jueves, 3 de julio de 2014
Al otro lado de mi silencio
Me ven solo y piensan que estoy triste.
Se preguntan por qué no soy capaz de relacionarme,
por qué no acompaño sus risas,
o me hago partícipe de sus historias cotidianas.
Por qué no les cuento algún secreto inconfesable
para así no tener que avergonzarse de los suyos.
Ni uno solo de todos ellos
ve mi soledad como elección.
Ellos, que cuando por fin te decides a hablar
encuentran en tus palabras alguna similitud
con aquello que les ocurrió una vez
y dejan tus labios huérfanos de la siguiente frase
para mover los suyos hasta la extinción de la saliva.
Los mismos que te preguntan el típico - ¿ Hola que tal?
Y se apoderan también de la respuesta.
Siempre estarán mucho mejor o mucho peor que tú
porque incluso a la hora de estar jodidos
también necesitan la victoria.
Soy yo el tipo raro,
el que solo ha movido un pie en toda la fiesta,
el que va ya por la cuarta copa
para soportar con cierta dignidad
cada uno de sus diálogos.
Que a Noelia el sexo anal le parece un asco,
que Víctor ha dejado preñada a una tal Eva,
que han echado del trabajo a Sergio
y que a quién coño le va a extrañar con lo flojo que ha sido siempre.
Que con Alba todos coinciden en que cada día está mas gorda
pero justo cuando ha aparecido,
han alabado su vestido
y le han confesado que le está sentando de maravilla
ese nuevo gimnasio.
Que Alvaro ya ha ido cuatro veces al baño
y nadie puede mear tantas veces en tan poco tiempo.
Que eso es lo que tienen las malas compañías.
Luego una hora después, Alvaro, las malas compañías
y los mismos que me lo han dicho
hacen cola en la puerta del aseo
moviendo la mandíbula al ritmo de una canción
que ni siquiera oyen.
Y en toda esta selva
la única persona que me importa ni me mira.
Sus ojos me dirían más
que todas las lenguas juntas
de este maldito mundo.
Y si además se acercara
yo no solo movería un pie.
Tal vez hasta le contaría algo gracioso,
los lunares de sus brazos
y un secreto.
O cien.
Y hasta puede que en esta mierda de noche
yo también supiera sonreír.
Pero ni caso.
Yo soy el hombre extraño.
- Habla poco. Dicen.
- Ni siquiera mira a los ojos. Murmuran.
- Es demasiado antipático. aseguran.
Y ella, la chica que no me observa,
se va de la mano con él,
el chico con el récord en abdominales
que desea comprobar si lo de su novia Noelia y el sexo anal,
no es una moda extendida.
Yo me marcho a casa sin más.
Mientras la gente nunca logra entender
porque siempre estoy tan solo
y yo jamás conseguiré explicarme
como ellos todavía
son capaces de aguantarse.
miércoles, 4 de junio de 2014
Si pasa una estrella fugaz dime tu nombre
Tal vez no debía haber posado mis ojos en ti,
yo soy de esos que se enamoran tres veces al día
y ahora lo vuelvo a hacer cada vez que te recuerdo.
Ya van dieciséis en una hora.
Eres como una de esas actrices,
que consiguen con su belleza
que te acabes olvidando
de la trama de la película.
Ha sido observarte e ignorar por completo
el resto de mi vida.
Tan apretada a ti misma
que casi podía considerarse un milagro
que no te rompieras en la siguiente pisada.
Tanta curva en tan poco espacio
que incluso antes de acercarme un metro
ya me sabía a asfalto el cielo de la boca.
Y ya van veintiuna.
Has conseguido con tu presencia,
que vuelva a sentirme partícipe del género masculino.
Tan común como el carnicero de la tienda de la esquina,
tan sátiro como el viejo de la terraza del bar,
tan imbécil como el chico adicto a las abdominales,
tan obsceno como ese casado al que has girado como una peonza,
para poder luego pensar en tu culo
mientras le dice a su mujer que gima más bajo.
Eran mis ojos, los ojos del resto de los hombres,
la misma mente,
la misma hambre.
Y he sentido la tristeza de una rosa entre las rosas,
la impotencia de un camino que se acaba en un barranco.
Te has marchado como hoja empujada por el viento,
con ese desfilar insultante solo permitido
en la estrecha pasarela de mis sueños.
Nos hemos mirado todos a la cara,
el viejo al carnicero,
yo al imbécil,
el imbécil al casado
y así sucesivamente.
Incluso en un patético instante hemos sonreído,
luego bajando la cabeza
hemos seguido con lo nuestro
como si no hubiera pasado nada.
Pero ha pasado.
Y yo ya llevo veintisiete.
yo soy de esos que se enamoran tres veces al día
y ahora lo vuelvo a hacer cada vez que te recuerdo.
Ya van dieciséis en una hora.
Eres como una de esas actrices,
que consiguen con su belleza
que te acabes olvidando
de la trama de la película.
Ha sido observarte e ignorar por completo
el resto de mi vida.
Tan apretada a ti misma
que casi podía considerarse un milagro
que no te rompieras en la siguiente pisada.
Tanta curva en tan poco espacio
que incluso antes de acercarme un metro
ya me sabía a asfalto el cielo de la boca.
Y ya van veintiuna.
Has conseguido con tu presencia,
que vuelva a sentirme partícipe del género masculino.
Tan común como el carnicero de la tienda de la esquina,
tan sátiro como el viejo de la terraza del bar,
tan imbécil como el chico adicto a las abdominales,
tan obsceno como ese casado al que has girado como una peonza,
para poder luego pensar en tu culo
mientras le dice a su mujer que gima más bajo.
Eran mis ojos, los ojos del resto de los hombres,
la misma mente,
la misma hambre.
Y he sentido la tristeza de una rosa entre las rosas,
la impotencia de un camino que se acaba en un barranco.
Te has marchado como hoja empujada por el viento,
con ese desfilar insultante solo permitido
en la estrecha pasarela de mis sueños.
Nos hemos mirado todos a la cara,
el viejo al carnicero,
yo al imbécil,
el imbécil al casado
y así sucesivamente.
Incluso en un patético instante hemos sonreído,
luego bajando la cabeza
hemos seguido con lo nuestro
como si no hubiera pasado nada.
Pero ha pasado.
Y yo ya llevo veintisiete.
martes, 20 de mayo de 2014
Sed
Cuando acepté que el alcohol no era sinónimo de olvido
empecé a beber sin tener excusas.
La gente no me miraba bien.
Los mismos con los que compartí algún brindis
para maldecir una cintura, o unas caderas, o un buen culo,
me dieron la espalda.
Los que te han visto siempre triste
no aceptan tu "felicidad"
si no se consideran culpables.
Como si la tristeza al ser mutua
en lugar de aumentar, restara.
Para sentarse en aquella barra
debías tener al menos dos motivos
y uno a la fuerza tenía que ser el nombre de una mujer.
Si eran dos los nombres
la resaca era espantosa.
Decía lucía, la camarera,
"Si un amor se va antes de tiempo
el desamor se queda para siempre"
También decía,
"Hay gente que lleva tanto tiempo sola,
que confunde soledad con amor propio"
En aquel tiempo yo tenía motivos
y tenía nombres
y nostalgia
y hasta amigos.
Creo que nunca estuve tan solo.
De vuelta a casa le preguntaba a las farolas por mi hogar
pero aquellas putas luces me llevaban a casa
y jamás a tus piernas.
Nunca hubo una resaca peor que despertar sin ti.
Y si perdí el equilibrio era más por ausencia de tus manos
que por el borde de las copas.
Ahora me siento y bebo sin más,
no es una cuestión de nostalgia,
ni siquiera de tristeza,
ni de tu nombre,
ni de esas putas luces,
es simplemente que respecto a olvidar
yo a diferencia del resto
ya me he dado por vencido.
martes, 6 de mayo de 2014
Todavía a veces sigo escribiendo en voz alta
Hay quien llama distancia a la falta de deseo,
quien usa la palabra platónico para camuflar su cobardía.
Hay quien mantiene el silencio,
por temor a que lo que salga de su garganta
sea un nombre que ya debería haber olvidado.
Están los que se escandalizan con ciertas palabras,
coño, polla, follar, semen,
como si su existencia estuviera basada
en el acto de frotar dos piedras.
Estáis los que pedís la verdad a gritos
ignorando estúpidamente
que jamás podríais soportarla.
Los que pensáis que al tener esa ingrata habilidad
de saber pedir perdón sin despeinaros
ya os da todo el derecho de poder hacernos daño.
Los que habláis de imposible por que no fuisteis capaces.
Los que llamáis soledad a la incapacidad de estar con nadie.
Los que decís te quiero mirando a los ojos
porque en ellos veis vuestro propio reflejo.
Esos seres perfectos que culpan al destino de sus errores
y llaman intuición a cada acierto.
Esos que piensan que tener orgullo
es más importante que tener a alguien.
Vosotros que os habéis quedado con la duda eterna
por temor a la respuesta,
que confundís esperanza con optimismo,
que al dormir solo lo apodáis nostalgia.
Ustedes que miden el ego en centímetros,
el amor en tiempo en lugar de en suspiros,
el tiempo en minutos y jamás en pulsaciones.
Que lanzan una promesa como un globo
olvidando que pesa como una roca,
que al tamaño de unas tetas prominentes
lo llaman amor a primera vista.
Todos esos que vais de cuerdos cuando la peor locura
es parecer demasiado sensato,
los que llamáis inteligencia al simple hecho
de citar a algún escritor que de saber de vuestras palabras
se hubiera hecho de ciencias.
Vosotros que me dais tanta pena,
que solo puedo reírme
mientras llega algún motivo
para llorar de verdad.
Como tu nombre.
martes, 15 de abril de 2014
Abril, por ejemplo
El verdadero problema de estar solo es saber que existes.
¿Sabes cuando tienes una herida
en el dedo por ejemplo
y todos los golpes van ahí?
Pues con mi corazón, lo mismo.
Hasta esta chica desconocida
que pasa ahora como un vendaval por mi lado sin mirarme,
me duele.
Supongo que todo masoquismo empieza en una ausencia.
Abril me cabe en un bolsillo,
es fácil perderlo,
cuando se vaya no me sentiré como Sabina.
No me pueden robar lo que no es mío.
Desde que no hallo tu cintura
es como si el mundo me lo hubieran prestado
y estén siempre a punto de exigirme su vuelta.
Como vivir en una deuda infinita
en la que nunca podré pagar
todos los errores.
Se parece a ti la chica de la barra,
quizás menos morena y menos alta,
los ojos más oscuros,
el cabello más riachuelo que cascada,
las tetas menos juntas y su culo
no parece un columpio en movimiento.
Ahora que lo pienso fríamente,
si comparo tu belleza con la suya,
ni siquiera me parece una mujer.
Esta nostalgia es cruel
como leer el diario
de una hija adolescente.
Como el hilo musical de los centros comerciales
a las diez de la mañana,
o el silencio de una cena familiar.
Intuyo que todo olvido comienza con otro nombre.
Decía con los ojos en mi boca.
- Eres el único hombre que jamás
me ha hablado de otra mujer-
Como si eso me hiciera mejor persona.
Ignorando que cuando me besó
ya nunca hubo otras mujeres,
ni antes, ni después.
Tampoco ahora.
Has reducido sin saberlo mi vida a un folio
en el que me reflejo si no escribo.
Y no hay desamor más grande que la falta de amor propio.
Imagino que aceptar la derrota es el modo más seguro de ganar.
No sabes lo horrible que está la ciudad
sin mirarse en tus ojos.
Es como si le quedaran grandes las fachadas
y pequeñas las casas,
como si hubiera comprado deprisa y en rebajas
los paisajes que la rodean.
Hay quien habla de la primavera como si te hubiera conocido.
Me alejo, cuanto más camino,
más me encuentro sin ti,
cuanto más cerca de mi mismo,
más distancia entre nosotros,
cada una de mis huellas,
borra una de tus pisadas.
Se que no puedo olvidarte mientras te busco
y se que no puedo encontrarme si no te olvido.
Lo malo de mi soledad es tu existencia.
Y que ya nunca será lo mismo estar solo,
que estar sin ti.
Y eso no hay corazón que lo soporte.
¿ Sabes cuando tienes una herida
en el dedo por ejemplo
y todos los golpes van ahí?
¿Sabes cuando tienes una herida
en el dedo por ejemplo
y todos los golpes van ahí?
Pues con mi corazón, lo mismo.
Hasta esta chica desconocida
que pasa ahora como un vendaval por mi lado sin mirarme,
me duele.
Supongo que todo masoquismo empieza en una ausencia.
Abril me cabe en un bolsillo,
es fácil perderlo,
cuando se vaya no me sentiré como Sabina.
No me pueden robar lo que no es mío.
Desde que no hallo tu cintura
es como si el mundo me lo hubieran prestado
y estén siempre a punto de exigirme su vuelta.
Como vivir en una deuda infinita
en la que nunca podré pagar
todos los errores.
Se parece a ti la chica de la barra,
quizás menos morena y menos alta,
los ojos más oscuros,
el cabello más riachuelo que cascada,
las tetas menos juntas y su culo
no parece un columpio en movimiento.
Ahora que lo pienso fríamente,
si comparo tu belleza con la suya,
ni siquiera me parece una mujer.
Esta nostalgia es cruel
como leer el diario
de una hija adolescente.
Como el hilo musical de los centros comerciales
a las diez de la mañana,
o el silencio de una cena familiar.
Intuyo que todo olvido comienza con otro nombre.
Decía con los ojos en mi boca.
- Eres el único hombre que jamás
me ha hablado de otra mujer-
Como si eso me hiciera mejor persona.
Ignorando que cuando me besó
ya nunca hubo otras mujeres,
ni antes, ni después.
Tampoco ahora.
Has reducido sin saberlo mi vida a un folio
en el que me reflejo si no escribo.
Y no hay desamor más grande que la falta de amor propio.
Imagino que aceptar la derrota es el modo más seguro de ganar.
No sabes lo horrible que está la ciudad
sin mirarse en tus ojos.
Es como si le quedaran grandes las fachadas
y pequeñas las casas,
como si hubiera comprado deprisa y en rebajas
los paisajes que la rodean.
Hay quien habla de la primavera como si te hubiera conocido.
Me alejo, cuanto más camino,
más me encuentro sin ti,
cuanto más cerca de mi mismo,
más distancia entre nosotros,
cada una de mis huellas,
borra una de tus pisadas.
Se que no puedo olvidarte mientras te busco
y se que no puedo encontrarme si no te olvido.
Lo malo de mi soledad es tu existencia.
Y que ya nunca será lo mismo estar solo,
que estar sin ti.
Y eso no hay corazón que lo soporte.
¿ Sabes cuando tienes una herida
en el dedo por ejemplo
y todos los golpes van ahí?
sábado, 8 de marzo de 2014
Si deshojas una margarita estás matando una flor
Si tus manos se olvidan de salvarme del precipicio,
si tus dedos se han cansado de desatarme la vida
si a mi nombre lo has anclado al fondo de tu garganta,
si tu lengua ya no sabe el sabor de tus orgasmos.
Si tu dientes ya no quieren tatuarme tu sonrisa,
si tus ojos ya no ven más allá de lo que miras,
si tu pelo y mi almohada se recuerdan con nostalgia,
si el color de tus zapatos ya no es el de mis sueños.
Si tu piel es traducida a un idioma desconocido,
si en tu forma de callar solo encuentro más silencio,
si tu odio y un portazo no me dicen hasta luego,
si tu amor y una caricia no prometen para siempre.
Si tus piernas no se abren como flores en el campo,
si en el vaho de tus suspiros no coloco nuestros nombres,
si tus muslos no reclaman que arrodille mi deseo,
si tu culo ya no incita que le escriba al equilibrio.
Si tus pies y mi camino se han llevado la contraria,
si un prohibido te censura y un perdona te conmueve,
si los charcos no reflejan la verdad sobre la lluvia
si un paraguas te resulta un lugar acogedor.
Si le has llamado destino al último cambio de acera,
si has llegado con retraso para no verme venir,
si tu cuerpo ya no tiembla si te llamo por tu nombre,
si tu nombre ya no tiembla si te llamo por tu piel.
Si ya no soy capitán del naufragio de tu barca,
si ya no soy esa isla ni tu quieres ser ciudad,
si ya no sabes si yo, por el temor a ser mía
si yo no quiero otro tú que el que me acerque a ser yo.
Si ya no quieres volver, si no has sabido quedarte,
si yo no quiero quedarme por si no piensas volver,
si vuelves ya no estaré por temor a que no vengas,
si estoy tú no vendrás por si acaso ya me fui.
si tus dedos se han cansado de desatarme la vida
si a mi nombre lo has anclado al fondo de tu garganta,
si tu lengua ya no sabe el sabor de tus orgasmos.
Si tu dientes ya no quieren tatuarme tu sonrisa,
si tus ojos ya no ven más allá de lo que miras,
si tu pelo y mi almohada se recuerdan con nostalgia,
si el color de tus zapatos ya no es el de mis sueños.
Si tu piel es traducida a un idioma desconocido,
si en tu forma de callar solo encuentro más silencio,
si tu odio y un portazo no me dicen hasta luego,
si tu amor y una caricia no prometen para siempre.
Si tus piernas no se abren como flores en el campo,
si en el vaho de tus suspiros no coloco nuestros nombres,
si tus muslos no reclaman que arrodille mi deseo,
si tu culo ya no incita que le escriba al equilibrio.
Si tus pies y mi camino se han llevado la contraria,
si un prohibido te censura y un perdona te conmueve,
si los charcos no reflejan la verdad sobre la lluvia
si un paraguas te resulta un lugar acogedor.
Si le has llamado destino al último cambio de acera,
si has llegado con retraso para no verme venir,
si tu cuerpo ya no tiembla si te llamo por tu nombre,
si tu nombre ya no tiembla si te llamo por tu piel.
Si ya no soy capitán del naufragio de tu barca,
si ya no soy esa isla ni tu quieres ser ciudad,
si ya no sabes si yo, por el temor a ser mía
si yo no quiero otro tú que el que me acerque a ser yo.
Si ya no quieres volver, si no has sabido quedarte,
si yo no quiero quedarme por si no piensas volver,
si vuelves ya no estaré por temor a que no vengas,
si estoy tú no vendrás por si acaso ya me fui.
viernes, 7 de marzo de 2014
Viaje nostálgico a la calle del viento
La había visto pasar antes,
era ese tipo de chica que no te mira
si no sabes su nombre.
De aquellas que le ponen voz a las sonrisas que se cruza.
Yo acababa de cumplir dieciséis y solía fumar
para que me pidieran fuego.
Ella tenía mi edad
pero si decía veinticuatro
no había hombre en el barrio tan estúpido
para ponerlo en duda.
Llevaba música en los zapatos,
no me refiero al sonar de sus pisadas,
quiero decir que verla caminar
tenía banda sonora.
Como si te metieras dentro de una melodía
y no pudieras salir hasta que doblaba la esquina.
Luego tarareabas su ausencia
y comprendías que para evitar la soledad
tenías que silbar una canción hasta encontrarte.
Silbé muchas canciones aquel año,
ninguna fue mejor que su camino.
Me recuerdo asomado a la ventana.
- Te enamoras de cualquier mujer que pasa por la calle-
Decía mi madre.
Supongo que suspiraba demasiado.
La realidad es que yo ya estaba incluso enamorado de la calle
porque por ella pasaba esa mujer.
Luego un día,
otra chica cualquiera me besó a la luz de una farola
y la calle, mi calle, se quedó a oscuras.
Cambié la melodía de su ausencia
por un ritmo desafinado
de dos lenguas que buscaban el amor que no le dieron
en la boca equivocada.
No volví a silbar hasta los veinte.
A veces todavía cierro los ojos
y veo aquella calle
y a ella caminando como quien nunca llega tarde.
Una parte hermosa de mí sigue aún en la ventana
esperando como un idiota que después de su nombre
estuvieran sus ojos.
Porque la llamé, la llamé muchas veces
y aunque si que me miró nunca jamás
consiguió verme.
era ese tipo de chica que no te mira
si no sabes su nombre.
De aquellas que le ponen voz a las sonrisas que se cruza.
Yo acababa de cumplir dieciséis y solía fumar
para que me pidieran fuego.
Ella tenía mi edad
pero si decía veinticuatro
no había hombre en el barrio tan estúpido
para ponerlo en duda.
Llevaba música en los zapatos,
no me refiero al sonar de sus pisadas,
quiero decir que verla caminar
tenía banda sonora.
Como si te metieras dentro de una melodía
y no pudieras salir hasta que doblaba la esquina.
Luego tarareabas su ausencia
y comprendías que para evitar la soledad
tenías que silbar una canción hasta encontrarte.
Silbé muchas canciones aquel año,
ninguna fue mejor que su camino.
Me recuerdo asomado a la ventana.
- Te enamoras de cualquier mujer que pasa por la calle-
Decía mi madre.
Supongo que suspiraba demasiado.
La realidad es que yo ya estaba incluso enamorado de la calle
porque por ella pasaba esa mujer.
Luego un día,
otra chica cualquiera me besó a la luz de una farola
y la calle, mi calle, se quedó a oscuras.
Cambié la melodía de su ausencia
por un ritmo desafinado
de dos lenguas que buscaban el amor que no le dieron
en la boca equivocada.
No volví a silbar hasta los veinte.
A veces todavía cierro los ojos
y veo aquella calle
y a ella caminando como quien nunca llega tarde.
Una parte hermosa de mí sigue aún en la ventana
esperando como un idiota que después de su nombre
estuvieran sus ojos.
Porque la llamé, la llamé muchas veces
y aunque si que me miró nunca jamás
consiguió verme.
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