Tenía que haberme hecho el muerto cuando te vi llegar
y no mirarte como miran los pasteles de los escaparates
las señoras con azúcar.
No sé puede ser tan bonita con pantalones cortos
y zapatos de esos que esquivan el ruido en callejones oscuros,
mandaste haciendo la estatua todo el glamour
a una pasarela donde halagan en francés
y mienten con los huesos marcados
y reinventaste de nuevo la moda en una baldosa
orgullosa de sostener tu peso.
Hoy me recuerda la radio que debes
haber abandonado a todos los cantautores a la vez,
que estás llenando esta ciudad
de drogadictos y borrachos
y que ya nunca más querrás ser una canción
a pesar de que la música empieza
cuando tú bailas.
! Y joder como bailas!
aunque parezca otra cosa
si cerca se mueven los demás
como animales sin cabeza.
Tienes una trinchera tan ferrea de monosílabos
que ninguna de mis frases logra nunca atravesar
la linea que separa el silencio del diálogo.
Es tan absurdo mover la lengua fuera de tu boca.
Por eso callo,
por eso escribo
desde esta voz sin decibelios
para que me oigas con los ojos.
Y no, no se puede tener tantos argumentos en tan poco espacio,
si fueras una película
habría cubos de palomitas volando por los aires,
refrescos azucarados pringando las butacas
y manos buscando bajo las faldas de la última fila
el significado real de la trama.
De la vida.
Del orgasmo.
Que hasta los guionistas que duermen en mis dedos
darían todas sus ideas al enemigo
por comerte el coño
hasta que volviera a pasar el cometa halley
por delante de tus párpados.
Se tambalean los bolígrafos de mi escritorio
cuando pienso en lo que hace el aire con tu pelo
se garabatean los folios de metáforas
si diviso mentalmente
como se te pega la ropa a la piel.
Tienes a todo tu armario
enamorado de tu aroma.
Y al mío masturbándose en tu ausencia.
Deberías saber que no es casualidad
que suba la marea cuando pisas una orilla,
que se multiplique la espuma de las olas
cuanto más te adentras en el mar
con ese bikini de cine para adultos.
Hay peces fetichistas desde que de un año para otro
por esa maga caprichosa llamada naturaleza
cambiaste las coletas por una trenza.
Debí hacerme el muerto cuando te vi llegar
en lugar de tartamudear tu nombre
como si me hubiera tragado un eco.
En lugar de colocarte en la agenda
de los amores platónicos
entre esa actriz italiana
que descumple los años
y aquella compañera de pupitre
que me robó la voz cuatro años de infancia.
En la cama,
con el corazón contando ovejitas para soñarte
mientras tu boca besa al hombre del saco
en una discoteca con paso de peatones
que rompen los tabiques de mujeres
que no sabrán jamás cual es mi nombre.
Así estoy
sin ti,
despierto,
en plena pesadilla.
miércoles, 6 de julio de 2011
lunes, 23 de mayo de 2011
Plumas en la bañera
Todo el mundo pensaba que era maricón
porque usaba el abanico con la misma maestría
que una maruja en la feria de Sevilla.
Pero no, no era por eso,
simplemente estaba cansado
de esperar a la mujer de su vida.
Y aprendió que a cuatro patas
era mucho más fácil ser una perra.
Más sencillo odiar entre ladridos.
Recordaba los coches de juguete
atropellando barbies en las losas azules del salón
ante la atenta mirada de un padre
que desde el sofá maldecía sus propios espermatozoides.
Nunca sabía que hacer con las lágrimas.
La primera vez que consiguió amarse
no fue en los ojos de cualquiera
lo hizo frente al espejo
llevaba puestas las medias de su madre.
Y las manchó.
Se llamaba Abigail después de aquello
y estaba enamorada de si misma.
De si misma y de aquella dependienta bronceada
que entre estanterías de cremas milagrosas
y pinturas de uñas de colores
que aún estaban por existir
lo miraba con ojos de desprecio.
O de Neus,
aquella gorda sin complejos
que le echaba de comer a las palomas
siempre la mitad de lo que había en cada bolsa
y que jamás le contestó a un saludo.
No era mujer,
ni media siquiera,
ni hombre por supuesto que tampoco,
el monstruo lo llamaban los gemelos
de la vecina separada del segundo.
El monstruo eso era,
porque nadie usa los ojos para mirar
por debajo de la piel.
-Nadie-
Ladró.
Y lo amaron sí,
cincuentones con barriga
y casados viciosos
con fotos de sus hijos en la cartera
y machos peludos adictos
al aliento de otro sobre la nuca
y lo odiaron también,
rapados al cero en callejones sin salida,
jubilados observadores de obras públicas,
familiares que tacharon su apellido
desterrándolo por siempre de la genética.
Ayer domingo, claro, como debía ser,
cansado y con una profesionalidad
de carnicero de un super
se cortó de un tajo las venas en el baño
dejando su cadáver desnudo
al orgasmo libre de las moscas.
Y una frase con su propia sangre
decorando los azulejos amarillos.
"Hoy ha muerto una mujer
a la que no la dejaron ser hombre.
Ni ella supo"
* A TÚ MEMORIA
QUE YA ES LA MÍA
porque usaba el abanico con la misma maestría
que una maruja en la feria de Sevilla.
Pero no, no era por eso,
simplemente estaba cansado
de esperar a la mujer de su vida.
Y aprendió que a cuatro patas
era mucho más fácil ser una perra.
Más sencillo odiar entre ladridos.
Recordaba los coches de juguete
atropellando barbies en las losas azules del salón
ante la atenta mirada de un padre
que desde el sofá maldecía sus propios espermatozoides.
Nunca sabía que hacer con las lágrimas.
La primera vez que consiguió amarse
no fue en los ojos de cualquiera
lo hizo frente al espejo
llevaba puestas las medias de su madre.
Y las manchó.
Se llamaba Abigail después de aquello
y estaba enamorada de si misma.
De si misma y de aquella dependienta bronceada
que entre estanterías de cremas milagrosas
y pinturas de uñas de colores
que aún estaban por existir
lo miraba con ojos de desprecio.
O de Neus,
aquella gorda sin complejos
que le echaba de comer a las palomas
siempre la mitad de lo que había en cada bolsa
y que jamás le contestó a un saludo.
No era mujer,
ni media siquiera,
ni hombre por supuesto que tampoco,
el monstruo lo llamaban los gemelos
de la vecina separada del segundo.
El monstruo eso era,
porque nadie usa los ojos para mirar
por debajo de la piel.
-Nadie-
Ladró.
Y lo amaron sí,
cincuentones con barriga
y casados viciosos
con fotos de sus hijos en la cartera
y machos peludos adictos
al aliento de otro sobre la nuca
y lo odiaron también,
rapados al cero en callejones sin salida,
jubilados observadores de obras públicas,
familiares que tacharon su apellido
desterrándolo por siempre de la genética.
Ayer domingo, claro, como debía ser,
cansado y con una profesionalidad
de carnicero de un super
se cortó de un tajo las venas en el baño
dejando su cadáver desnudo
al orgasmo libre de las moscas.
Y una frase con su propia sangre
decorando los azulejos amarillos.
"Hoy ha muerto una mujer
a la que no la dejaron ser hombre.
Ni ella supo"
* A TÚ MEMORIA
QUE YA ES LA MÍA
martes, 17 de mayo de 2011
El amor visto desde dentro (creo)
Despertar en una cama que no conoces,
en una habitación que no te extraña,
con una mujer que nunca has visto
y sí la has visto,
ni siquiera la recuerdas.
Llamarla por un nombre que no es el suyo
y que ella te responda con adjetivos que descalifican
y seguramente mereces.
Ir al baño vomitar dos veces,
tres,
observar al hombre del espejo
-Te he visto en algún sitio hijo de puta-
El sonríe.
Ella se viste,
tiene el rimmel corriendo una maratón ocular,
no es del todo bonita,
está pálida,
su boca es amplia,
sus labios rosados,
su nariz se asoma al balcón de su barbilla
timidamente,
como con vocación de suicida
pero con pánico.
Le cae el cabello desordenado por la espalda,
es largo,
creo que huele a frutas del bosque,
observo sus axilas desde el lavabo,
me dan hambre.
Mucha.
Quizás desde esta perspectiva
si está linda.
Y es bonita creo.
Me habla como si me conociera de toda la vida,
-Vístete y lávate la cara
pareces un perro vagabundo- murmulla.
Paso por su lado,
no la miro de cerca,
me dan miedo sus ojos,
me visto,
rápido,
como si tuviera una cita con una italiana
para comer espaguetis con las manos.
En el salón una foto gigante decora la pared,
allí está ella,
radiante,
vestida de blanco sosteniendo
un ramillete de margaritas con dedos prestados
de alguna diva de otra época.
Es lo más bello que han visto mis ojos
en todos estos años.
Estoy seguro.
Al lado el tipo del espejo
enchaquetado,
con el pelo brillante por la gomina
y una sonrisa absurda
como si el mundo fuera un lugar confortable,
distinto a este,
extraño,
mejor.
No me despido,
salgo de aquella casa desconocida pensando
que sí,
que era bonita,
mucho,
demasiado quizás,
y ese hombre,
el del espejo,
debería dar las gracias por su suerte.
en una habitación que no te extraña,
con una mujer que nunca has visto
y sí la has visto,
ni siquiera la recuerdas.
Llamarla por un nombre que no es el suyo
y que ella te responda con adjetivos que descalifican
y seguramente mereces.
Ir al baño vomitar dos veces,
tres,
observar al hombre del espejo
-Te he visto en algún sitio hijo de puta-
El sonríe.
Ella se viste,
tiene el rimmel corriendo una maratón ocular,
no es del todo bonita,
está pálida,
su boca es amplia,
sus labios rosados,
su nariz se asoma al balcón de su barbilla
timidamente,
como con vocación de suicida
pero con pánico.
Le cae el cabello desordenado por la espalda,
es largo,
creo que huele a frutas del bosque,
observo sus axilas desde el lavabo,
me dan hambre.
Mucha.
Quizás desde esta perspectiva
si está linda.
Y es bonita creo.
Me habla como si me conociera de toda la vida,
-Vístete y lávate la cara
pareces un perro vagabundo- murmulla.
Paso por su lado,
no la miro de cerca,
me dan miedo sus ojos,
me visto,
rápido,
como si tuviera una cita con una italiana
para comer espaguetis con las manos.
En el salón una foto gigante decora la pared,
allí está ella,
radiante,
vestida de blanco sosteniendo
un ramillete de margaritas con dedos prestados
de alguna diva de otra época.
Es lo más bello que han visto mis ojos
en todos estos años.
Estoy seguro.
Al lado el tipo del espejo
enchaquetado,
con el pelo brillante por la gomina
y una sonrisa absurda
como si el mundo fuera un lugar confortable,
distinto a este,
extraño,
mejor.
No me despido,
salgo de aquella casa desconocida pensando
que sí,
que era bonita,
mucho,
demasiado quizás,
y ese hombre,
el del espejo,
debería dar las gracias por su suerte.
martes, 10 de mayo de 2011
Espejito, espejito....tú y tus verdades a medias
Hoy he preferido mirarme al espejo que a tus ojos.
Tus ojos son dos laberintos,
dos abismos al infierno,
mirarlos es como presenciar la muerte de un ser querido
o llegar tarde a tu propio cumpleaños.
Tus ojos gata albina,
niña de bronce sin broncear,
actriz nórdica de mis sueños húmedos
son un prohibido fumar en el salón de mi casa.
Un combate a muerte con mi otro yo,
un poema con rima,
como leer la biblia en la playa
o oir una canción de breakbeat
en el entierro de mi ex novia.
Y estaba allí el espejo brillando
como cuando Gladys
aquella hermosa madura cubana
lo limpiaba con su aliento de menta y fresa
y un trapo rojo que alguna vez en otros tiempos
le había besado el vello púbico.
Y en el espejo yo,
entero,
casi vivo,
navegando por encima de la luz de la salita
con un barco lleno de complejos,
buscándome un defecto,
hallándolo,
sumándolo a una lista interminable,
batiéndolos todos como si fuera un coctel de nombre
"voyaolvidarmequenomequiero"
y lanzándolos por el desagüe
con un leve de despido de odio.
Y de nuevo limpio y perfumado,
con media sonrisa de triunfo,
salir a la calle con el ego
de un quinceañero sin acne
a lamerle los tobillos a la vida
y encontrar una mirada donde verme
sin que duela este ser yo que soy ahora
y olvidarme para siempre de tus ojos.
Y de paso de todos los espejos.
Tus ojos son dos laberintos,
dos abismos al infierno,
mirarlos es como presenciar la muerte de un ser querido
o llegar tarde a tu propio cumpleaños.
Tus ojos gata albina,
niña de bronce sin broncear,
actriz nórdica de mis sueños húmedos
son un prohibido fumar en el salón de mi casa.
Un combate a muerte con mi otro yo,
un poema con rima,
como leer la biblia en la playa
o oir una canción de breakbeat
en el entierro de mi ex novia.
Y estaba allí el espejo brillando
como cuando Gladys
aquella hermosa madura cubana
lo limpiaba con su aliento de menta y fresa
y un trapo rojo que alguna vez en otros tiempos
le había besado el vello púbico.
Y en el espejo yo,
entero,
casi vivo,
navegando por encima de la luz de la salita
con un barco lleno de complejos,
buscándome un defecto,
hallándolo,
sumándolo a una lista interminable,
batiéndolos todos como si fuera un coctel de nombre
"voyaolvidarmequenomequiero"
y lanzándolos por el desagüe
con un leve de despido de odio.
Y de nuevo limpio y perfumado,
con media sonrisa de triunfo,
salir a la calle con el ego
de un quinceañero sin acne
a lamerle los tobillos a la vida
y encontrar una mirada donde verme
sin que duela este ser yo que soy ahora
y olvidarme para siempre de tus ojos.
Y de paso de todos los espejos.
jueves, 5 de mayo de 2011
Hoy me duele la voz de no escucharte
Me da miedo a que llueva
y te mojes
y yo no tenga la culpa.
Creo que lo mejor de todo el silencio de ayer
fue cuando lo rompiste,
tienes música en la risa,
no sé....
¿sabes la canción aquella de Ismael serrano?
Me sentí él
pero tú no eras ella,
eras mejor,
mejor aún que imaginarte.
Podías vivir en Alaska con ese aspecto
pero te gusta joderme
y ser remotamente alcanzable.
Y luego tu rostro allá,
moviendo la cabeza
y yo sacándote parecidos razonables
sin razón,
de actrices de segunda fila.
Incluso me pareció haberte visto alguna vez
en un anuncio de compresas.
Pero te pareces a ti,
sobretodo a ti y solamente a ti
y es a lo más bello que podías parecerte.
Lanzas un beso que se lo come el humo,
hacía tiempo que no fumaba tanto,
me has quitado un año de mi vida de golpe
y sin embargo observándote
cada vez me siento más viejo.
Eres una contradicción tan perfecta en ti misma
que estoy por llevarme la contraria.
Hoy,
incluso mañana,
que aún no tiene nombre
por más que tu sonrisa de columpio en movimiento
idee algunos de esos absurdos que acaban en diminutivos
y hacen que me avergüence
del hombre estúpido que duerme en mi pecho.
Y pensaba en tu vello púbico
en esta culpa que me persigue
de querer follarte contra la pared de tu habitación
mientras las muñecas de tu baúl de los recuerdos
murmullan unas con otras en lo puta que puedes llegar a ser
aún con ese rostro casi virgen sacado a la fuerza
de una zona geográfica que me queda por inventarme.
Y es que haré un país en mis costillas
que lleve tu nombre.
El que quieras llamarte
y que la bandera sea la ropa de ¿mañana que me pongo?
como si la belleza necesitara decoraciones de tela.
Como si tu desnudo no fuera bastante
para que tiemble el universo
en la palma de tu mano.
Y me voy a la cama sin ti
con la esperanza de que no me quieras nunca,
nunca,
y sigas doliéndome siempre,
siempre,
como ahora,
fuerte,
así,
de este modo.
y te mojes
y yo no tenga la culpa.
Creo que lo mejor de todo el silencio de ayer
fue cuando lo rompiste,
tienes música en la risa,
no sé....
¿sabes la canción aquella de Ismael serrano?
Me sentí él
pero tú no eras ella,
eras mejor,
mejor aún que imaginarte.
Podías vivir en Alaska con ese aspecto
pero te gusta joderme
y ser remotamente alcanzable.
Y luego tu rostro allá,
moviendo la cabeza
y yo sacándote parecidos razonables
sin razón,
de actrices de segunda fila.
Incluso me pareció haberte visto alguna vez
en un anuncio de compresas.
Pero te pareces a ti,
sobretodo a ti y solamente a ti
y es a lo más bello que podías parecerte.
Lanzas un beso que se lo come el humo,
hacía tiempo que no fumaba tanto,
me has quitado un año de mi vida de golpe
y sin embargo observándote
cada vez me siento más viejo.
Eres una contradicción tan perfecta en ti misma
que estoy por llevarme la contraria.
Hoy,
incluso mañana,
que aún no tiene nombre
por más que tu sonrisa de columpio en movimiento
idee algunos de esos absurdos que acaban en diminutivos
y hacen que me avergüence
del hombre estúpido que duerme en mi pecho.
Y pensaba en tu vello púbico
en esta culpa que me persigue
de querer follarte contra la pared de tu habitación
mientras las muñecas de tu baúl de los recuerdos
murmullan unas con otras en lo puta que puedes llegar a ser
aún con ese rostro casi virgen sacado a la fuerza
de una zona geográfica que me queda por inventarme.
Y es que haré un país en mis costillas
que lleve tu nombre.
El que quieras llamarte
y que la bandera sea la ropa de ¿mañana que me pongo?
como si la belleza necesitara decoraciones de tela.
Como si tu desnudo no fuera bastante
para que tiemble el universo
en la palma de tu mano.
Y me voy a la cama sin ti
con la esperanza de que no me quieras nunca,
nunca,
y sigas doliéndome siempre,
siempre,
como ahora,
fuerte,
así,
de este modo.
miércoles, 27 de abril de 2011
Si esto fuera una película de terror yo seria la rubia pija que muere la primera
Miedo de despertar un día
y ya no saber ni que escribirte.
De tener que recordarte que poeta no era mi oficio
ni siquiera mi modo preferido de provocar,
solo otra manera de huir
cuando los autobuses que me llevan a tu cintura
se olvidan de mi nombre.
Miedo de vodafone le informa
que el número marcado no existe,
de que mis sueños se queden sin cobertura
y de ti no tenga más que un politono
de un cantante para sordos.
Miedo de los billetes solamente de ida
a cualquier parte menos a tus brazos,
a tu voz repetida como un eco.....
no te quiero
no te quiero
no te quiero.
Y volverme de piedra otra vez,
de estatua que espanta a las palomas
y de nuevo de vuelta al espejo,
a pensiones de una estrella donde el amor
cuesta un par de versos en rumano.
A los parques desnudos de hojas
donde la pasión es preciosa
y es de otro.
A Fermín el camarero y sus frases
"Siempre el amor corriendo más que tú"
Y yo de un trago a otro trago
con la certeza absoluta de que el equilibrio
solo cabe en un nombre de mujer.
A hurgarme con odio las heridas
que se supieron cicatrices antes de ti.
Miedo del peluche que ocupa la parte de la cama
en la que falta un cuerpo,
de las perchas vacías,
de mi ego lamiendo las baldosas
que anhelan tu peso sobre ellas.
Miedo de lo que soy,
si no eres,
mía.
De lo que eres,
si no soy,
tuyo.
De los verbos,
de la música,
de respirar en este idioma
que te suena tan extranjero
ni que entiendes.
Del eco,
no te quiero,
no te quiero,
no te quiero.
Y mendigar caricias en los ojos
de separadas que ganaron sus juicios,
pasear mis miserias por los barrios donde crecí
para reventar mi infancia contra el kiosko de los helados.
Y jurar y prometer que nunca más
volveré a volver sobre mis pasos
igual que le prometo a mi madre cada noche al teléfono
que he dejado la bebida para siempre.
Y miedo,
de que el miedo esta vez
me tenga miedo.
y ya no saber ni que escribirte.
De tener que recordarte que poeta no era mi oficio
ni siquiera mi modo preferido de provocar,
solo otra manera de huir
cuando los autobuses que me llevan a tu cintura
se olvidan de mi nombre.
Miedo de vodafone le informa
que el número marcado no existe,
de que mis sueños se queden sin cobertura
y de ti no tenga más que un politono
de un cantante para sordos.
Miedo de los billetes solamente de ida
a cualquier parte menos a tus brazos,
a tu voz repetida como un eco.....
no te quiero
no te quiero
no te quiero.
Y volverme de piedra otra vez,
de estatua que espanta a las palomas
y de nuevo de vuelta al espejo,
a pensiones de una estrella donde el amor
cuesta un par de versos en rumano.
A los parques desnudos de hojas
donde la pasión es preciosa
y es de otro.
A Fermín el camarero y sus frases
"Siempre el amor corriendo más que tú"
Y yo de un trago a otro trago
con la certeza absoluta de que el equilibrio
solo cabe en un nombre de mujer.
A hurgarme con odio las heridas
que se supieron cicatrices antes de ti.
Miedo del peluche que ocupa la parte de la cama
en la que falta un cuerpo,
de las perchas vacías,
de mi ego lamiendo las baldosas
que anhelan tu peso sobre ellas.
Miedo de lo que soy,
si no eres,
mía.
De lo que eres,
si no soy,
tuyo.
De los verbos,
de la música,
de respirar en este idioma
que te suena tan extranjero
ni que entiendes.
Del eco,
no te quiero,
no te quiero,
no te quiero.
Y mendigar caricias en los ojos
de separadas que ganaron sus juicios,
pasear mis miserias por los barrios donde crecí
para reventar mi infancia contra el kiosko de los helados.
Y jurar y prometer que nunca más
volveré a volver sobre mis pasos
igual que le prometo a mi madre cada noche al teléfono
que he dejado la bebida para siempre.
Y miedo,
de que el miedo esta vez
me tenga miedo.
lunes, 25 de abril de 2011
Y ser yo, por ti , contigo
Que puedo traducir los gritos de Sharapova
al idioma del gemido,
escribir un relato sucio sobre sexo público
en los aseos de un bar de jubilados
mientras bebo café en mi taza de princesas disney.
Hacer un millón de flexiones si te pienso debajo,
venderle mi alma a la primera mujer que me prometa
no llevarme de compras a su próxima renovación de vestuario.
Creo que podría hasta escribir un poema de amor.
O bailar desnudo bajo la lluvia de invierno
la canción de tus zapatitos de tacón sobre los charcos,
regalarle mi lengua eléctrica
a casadas que fingen los orgasmos.
Podría coleccionar alfabéticamente posdatas que me hagan daño,
mirarme durante más de tres segundos al espejo
y no odiarme,
no del todo.
Buscar trabajo,
dejar el tabaco,
el alcohol,
mi vida......
debajo de un tren con destino a la nostalgia.
Recitar un poema a gritos
subido en un contenedor de basura,
comerme tu lasaña,
pedirle perdón a tu hermana
de rodillas si me lo exige su falda,
batir el record de masajes en la espalda
o aceptar "maldito cabrón"
como verso del amor que me profesas.
Cumplir las promesas, todas,
incluso aquella del siempre y nosotros
y que tu genética y la mía
llenen la alfombra del salón
de aviones de juguetes
y muñecas anoréxicas.
Vivir incluso,
si me dejas.
Y aceptar a García Márquez como escritor de cabecera,
gato como animal doméstico
puzzle como domingo de lluvia.
Cambiar las bombillas sin electrocutarme,
no espiar la agenda de tus amantes afortunados,
no odiarte,
cuando el odio es lo más cerca
que estoy de sentir algo por ti.
Visitar la tumba de aquellos a los que quise,
ver el mar como algo poético
ignorando por completo los nuevos bikinis de Eva.
No dormir sin ti
sin soñar contigo.
Podría compartir mi almohada,
celebrar mis siguientes cumpleaños,
abrir una cuenta corriente a tu nombre
con los besos que te debo
multiplicarlos por mil
y pagártelos una de esas noches
en la que me tiemble tu curriculum en la boca.
Y ser yo
por ti
contigo.
Incluso sin mí
si quieres
ser tú
en mi mismo.
Pero no vuelvas a pedirme que te olvide
porque eso a estas alturas de mi vida
ya lo puedes bautizar como imposible.
al idioma del gemido,
escribir un relato sucio sobre sexo público
en los aseos de un bar de jubilados
mientras bebo café en mi taza de princesas disney.
Hacer un millón de flexiones si te pienso debajo,
venderle mi alma a la primera mujer que me prometa
no llevarme de compras a su próxima renovación de vestuario.
Creo que podría hasta escribir un poema de amor.
O bailar desnudo bajo la lluvia de invierno
la canción de tus zapatitos de tacón sobre los charcos,
regalarle mi lengua eléctrica
a casadas que fingen los orgasmos.
Podría coleccionar alfabéticamente posdatas que me hagan daño,
mirarme durante más de tres segundos al espejo
y no odiarme,
no del todo.
Buscar trabajo,
dejar el tabaco,
el alcohol,
mi vida......
debajo de un tren con destino a la nostalgia.
Recitar un poema a gritos
subido en un contenedor de basura,
comerme tu lasaña,
pedirle perdón a tu hermana
de rodillas si me lo exige su falda,
batir el record de masajes en la espalda
o aceptar "maldito cabrón"
como verso del amor que me profesas.
Cumplir las promesas, todas,
incluso aquella del siempre y nosotros
y que tu genética y la mía
llenen la alfombra del salón
de aviones de juguetes
y muñecas anoréxicas.
Vivir incluso,
si me dejas.
Y aceptar a García Márquez como escritor de cabecera,
gato como animal doméstico
puzzle como domingo de lluvia.
Cambiar las bombillas sin electrocutarme,
no espiar la agenda de tus amantes afortunados,
no odiarte,
cuando el odio es lo más cerca
que estoy de sentir algo por ti.
Visitar la tumba de aquellos a los que quise,
ver el mar como algo poético
ignorando por completo los nuevos bikinis de Eva.
No dormir sin ti
sin soñar contigo.
Podría compartir mi almohada,
celebrar mis siguientes cumpleaños,
abrir una cuenta corriente a tu nombre
con los besos que te debo
multiplicarlos por mil
y pagártelos una de esas noches
en la que me tiemble tu curriculum en la boca.
Y ser yo
por ti
contigo.
Incluso sin mí
si quieres
ser tú
en mi mismo.
Pero no vuelvas a pedirme que te olvide
porque eso a estas alturas de mi vida
ya lo puedes bautizar como imposible.
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