Arrancarle las alas a las moscas
para verlas hacer círculos sobre la mesa.
El silencio es muy aburrido si tú eres la culpable.
Solo enciendo la tele para ver el teletexto.
Tauro-Amor.
Una llamada importante te alegrará la vida.
Espero que todos los tauros del mundo tengan cobertura
también los de Somalia
que no tengan nada que llevarse a la boca
pero que tengan un móvil a mano
que les alegre la vida.
(Hay que joderse)
Mi padre dijo:
- Si no crees en dios al menos cree en algo
aunque sea en los planetas-
Yo decidí creerlo a él
incluso aquella vez que me dijo inútil
también lo creí.
Mi padre era el único hombre al que me ha merecido la pena conocer,
igual que tú eres la única mujer
a la que quiero olvidar para siempre.
Capricornio- salud
Quizás una jaqueca altere tus planes.
Y yo me alegro.
En serio me alegro.
Hasta que pienso en que tal vez tu plan de hoy
era llamarme para alegrarme la vida
y entonces una vez más
le confío toda mi felicidad al ibuprofeno.
En fin el amor no es más que un puzzle de dos piezas
que si encaja una con otra
te corres.
Con la misma mirada con la que me observan los perros
de la tienda de animales
me miro a los ojos en el espejo.
Y me doy pena.
Tauro- dinero
Cuida tus gastos o te pasaran factura
pienso en Somalia otra vez.
(Un montón de negritos contando sus billetes
sin más intención que llegar a fin de mes)
Alineo la osa menor
la osa mayor
y el oso panda de tu pijama
y los hago estallar imaginariamente.
Que al menos nos salga gratis
ver una puta lluvia de estrellas.
Un euro,
eso cuesta cambiar el politono de mi llamada
sonará la canción que más te gusta
si el dolor de cabeza te permite
atinar con los nueve números de mi nombre.
Nada.
Eso somos lo que esperamos algo.
Nadie.
Eso soy cuando pierdo la esperanza.
Quererte a esta distancia es tan inútil
como la tabla del cero
y cada vez que multiplico mi vacío
por tu existencia
se me pega tu nombre al cielo de la boca.
Tauro-trabajo
Harás nuevos amigos en la cola del paro.
(Que hijo de puta)
Fumar lo que se fuman los guionistas de esto
debe de ser increíble.
La amistad (ja) me río.
La amistad es aquello que te sobra
si ella lleva un buen escote en el vestido.
Las nueve de la noche
tic tac tic tac tic tac
odio lo relojes con ruido
el próximo que me compre
será silencioso
como tú.
Como mi teléfono
que inerte espera una canción
la tuya,
la mía,
la nuestra,
que nunca suena,
mientras una mosca sin alas
se frota sus patas sobre la pantalla.
viernes, 2 de septiembre de 2011
viernes, 5 de agosto de 2011
Si miras a los ojos de la luna, le ves las bragas a tu ex
A la luna se le ven las bragas.
La noche parece haber sido sacada
de un cuento de esos para asustar a los niños.
He estado todo el día pensando en ti,
sucede que cuando hago malabares con los verbos
siempre se me cae follar debajo de tu ombligo.
Y sinceramente si hay algo que me joda más que tu ausencia
es que escribir poesía en esta parte del mundo
es estar enfermo de sensibilidad crónica.
Y yo escribo poesía por tu culpa.
Todo el maldito día pensando en ti,
de hecho hasta fui a comprar un helado de esos que tanto te gustaban,
a la camarera le olía la piel a coco,
hubiera pagado por lamerle un brazo
y dejar que las tres bolas se derritieran
formando sobre el mantel
la bandera del país ese al que emigraste
para sacar un notable en anatomía ajena
y un sobresaliente en mi olvido.
A veces como ahora mismo
que me distraigo con el baile de los murciélagos,
preferiría que no hubieras existido nunca
o tener que llevarle flores amarillas a tu tumba
a este dolor de no hallarte aquí a mi espalda.
La noche sufre de insomnio,
se cambia de lado,
bosteza.
Hay ancianos paseando de la mano
por las mismas aceras que una vez fueron nuestras,
hoy el amor tiene más de setenta años
y le falla el corazón.
Pero le late.
¿sabes?
le late.
Érase una vez........... y sus perdices....
Confieso que soy de los que veían peter pan
para tener sueños eróticos con campanilla
y que la primera vez que me masturbé
era caperucita la que tenía la boca grande.
Luego llegaste tú
y todos los cuentos de hadas
se fueron a la biblioteca amnésica de mi memoria.
Le dije:
- Yo nunca he pagado por follar-
y se echó a reir,
la camarera me refiero,
debió pensar que tu eras puta
cuando te veía con aquellas minúsculas faldas
lamiéndote los dedos de la nata.
En realidad no seré yo quién le quite la razón.
Las camareras saben el doble de las vidas que los demás
porque es en una barra de bar
donde se encuentra y se pierde el equilibrio.
Y es cuando te caes
cuando consigues ser tú
por primera vez en la vida.
Todo el jodido día pensando en ti,
todo,
como si de una canción empalagosa te trataras
tarareando tu nombre como un eco.
Fui a ver a las olas romper contra el muelle
y acabe torciendo la vista
ante la primera morena que quiso tostarse las tetas,
el paisaje hace con mis ojos lo que le da la gana,
más tarde seguí calle arriba
a una señora de unos cuarenta años
que meneaba el culo como una diosa del olimpo.
Ha sido el mejor partido de tenis que he visto en mi vida
y aunque no sé cual de los dos cachetes acabó ganando
si tengo la absoluta certeza de quién perdió.
Precisamente yo.
Sobre todo el rumbo.
Una noche perfecta para los asesinos,
hay violadores frotándose las manos en los portales,
ladrones probando las pilas de la linterna
en un parpadeo interminable de luces y sombras,
(y tu madre) ya que hablamos de mentes corruptas
tejiendo tu nombre con hilo dorado
para decorar esa tristeza que la acorrala
de no saber en que parte de la ciudad
su queridísima hija se le des-madra.
- No te me pierdas que no me encuentro-
Y me perdiste
o te perdí.
Jamás supe interpretar esta absurda brújula del capricho.
Una noche para que pase de largo el amor, eso hace.
Yo me tumbo sobre el cesped húmedo de un parque
a verle las bragas a la luna (negras)
mientras tú seguramente te quitas las tuyas (rojas)
en una pensión de nombre ridículo
donde sus dos únicas estrellas
la ponen tus ojos.
La noche parece haber sido sacada
de un cuento de esos para asustar a los niños.
He estado todo el día pensando en ti,
sucede que cuando hago malabares con los verbos
siempre se me cae follar debajo de tu ombligo.
Y sinceramente si hay algo que me joda más que tu ausencia
es que escribir poesía en esta parte del mundo
es estar enfermo de sensibilidad crónica.
Y yo escribo poesía por tu culpa.
Todo el maldito día pensando en ti,
de hecho hasta fui a comprar un helado de esos que tanto te gustaban,
a la camarera le olía la piel a coco,
hubiera pagado por lamerle un brazo
y dejar que las tres bolas se derritieran
formando sobre el mantel
la bandera del país ese al que emigraste
para sacar un notable en anatomía ajena
y un sobresaliente en mi olvido.
A veces como ahora mismo
que me distraigo con el baile de los murciélagos,
preferiría que no hubieras existido nunca
o tener que llevarle flores amarillas a tu tumba
a este dolor de no hallarte aquí a mi espalda.
La noche sufre de insomnio,
se cambia de lado,
bosteza.
Hay ancianos paseando de la mano
por las mismas aceras que una vez fueron nuestras,
hoy el amor tiene más de setenta años
y le falla el corazón.
Pero le late.
¿sabes?
le late.
Érase una vez........... y sus perdices....
Confieso que soy de los que veían peter pan
para tener sueños eróticos con campanilla
y que la primera vez que me masturbé
era caperucita la que tenía la boca grande.
Luego llegaste tú
y todos los cuentos de hadas
se fueron a la biblioteca amnésica de mi memoria.
Le dije:
- Yo nunca he pagado por follar-
y se echó a reir,
la camarera me refiero,
debió pensar que tu eras puta
cuando te veía con aquellas minúsculas faldas
lamiéndote los dedos de la nata.
En realidad no seré yo quién le quite la razón.
Las camareras saben el doble de las vidas que los demás
porque es en una barra de bar
donde se encuentra y se pierde el equilibrio.
Y es cuando te caes
cuando consigues ser tú
por primera vez en la vida.
Todo el jodido día pensando en ti,
todo,
como si de una canción empalagosa te trataras
tarareando tu nombre como un eco.
Fui a ver a las olas romper contra el muelle
y acabe torciendo la vista
ante la primera morena que quiso tostarse las tetas,
el paisaje hace con mis ojos lo que le da la gana,
más tarde seguí calle arriba
a una señora de unos cuarenta años
que meneaba el culo como una diosa del olimpo.
Ha sido el mejor partido de tenis que he visto en mi vida
y aunque no sé cual de los dos cachetes acabó ganando
si tengo la absoluta certeza de quién perdió.
Precisamente yo.
Sobre todo el rumbo.
Una noche perfecta para los asesinos,
hay violadores frotándose las manos en los portales,
ladrones probando las pilas de la linterna
en un parpadeo interminable de luces y sombras,
(y tu madre) ya que hablamos de mentes corruptas
tejiendo tu nombre con hilo dorado
para decorar esa tristeza que la acorrala
de no saber en que parte de la ciudad
su queridísima hija se le des-madra.
- No te me pierdas que no me encuentro-
Y me perdiste
o te perdí.
Jamás supe interpretar esta absurda brújula del capricho.
Una noche para que pase de largo el amor, eso hace.
Yo me tumbo sobre el cesped húmedo de un parque
a verle las bragas a la luna (negras)
mientras tú seguramente te quitas las tuyas (rojas)
en una pensión de nombre ridículo
donde sus dos únicas estrellas
la ponen tus ojos.
martes, 26 de julio de 2011
Cuando ya no te quiera te llamaré cariño o No escribo todo lo que siento ni siento todo lo que escribo, pero me siento cuando escribo, pa´ no cansarme
Lo que realmente mantiene vivo al amor es el miedo,
el miedo a perderlo,
cuando ya no hay miedo,
tampoco queda amor.
Sobrevive el cariño claro,
ese animal de orejas enormes
que se revuelca por el suelo
y ladra cuando quiere una galleta.
Y es que estar enamorado es la única enfermedad
que se cura con el contacto físico.
La primera vez que dices te quiero,
te condenas sin saberlo a reiterarte el resto de tu vida,
hasta que las propias palabras pierden su verdadero significado
aunque que le cambies el idioma.
Es triste pensar que los bares de putas
se llenan de hombres que han dicho te quiero esa misma mañana.
La fidelidad es como lanzar una piedra al mar
y esperar sentado a que flote.
El océano esta repleto
de barcos hundidos que pensaron que podían navegar felizmente
y chocaron con esa roca que todos lanzamos alguna vez
jurando en la existencia del para siempre.
Pero cuando se acaba el siempre,
comienza el nunca.
No somos más que el estribillo de una canción de verano
que recordamos entre la nostalgia
y el alivio de que ese ritmo
no vuelva a golpearnos la cabeza.
Y lo cierto que lo que más echo de menos,
es no echarte más de menos.
Cuando el corazón no latía por inercia
y había música dentro y fuera del pecho,
bailábamos sin tropezar con los pies
flotando en el aire,
nuestros cuerpos eran como de goma
y rebotaban por la casa
como pelotitas de colores que conocen
el lugar exacto donde chocar,
donde imantarse
y lamerse los arcoiris
la una a la otra,
hasta borrar la luz
en un off
que se parece a la vida
cuando la vida no te pertenece del todo
y es a medias.
Como el último cigarro de un paquete.
Hay humo,
es lo que queda del fuego,
palabras estiradas a conciencia
diminutivos absurdos taladrando mariposas,
que olvidan el arte de volar
y se posan en el cerebro a hacer un nido,
de rutina.
En el salón se oyen ladridos,
alguien con la boca llena de galletas,
posa sus labios en otros labios,
suavemente,
dejando al miedo bostezar en el sofá
poco antes de su sueño eterno.
el miedo a perderlo,
cuando ya no hay miedo,
tampoco queda amor.
Sobrevive el cariño claro,
ese animal de orejas enormes
que se revuelca por el suelo
y ladra cuando quiere una galleta.
Y es que estar enamorado es la única enfermedad
que se cura con el contacto físico.
La primera vez que dices te quiero,
te condenas sin saberlo a reiterarte el resto de tu vida,
hasta que las propias palabras pierden su verdadero significado
aunque que le cambies el idioma.
Es triste pensar que los bares de putas
se llenan de hombres que han dicho te quiero esa misma mañana.
La fidelidad es como lanzar una piedra al mar
y esperar sentado a que flote.
El océano esta repleto
de barcos hundidos que pensaron que podían navegar felizmente
y chocaron con esa roca que todos lanzamos alguna vez
jurando en la existencia del para siempre.
Pero cuando se acaba el siempre,
comienza el nunca.
No somos más que el estribillo de una canción de verano
que recordamos entre la nostalgia
y el alivio de que ese ritmo
no vuelva a golpearnos la cabeza.
Y lo cierto que lo que más echo de menos,
es no echarte más de menos.
Cuando el corazón no latía por inercia
y había música dentro y fuera del pecho,
bailábamos sin tropezar con los pies
flotando en el aire,
nuestros cuerpos eran como de goma
y rebotaban por la casa
como pelotitas de colores que conocen
el lugar exacto donde chocar,
donde imantarse
y lamerse los arcoiris
la una a la otra,
hasta borrar la luz
en un off
que se parece a la vida
cuando la vida no te pertenece del todo
y es a medias.
Como el último cigarro de un paquete.
Hay humo,
es lo que queda del fuego,
palabras estiradas a conciencia
diminutivos absurdos taladrando mariposas,
que olvidan el arte de volar
y se posan en el cerebro a hacer un nido,
de rutina.
En el salón se oyen ladridos,
alguien con la boca llena de galletas,
posa sus labios en otros labios,
suavemente,
dejando al miedo bostezar en el sofá
poco antes de su sueño eterno.
martes, 19 de julio de 2011
Si Nabokov te hubiera visto habría escrito una saga
La primera vez que te vi
jugaba con dos dedos en tu pelo
mientras dos hombres que te doblaban la edad
desvirgaban mentalmente tu inocencia.
Y lo sabías y en tu sonrisa
se veía porno de dibujos animados.
Y es que eres ese tipo de chica
que aparece en las noticias de la tarde
secuestrada, violada y lanzada
a un descampado cualquiera donde las moscas
se apuntan luego a la fiesta de la carne.
Pero a ella,
a ella no la toca ni el aire.
Ayer te vi de nuevo,
sin ti nunca ha sido verano en estas playas,
aunque el calor derritiera los abanicos
de las ancianas de la calle donde vivo.
El verano solo empieza si me miras.
Apenas te sigues levantando dos palmos del suelo
y mantienes esa mueca de niña traviesa
que mutila a las barbies y se ríe,
Aunque las matemáticas me aseguran
que hace tiempo que desvetirte en mi cerebro
ya no puede considerarse un delito.
Y es que no sabes la multitud de hijos nuestros
que han sido remolino antes de piel
dejándose engullir por el desagüe.
Ayer te vi, si,
deambular descalza por lo platónico
driblando como un futbolista brasileño
el morbo despertado en las sombrillas.
Haciendo pasarelas en la arena
donde el glamour lo inventaba un treinta y seis
que dejaban una mina a cada paso
para que estallaran los sueños de los hombres.
Pero a ti,
a ti no te tocaba ni el aire.
A veces pienso que eres hija del diablo
no se me ocurre mejor manera de tentar al mundo
que hacerte formar parte del paisaje.
Y camino estas calles oscuras
de quince chupar y treinta follar
buscando imitaciones de tu rostro,
o visito los anuncios por palabras
donde tu nombre se ubica
en cualquier mujer sin escrúpulos
que ignora que mientras tú existas
no dejará de ser simple y anónima.
Me agarro al folio con tus dedos
y escribes este poema con tus manos
mientras las mías vuelan para acariciarte el cabello
como aquella primera vez que te vi
en la que sin saberlo jugabas con tu reloj de pulsera
a que la vida siempre me debiera una hora.
Contigo.
jugaba con dos dedos en tu pelo
mientras dos hombres que te doblaban la edad
desvirgaban mentalmente tu inocencia.
Y lo sabías y en tu sonrisa
se veía porno de dibujos animados.
Y es que eres ese tipo de chica
que aparece en las noticias de la tarde
secuestrada, violada y lanzada
a un descampado cualquiera donde las moscas
se apuntan luego a la fiesta de la carne.
Pero a ella,
a ella no la toca ni el aire.
Ayer te vi de nuevo,
sin ti nunca ha sido verano en estas playas,
aunque el calor derritiera los abanicos
de las ancianas de la calle donde vivo.
El verano solo empieza si me miras.
Apenas te sigues levantando dos palmos del suelo
y mantienes esa mueca de niña traviesa
que mutila a las barbies y se ríe,
Aunque las matemáticas me aseguran
que hace tiempo que desvetirte en mi cerebro
ya no puede considerarse un delito.
Y es que no sabes la multitud de hijos nuestros
que han sido remolino antes de piel
dejándose engullir por el desagüe.
Ayer te vi, si,
deambular descalza por lo platónico
driblando como un futbolista brasileño
el morbo despertado en las sombrillas.
Haciendo pasarelas en la arena
donde el glamour lo inventaba un treinta y seis
que dejaban una mina a cada paso
para que estallaran los sueños de los hombres.
Pero a ti,
a ti no te tocaba ni el aire.
A veces pienso que eres hija del diablo
no se me ocurre mejor manera de tentar al mundo
que hacerte formar parte del paisaje.
Y camino estas calles oscuras
de quince chupar y treinta follar
buscando imitaciones de tu rostro,
o visito los anuncios por palabras
donde tu nombre se ubica
en cualquier mujer sin escrúpulos
que ignora que mientras tú existas
no dejará de ser simple y anónima.
Me agarro al folio con tus dedos
y escribes este poema con tus manos
mientras las mías vuelan para acariciarte el cabello
como aquella primera vez que te vi
en la que sin saberlo jugabas con tu reloj de pulsera
a que la vida siempre me debiera una hora.
Contigo.
miércoles, 6 de julio de 2011
No estoy roncando, suspiro fuerte
Tenía que haberme hecho el muerto cuando te vi llegar
y no mirarte como miran los pasteles de los escaparates
las señoras con azúcar.
No sé puede ser tan bonita con pantalones cortos
y zapatos de esos que esquivan el ruido en callejones oscuros,
mandaste haciendo la estatua todo el glamour
a una pasarela donde halagan en francés
y mienten con los huesos marcados
y reinventaste de nuevo la moda en una baldosa
orgullosa de sostener tu peso.
Hoy me recuerda la radio que debes
haber abandonado a todos los cantautores a la vez,
que estás llenando esta ciudad
de drogadictos y borrachos
y que ya nunca más querrás ser una canción
a pesar de que la música empieza
cuando tú bailas.
! Y joder como bailas!
aunque parezca otra cosa
si cerca se mueven los demás
como animales sin cabeza.
Tienes una trinchera tan ferrea de monosílabos
que ninguna de mis frases logra nunca atravesar
la linea que separa el silencio del diálogo.
Es tan absurdo mover la lengua fuera de tu boca.
Por eso callo,
por eso escribo
desde esta voz sin decibelios
para que me oigas con los ojos.
Y no, no se puede tener tantos argumentos en tan poco espacio,
si fueras una película
habría cubos de palomitas volando por los aires,
refrescos azucarados pringando las butacas
y manos buscando bajo las faldas de la última fila
el significado real de la trama.
De la vida.
Del orgasmo.
Que hasta los guionistas que duermen en mis dedos
darían todas sus ideas al enemigo
por comerte el coño
hasta que volviera a pasar el cometa halley
por delante de tus párpados.
Se tambalean los bolígrafos de mi escritorio
cuando pienso en lo que hace el aire con tu pelo
se garabatean los folios de metáforas
si diviso mentalmente
como se te pega la ropa a la piel.
Tienes a todo tu armario
enamorado de tu aroma.
Y al mío masturbándose en tu ausencia.
Deberías saber que no es casualidad
que suba la marea cuando pisas una orilla,
que se multiplique la espuma de las olas
cuanto más te adentras en el mar
con ese bikini de cine para adultos.
Hay peces fetichistas desde que de un año para otro
por esa maga caprichosa llamada naturaleza
cambiaste las coletas por una trenza.
Debí hacerme el muerto cuando te vi llegar
en lugar de tartamudear tu nombre
como si me hubiera tragado un eco.
En lugar de colocarte en la agenda
de los amores platónicos
entre esa actriz italiana
que descumple los años
y aquella compañera de pupitre
que me robó la voz cuatro años de infancia.
En la cama,
con el corazón contando ovejitas para soñarte
mientras tu boca besa al hombre del saco
en una discoteca con paso de peatones
que rompen los tabiques de mujeres
que no sabrán jamás cual es mi nombre.
Así estoy
sin ti,
despierto,
en plena pesadilla.
y no mirarte como miran los pasteles de los escaparates
las señoras con azúcar.
No sé puede ser tan bonita con pantalones cortos
y zapatos de esos que esquivan el ruido en callejones oscuros,
mandaste haciendo la estatua todo el glamour
a una pasarela donde halagan en francés
y mienten con los huesos marcados
y reinventaste de nuevo la moda en una baldosa
orgullosa de sostener tu peso.
Hoy me recuerda la radio que debes
haber abandonado a todos los cantautores a la vez,
que estás llenando esta ciudad
de drogadictos y borrachos
y que ya nunca más querrás ser una canción
a pesar de que la música empieza
cuando tú bailas.
! Y joder como bailas!
aunque parezca otra cosa
si cerca se mueven los demás
como animales sin cabeza.
Tienes una trinchera tan ferrea de monosílabos
que ninguna de mis frases logra nunca atravesar
la linea que separa el silencio del diálogo.
Es tan absurdo mover la lengua fuera de tu boca.
Por eso callo,
por eso escribo
desde esta voz sin decibelios
para que me oigas con los ojos.
Y no, no se puede tener tantos argumentos en tan poco espacio,
si fueras una película
habría cubos de palomitas volando por los aires,
refrescos azucarados pringando las butacas
y manos buscando bajo las faldas de la última fila
el significado real de la trama.
De la vida.
Del orgasmo.
Que hasta los guionistas que duermen en mis dedos
darían todas sus ideas al enemigo
por comerte el coño
hasta que volviera a pasar el cometa halley
por delante de tus párpados.
Se tambalean los bolígrafos de mi escritorio
cuando pienso en lo que hace el aire con tu pelo
se garabatean los folios de metáforas
si diviso mentalmente
como se te pega la ropa a la piel.
Tienes a todo tu armario
enamorado de tu aroma.
Y al mío masturbándose en tu ausencia.
Deberías saber que no es casualidad
que suba la marea cuando pisas una orilla,
que se multiplique la espuma de las olas
cuanto más te adentras en el mar
con ese bikini de cine para adultos.
Hay peces fetichistas desde que de un año para otro
por esa maga caprichosa llamada naturaleza
cambiaste las coletas por una trenza.
Debí hacerme el muerto cuando te vi llegar
en lugar de tartamudear tu nombre
como si me hubiera tragado un eco.
En lugar de colocarte en la agenda
de los amores platónicos
entre esa actriz italiana
que descumple los años
y aquella compañera de pupitre
que me robó la voz cuatro años de infancia.
En la cama,
con el corazón contando ovejitas para soñarte
mientras tu boca besa al hombre del saco
en una discoteca con paso de peatones
que rompen los tabiques de mujeres
que no sabrán jamás cual es mi nombre.
Así estoy
sin ti,
despierto,
en plena pesadilla.
lunes, 23 de mayo de 2011
Plumas en la bañera
Todo el mundo pensaba que era maricón
porque usaba el abanico con la misma maestría
que una maruja en la feria de Sevilla.
Pero no, no era por eso,
simplemente estaba cansado
de esperar a la mujer de su vida.
Y aprendió que a cuatro patas
era mucho más fácil ser una perra.
Más sencillo odiar entre ladridos.
Recordaba los coches de juguete
atropellando barbies en las losas azules del salón
ante la atenta mirada de un padre
que desde el sofá maldecía sus propios espermatozoides.
Nunca sabía que hacer con las lágrimas.
La primera vez que consiguió amarse
no fue en los ojos de cualquiera
lo hizo frente al espejo
llevaba puestas las medias de su madre.
Y las manchó.
Se llamaba Abigail después de aquello
y estaba enamorada de si misma.
De si misma y de aquella dependienta bronceada
que entre estanterías de cremas milagrosas
y pinturas de uñas de colores
que aún estaban por existir
lo miraba con ojos de desprecio.
O de Neus,
aquella gorda sin complejos
que le echaba de comer a las palomas
siempre la mitad de lo que había en cada bolsa
y que jamás le contestó a un saludo.
No era mujer,
ni media siquiera,
ni hombre por supuesto que tampoco,
el monstruo lo llamaban los gemelos
de la vecina separada del segundo.
El monstruo eso era,
porque nadie usa los ojos para mirar
por debajo de la piel.
-Nadie-
Ladró.
Y lo amaron sí,
cincuentones con barriga
y casados viciosos
con fotos de sus hijos en la cartera
y machos peludos adictos
al aliento de otro sobre la nuca
y lo odiaron también,
rapados al cero en callejones sin salida,
jubilados observadores de obras públicas,
familiares que tacharon su apellido
desterrándolo por siempre de la genética.
Ayer domingo, claro, como debía ser,
cansado y con una profesionalidad
de carnicero de un super
se cortó de un tajo las venas en el baño
dejando su cadáver desnudo
al orgasmo libre de las moscas.
Y una frase con su propia sangre
decorando los azulejos amarillos.
"Hoy ha muerto una mujer
a la que no la dejaron ser hombre.
Ni ella supo"
* A TÚ MEMORIA
QUE YA ES LA MÍA
porque usaba el abanico con la misma maestría
que una maruja en la feria de Sevilla.
Pero no, no era por eso,
simplemente estaba cansado
de esperar a la mujer de su vida.
Y aprendió que a cuatro patas
era mucho más fácil ser una perra.
Más sencillo odiar entre ladridos.
Recordaba los coches de juguete
atropellando barbies en las losas azules del salón
ante la atenta mirada de un padre
que desde el sofá maldecía sus propios espermatozoides.
Nunca sabía que hacer con las lágrimas.
La primera vez que consiguió amarse
no fue en los ojos de cualquiera
lo hizo frente al espejo
llevaba puestas las medias de su madre.
Y las manchó.
Se llamaba Abigail después de aquello
y estaba enamorada de si misma.
De si misma y de aquella dependienta bronceada
que entre estanterías de cremas milagrosas
y pinturas de uñas de colores
que aún estaban por existir
lo miraba con ojos de desprecio.
O de Neus,
aquella gorda sin complejos
que le echaba de comer a las palomas
siempre la mitad de lo que había en cada bolsa
y que jamás le contestó a un saludo.
No era mujer,
ni media siquiera,
ni hombre por supuesto que tampoco,
el monstruo lo llamaban los gemelos
de la vecina separada del segundo.
El monstruo eso era,
porque nadie usa los ojos para mirar
por debajo de la piel.
-Nadie-
Ladró.
Y lo amaron sí,
cincuentones con barriga
y casados viciosos
con fotos de sus hijos en la cartera
y machos peludos adictos
al aliento de otro sobre la nuca
y lo odiaron también,
rapados al cero en callejones sin salida,
jubilados observadores de obras públicas,
familiares que tacharon su apellido
desterrándolo por siempre de la genética.
Ayer domingo, claro, como debía ser,
cansado y con una profesionalidad
de carnicero de un super
se cortó de un tajo las venas en el baño
dejando su cadáver desnudo
al orgasmo libre de las moscas.
Y una frase con su propia sangre
decorando los azulejos amarillos.
"Hoy ha muerto una mujer
a la que no la dejaron ser hombre.
Ni ella supo"
* A TÚ MEMORIA
QUE YA ES LA MÍA
martes, 17 de mayo de 2011
El amor visto desde dentro (creo)
Despertar en una cama que no conoces,
en una habitación que no te extraña,
con una mujer que nunca has visto
y sí la has visto,
ni siquiera la recuerdas.
Llamarla por un nombre que no es el suyo
y que ella te responda con adjetivos que descalifican
y seguramente mereces.
Ir al baño vomitar dos veces,
tres,
observar al hombre del espejo
-Te he visto en algún sitio hijo de puta-
El sonríe.
Ella se viste,
tiene el rimmel corriendo una maratón ocular,
no es del todo bonita,
está pálida,
su boca es amplia,
sus labios rosados,
su nariz se asoma al balcón de su barbilla
timidamente,
como con vocación de suicida
pero con pánico.
Le cae el cabello desordenado por la espalda,
es largo,
creo que huele a frutas del bosque,
observo sus axilas desde el lavabo,
me dan hambre.
Mucha.
Quizás desde esta perspectiva
si está linda.
Y es bonita creo.
Me habla como si me conociera de toda la vida,
-Vístete y lávate la cara
pareces un perro vagabundo- murmulla.
Paso por su lado,
no la miro de cerca,
me dan miedo sus ojos,
me visto,
rápido,
como si tuviera una cita con una italiana
para comer espaguetis con las manos.
En el salón una foto gigante decora la pared,
allí está ella,
radiante,
vestida de blanco sosteniendo
un ramillete de margaritas con dedos prestados
de alguna diva de otra época.
Es lo más bello que han visto mis ojos
en todos estos años.
Estoy seguro.
Al lado el tipo del espejo
enchaquetado,
con el pelo brillante por la gomina
y una sonrisa absurda
como si el mundo fuera un lugar confortable,
distinto a este,
extraño,
mejor.
No me despido,
salgo de aquella casa desconocida pensando
que sí,
que era bonita,
mucho,
demasiado quizás,
y ese hombre,
el del espejo,
debería dar las gracias por su suerte.
en una habitación que no te extraña,
con una mujer que nunca has visto
y sí la has visto,
ni siquiera la recuerdas.
Llamarla por un nombre que no es el suyo
y que ella te responda con adjetivos que descalifican
y seguramente mereces.
Ir al baño vomitar dos veces,
tres,
observar al hombre del espejo
-Te he visto en algún sitio hijo de puta-
El sonríe.
Ella se viste,
tiene el rimmel corriendo una maratón ocular,
no es del todo bonita,
está pálida,
su boca es amplia,
sus labios rosados,
su nariz se asoma al balcón de su barbilla
timidamente,
como con vocación de suicida
pero con pánico.
Le cae el cabello desordenado por la espalda,
es largo,
creo que huele a frutas del bosque,
observo sus axilas desde el lavabo,
me dan hambre.
Mucha.
Quizás desde esta perspectiva
si está linda.
Y es bonita creo.
Me habla como si me conociera de toda la vida,
-Vístete y lávate la cara
pareces un perro vagabundo- murmulla.
Paso por su lado,
no la miro de cerca,
me dan miedo sus ojos,
me visto,
rápido,
como si tuviera una cita con una italiana
para comer espaguetis con las manos.
En el salón una foto gigante decora la pared,
allí está ella,
radiante,
vestida de blanco sosteniendo
un ramillete de margaritas con dedos prestados
de alguna diva de otra época.
Es lo más bello que han visto mis ojos
en todos estos años.
Estoy seguro.
Al lado el tipo del espejo
enchaquetado,
con el pelo brillante por la gomina
y una sonrisa absurda
como si el mundo fuera un lugar confortable,
distinto a este,
extraño,
mejor.
No me despido,
salgo de aquella casa desconocida pensando
que sí,
que era bonita,
mucho,
demasiado quizás,
y ese hombre,
el del espejo,
debería dar las gracias por su suerte.
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