.
Desde aquella vez que enseñaste un pecho
en un partido de tercera
y el locutor que tenía muñeca hinchable y tres hijos
no dejó de tartamudear en toda la prorroga.
Debió ser la única vez de aquella liga
en la que consiguió sonreír toda la grada.
Porque no solo yo te echo de menos,
los patos del estanque
se hicieron anoréxicos cuando te fuiste,
se pusieron en huelga de claxon
los camioneros de la avenida de la muerte
y el muñeco del paso de peatones
prefirió el daltonismo a tus ausencias.
Porque ya ni el aire tiene fuerza
para levantar una falda
si no subes tú la cuesta de mi vida.
Ni los borrachos del parque me han perdonado
que te haya sustituido en mis paseos
por mi bulímica y esquelética sombra.
Y la poesía me odia, no me salva,
al fin y al cabo no es más
que otra excusa para hacer papiroflexia.
una nueva manera de gemir
pero si vienes, si me ayudas,
podemos dar un concierto asombroso
que no olviden los vecinos en sus vidas.
Y eso que no, no es tu coño lo más bonito de ti,
de hecho seguramente sea lo menos hermoso
de ese país tuyo donde vives y resides
llamado Lauritilandia.
Y sin embargo si me lo pidieras
me arrancaría mi ojo derecho con las manos
ese con el que no sé guiñar
por lamértelo en este preciso instante.
Y si eso haría por lo menos bonito de ti
mejor no te imagines
lo que podría llegar a hacer por tu boca.
Recuerdo aquel día en el cine de manos en los muslos,
ni idea de cómo se llamaba la película,
había una actriz rubia que besaba sin guión
y un camarero gordo con tres frases subtituladas
que no dejaba de mirar bajo tu vestido.
No sé si dejó de funcionar el aire acondicionado
o nos trajimos el sol bajo la ropa.
Y es que hace un millón de telediarios
que no sales en la tele.
Desde aquella vez que enseñaste un pecho
en un partido de tercera
y el locutor que tenía muñeca hinchable y tres hijos
no dejó de tartamudear en toda la prorroga.
Debió ser la única vez de aquella liga
en la que consiguió sonreír toda la grada.
Porque no solo yo te echo de menos,
los patos del estanque
se hicieron anoréxicos cuando te fuiste,
se pusieron en huelga de claxon
los camioneros de la avenida de la muerte
y el muñeco del paso de peatones
prefirió el daltonismo a tus ausencias.
Porque ya ni el aire tiene fuerza
para levantar una falda
si no subes tú la cuesta de mi vida.
Ni los borrachos del parque me han perdonado
que te haya sustituido en mis paseos
por mi bulímica y esquelética sombra.
Y la poesía me odia, no me salva,
al fin y al cabo no es más
que otra excusa para hacer papiroflexia.
lunes, 2 de agosto de 2010
De como no llegar a fin de mes
1
Se suceden la estanterías una tras otra
con etiquetas numéricas brillantes
y lo único que me interesa de todo el supermercado
no tiene precio.
2
Está en la caja siete,
es morena
y cada vez que sonríe
crecen cincuenta y cinco nuevas orquideas
en la sección de botánica.
Huele al perfume ese de
"si te acercas demasiado perderás el equilibrio"
Ojalá algún día me muestre
lo hermosa que puede ser si ella quiere
la ley de la gravedad.
3
Apenas se maquilla,
el pelo recogido
como una de esas atletas de natación sincronizada,
ni siquiera respira,
le baila el aire.
La placa del pecho dice su nombre
aunque siempre que la miro mi cerebro lo olvida
y me pongo a jugar al tres en raya
con las pequitas de sus pómulos.
Tengo que reconocer muy orgulloso
que no le he ganado todavía.
4
Hace malabarismos con las monedas
y trucos de magia con los billetes,
es licenciada en parpadeos provocadores,
anestesista en los dolores de la soledad,
miss cabello bonito del pasillo del champú,
reina del descuento de la sangre en el cerebro.
Suya, solo suya
aunque a veces
cuando se le olvida abrocharse el último botón
también es mía.
O casi.
5
Estoy llenando la nevera
de cosas que no me voy a comer
y creo que ella lo sabe.
Cuando habla.
Yo solo pienso.
- ¿ Quieres una bolsa caballero?
(Lo único que quiero es un beso tuyo o dos
o un millón y luego otro millón y otro
hasta no saber si tengo mi boca en tu boca
o en la mía)
- Son treinta euros con treinta y tres céntimos
- ¿ Tienes los treinta tres cétimos?
( lo que tengo son treinta tres maneras diferentes de hacerte sonreir)
- ¿ Señor me estás oyendo?
- ¿Señor?.....
- Ah si perdone, tome.
- Hasta mañana caballero.
(Hasta mis sueños señorita)
- Chao.
Se suceden la estanterías una tras otra
con etiquetas numéricas brillantes
y lo único que me interesa de todo el supermercado
no tiene precio.
2
Está en la caja siete,
es morena
y cada vez que sonríe
crecen cincuenta y cinco nuevas orquideas
en la sección de botánica.
Huele al perfume ese de
"si te acercas demasiado perderás el equilibrio"
Ojalá algún día me muestre
lo hermosa que puede ser si ella quiere
la ley de la gravedad.
3
Apenas se maquilla,
el pelo recogido
como una de esas atletas de natación sincronizada,
ni siquiera respira,
le baila el aire.
La placa del pecho dice su nombre
aunque siempre que la miro mi cerebro lo olvida
y me pongo a jugar al tres en raya
con las pequitas de sus pómulos.
Tengo que reconocer muy orgulloso
que no le he ganado todavía.
4
Hace malabarismos con las monedas
y trucos de magia con los billetes,
es licenciada en parpadeos provocadores,
anestesista en los dolores de la soledad,
miss cabello bonito del pasillo del champú,
reina del descuento de la sangre en el cerebro.
Suya, solo suya
aunque a veces
cuando se le olvida abrocharse el último botón
también es mía.
O casi.
5
Estoy llenando la nevera
de cosas que no me voy a comer
y creo que ella lo sabe.
Cuando habla.
Yo solo pienso.
- ¿ Quieres una bolsa caballero?
(Lo único que quiero es un beso tuyo o dos
o un millón y luego otro millón y otro
hasta no saber si tengo mi boca en tu boca
o en la mía)
- Son treinta euros con treinta y tres céntimos
- ¿ Tienes los treinta tres cétimos?
( lo que tengo son treinta tres maneras diferentes de hacerte sonreir)
- ¿ Señor me estás oyendo?
- ¿Señor?.....
- Ah si perdone, tome.
- Hasta mañana caballero.
(Hasta mis sueños señorita)
- Chao.
viernes, 30 de julio de 2010
PRO-VOCACION
Me ha hecho mucha ilusión, mucha, mucha. Y es que quizás resulta que al final yo no quiero ser tan anónimo, o mi toque sensible es mayor de lo que pensaba o simplemente me agrada verme en papel. Aunque esto ultimo no lo tenga tan claro.
El caso es que he llegado a casa y mi madre, esa mujer que sorprendentemente me quiere como a un hijo me ha comentado que tenia un sobre para mí.
Y alli estaba el número cuatro de la revista PRO-VOCACION donde tengo un huequito gracias a Escandar Algeet que generosa y gratuitamente había contado conmigo para ello.
Escandar al cual aun no tengo el gusto de conocer tambien es poeta, mas que poeta, escritor y tiene un blog
http://escandar-algeet.blogspot.com/
Y esto no es propaganda o una manera de pagar, cualquiera que lea un par de versos estará de acuerdo en lo bueno que es y en el nada que se parece a todos a la hora de tejer palabras. Y eso si que es complicado.
En fin que gracias Escandar por meterme ahi dentro entre tanta palabra de calidad donde espero no haber desentonado demasiado.
Un abrazo.
El caso es que he llegado a casa y mi madre, esa mujer que sorprendentemente me quiere como a un hijo me ha comentado que tenia un sobre para mí.
Y alli estaba el número cuatro de la revista PRO-VOCACION donde tengo un huequito gracias a Escandar Algeet que generosa y gratuitamente había contado conmigo para ello.
Escandar al cual aun no tengo el gusto de conocer tambien es poeta, mas que poeta, escritor y tiene un blog
http://escandar-algeet.blogspot.com/
Y esto no es propaganda o una manera de pagar, cualquiera que lea un par de versos estará de acuerdo en lo bueno que es y en el nada que se parece a todos a la hora de tejer palabras. Y eso si que es complicado.
En fin que gracias Escandar por meterme ahi dentro entre tanta palabra de calidad donde espero no haber desentonado demasiado.
Un abrazo.
lunes, 26 de julio de 2010
Lo que yo sé del cambio climático
Ella me besaba con la boca de los lunes
todos los sábados festivos de agosto,
luego colgaba los zapatos en el armario
de los septiembres lluviosos de mi alma.
Tumbada en la playa ajena a mí
con las gafas de no quiero ni mirarte
y una teta en plena fuga de sí misma
por la minúscula tela del bikini.
Decían en el puerto al observarte
que la espuma de las orillas
eran los orgasmos de las sirenas.
Y claro sí yo llegué a creer que me querías
como iba a poner en duda lo que el mar
era capaz de conseguir si se excitaba.
Tantas veces quise ser el mar,
como la mañana del bikini rojo
en la que sumisa dejaste que el agua
te lamiera dócilmente los tobillos
y los minúsculos vellos rubios de tus muslos
despertaban de repente de la siesta.
Y es que tú eras la única mujer
capaz de conseguir que subiera la marea.
Hubieron olas que se inventaron a sí mismas
aquella tarde del suicidio de las nubes
y en lugar de romper contra la arena
acariciaban dulcemente tu cintura
mientras un aire enamorado de tu pelo
hacía silbar la canción que te gustaba.
Era pornografía aquel baile de dedos
extendiendo la crema protectora
y el aroma imposible al mezclarse con tu piel
solo comparable a los jardines de Brastilava.
Lo que duraba una mentira en tu boca
era lo que permanecía la sonrisa en mis labios.
No sé que le diré al mediterraneo
cuando pregunte por tus toallas infantiles,
que le contaré a tu roca preferida
sobre la ausencia de tu culo sobre ella,
o que pensarán de mí los pescadores del muelle
si no traigo tu mirada hacía sus barcas.
Si no regresas con tu verano a mi verano
te voy a odiar el resto de mi vida
y eso es más eterno que quererte.
todos los sábados festivos de agosto,
luego colgaba los zapatos en el armario
de los septiembres lluviosos de mi alma.
Tumbada en la playa ajena a mí
con las gafas de no quiero ni mirarte
y una teta en plena fuga de sí misma
por la minúscula tela del bikini.
Decían en el puerto al observarte
que la espuma de las orillas
eran los orgasmos de las sirenas.
Y claro sí yo llegué a creer que me querías
como iba a poner en duda lo que el mar
era capaz de conseguir si se excitaba.
Tantas veces quise ser el mar,
como la mañana del bikini rojo
en la que sumisa dejaste que el agua
te lamiera dócilmente los tobillos
y los minúsculos vellos rubios de tus muslos
despertaban de repente de la siesta.
Y es que tú eras la única mujer
capaz de conseguir que subiera la marea.
Hubieron olas que se inventaron a sí mismas
aquella tarde del suicidio de las nubes
y en lugar de romper contra la arena
acariciaban dulcemente tu cintura
mientras un aire enamorado de tu pelo
hacía silbar la canción que te gustaba.
Era pornografía aquel baile de dedos
extendiendo la crema protectora
y el aroma imposible al mezclarse con tu piel
solo comparable a los jardines de Brastilava.
Lo que duraba una mentira en tu boca
era lo que permanecía la sonrisa en mis labios.
No sé que le diré al mediterraneo
cuando pregunte por tus toallas infantiles,
que le contaré a tu roca preferida
sobre la ausencia de tu culo sobre ella,
o que pensarán de mí los pescadores del muelle
si no traigo tu mirada hacía sus barcas.
Si no regresas con tu verano a mi verano
te voy a odiar el resto de mi vida
y eso es más eterno que quererte.
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