lunes, 10 de junio de 2024

ESTOCOLMO

 Es verano bajo las sábanas. Ella aún duerme. Tiene un pijama horrible y está tan bonita como con un vestido ajustado. He pensado que sea mi lengua quien la despierte. En meterme entre sus muslos y en lugar de decirle buenos días, demostrarle que lo son. En quince minutos sonará su alarma, tardará tres segundos en apagarla y suspirará odio en un bostezo. Se estirará como quien pretende agarrar al lunes del cuello y ahogar su futuro. Con los ojos abiertos esperará cinco minutos. Tal vez pensando en qué ropa ponerse, memorizando la despensa, haciendo planes que acabará abortando en el transcurso del día, fijando una fecha para tomarse una semana de vacaciones. Seguramente ya habrá maldecido la velocidad a la que pasa el fin de semana y dirá "viernes" tres veces, como quien se agarra a un balsa en mitad del océano. Luego lanzará un suspiro al techo y saldrá de la cama. Primero el pie derecho. Irá al baño, se lavará la cara y mantendrá una guerra contra el espejo, que intentará ganar más tarde con algo de maquillaje. Pondrá su lista de reproducción en aleatorio y mientras se hace el café, jugará con su pelo hasta hallar la cola perfecta. Se probará tres jerseys, decidirá el más oscuro, los pantalones más pegados, los zapatos más cómodos. En ese momento el espejo ya se habrá puesto a su favor. Tomará el café, cinco sorbos, tal vez seis. Y se convencerá de que no tiene hambre todavía. Luego volverá a la habitación y me dará un beso antes de irse. Como quien deja el amor en los labios ajenos para más tarde volver a por él. Será un lunes cualquiera, otra mañana sin memoria.


Así que voy a levantar la sábana, bajar su pijama como quien descorre una cortina para que entre el sol y besar suavemente alrededor de sus muslos. Sin apartar sus bragas, me inventaré una playa con la punta de la lengua. Sus manos buscarán mi cabeza y al hallarla las pasará por mi pelo, como quien tiene música en los dedos. No habrá bostezo ni odio. Ni cinco minutos, ni lunes. El futuro será mi boca. Y en lugar de viernes repetirá mi nombre tres veces, como quien tiene el océano agarrado a una balsa. Se estirará para pegarme a su piel. Le importará un carajo la despensa y tendrá dudas si vacaciones no es el sinónimo de tenerme entre sus piernas. Pondrá en aleatorio una canción en mi garganta, mientras se despeina. Completamente desnuda hallará en el espejo de mis ojos la verdad sobre su físico. Dará sorbos largos sobre mis labios, tal vez mil, o mil quinientos y poseerá tanta hambre que tendrá que comerme.

Faltan cinco minutos para la alarma, es verano bajo las sábanas, ella aún duerme. Y yo creo que ya es el momento de verificar los buenos días.

lunes, 3 de junio de 2024

BUDAPEST

 

Se ha visto reflejada en un escaparate donde a la primavera, le han impuesto un curso para decorar esquinas. Piensa que le sobran unos kilos, yo y su báscula nunca nos ponemos de acuerdo. Yo afirmo que un número nunca sabrá más que mis ojos, ella sostiene que mis ojos jamás podrán engañar a un espejo.

La única razón de su heterosexualidad es que aunque se mire bajo mis párpados no logra verse como la veo. De hacerlo, ambos estaríamos amando a la misma persona.

Dentro de la tienda los maniquíes juegan al despiste geográfico. La dependienta que fue miss mentira bonita en el último festival de hipocresía, le acerca un vestido donde la curva se hace metáfora. La observo desnudarse tras la cortina del probador con el mismo asombro que si fuera la primera vez. Se ha colocado la mueca de no estar de acuerdo mientras encoge el vientre y el azul se enamora de su piel.

—Quizás una talla más —dice la dependienta con voz de madre.

Ella asiente.

Y mientras repite el desnudo rezando por dentro para entrar en ese vestido, yo con la sonrisa puesta ya estoy imaginando el momento de poder quitárselo.



lunes, 27 de mayo de 2024

EDIMBURGO

 ¿Cómo coño se te ocurre pasar por mi vida y quedarte a la vez que te vas? ¿ No sabes lo jodido que está el mundo para andar sonriendo por ahí? ¿ O es que no has visto al resto? Van como hormigas. ¿En qué momento tú decidiste ser luciérnaga? Sonreírme a mí, joder, a mí que me basta un escote. Y a veces ni eso. Vas provocando señorita, deberías saberlo. Ponte una falda corta, dime al oído que no llevas bragas, mueve el culo hasta romperme el cuello pero no sonrías. Haz cosas lógicas, agacha la cabeza al cruzarte con un desconocido, o mira al horizonte, o levanta la vista por encima de su hombro. Pero no sonrías. O cámbiate de acera, si eso me parece una buena idea, cambiar de acera, hazme sentir inferior, haz que te odie y te olvide al mismo tiempo. Sonreír joder con la que está cayendo, en el mejor de los casos cualquiera va a pensar que eres feliz y ser feliz en estos tiempos es ofensivo. Como bailar en un tanatorio. El universo cayéndose a pedazos y tú como si no fuera contigo. ¿Te imaginas que a todos nos diera por sonreír? Estaríamos todos enamorándonos por ahí, con la de cosas importantes que hay que hacer, con la de problemas que tenemos que intentar dejar resueltos, que si llegar a fin de mes, que si poner la música más alta que el vecino, que si criticar al que no está presente, ahorrarte unos euros por aquí, un par de puñaladas por la espalda por allá, un te niego el saludo hacía el oeste, un vaya pinta de zorra tiene aquella por el sur, un - ¿ Hola qué tal? Aunque me importa una mierda por el norte. Y tú a otro ritmo, decorando de belleza los escombros, curando a los heridos de una guerra que siempre está a punto de empezar, regando las flores que crecen en ese precipicio al que llamamos tiempo, haciendo malabares con el destino, brindando la oportunidad de llamar suerte al que no la ha conocido. No se puede ir a contracorriente señorita desconocida. No se puede. Te lo deberían haber dicho. Ni se puede pervertir el ego de un cualquiera. Porque un cualquiera por ejemplo yo, si me vuelvo a cruzar contigo y te desnudas los labios lo mismo te paro en mitad de la calle y te beso. Que es igual que sonreír pero hacía dentro. Y a ver qué haces luego con el amor cuando te diga: - Si es que te lo estabas buscando señorita, te lo estabas buscando.


lunes, 20 de mayo de 2024

VARSOVIA

 


Si tu lugar favorito no lleva su nombre, no es ella. Si su sonrisa no te hace cosquillas en el cielo de la boca no es ella. No es ella si en su ausencia no te sientes como si faltaras tú y en su presencia no te sientes como si te sobrara el resto.

Si dudas no es ella. Tampoco es ella si no hay un idioma tras cada caricia o si un beso no significa otro beso y otro beso no significa el siguiente. Si en el primer roce tu piel no se eriza como si te trajera el invierno y en el segundo sus dedos no te prometen el verano, olvídate. Olvídate si no es la culpable del cambio climático. O de que no te hayas enterado de la trama de la película.

Si no te duele no es ella. Doler como una patada en los huevos. Como un punzón en el pecho. Un dolor inclasificable que a la vez, solo ella sea capaz de calmar. Porque ella debe ser el veneno pero también el antídoto. Si el futuro no tiene sus ojos sigue tu camino. Si el destino no para el reloj tuerce a la derecha. No te detengas si el corazón no te suena como una caja de música. Porque no puede ser ella si la canción no se te pega a la lengua, o si la lengua no se te traba en su nombre, o si su nombre no te encadena a la vida.

Si no te hace suspirar hasta que el aire que te falta le sobre entre los labios ignórala. Sigue adelante si no te atraviesa como un rayo en plena calle. No mires atrás si no te moja la sed como una tormenta inesperada. Si en la palabra postre no se dibuja su silueta no es tu hambre. No te conformes si no hay magia. Si al acariciarla no te cumple los tres deseos a la vez, si no sientes la nostalgia a tres metros de distancia. Si al echarla de menos no te añoras a ti mismo, no, no es ella.

Porque si te quedas con cualquier ella que te encuentres, porque le temes a la soledad, o a los silencios, porque necesitas follar o un buenos días, porque no sabes volar sin empujones, ni te sabes querer si no te quieren. No solo habrás perdido la oportunidad de conocerla. Es que ni siquiera a tu yo de verdad habrás conocido.

lunes, 13 de mayo de 2024

A propósito de ti (2)

“Si antes de hacerte la herida te da un beso no te quiere. Si después de hacerte la herida te da un beso no te quiere. Lo puede entender cualquiera ¿A que si?


Pues yo no.



(B)

 El viejo Manuel entre copas dijo una vez:


-El que ignora siempre es más feliz que el que sabe. De hecho cuanto más cerca estés de la ignorancia más feliz eres.


-Pero también eres mucho más estúpido. Reproché yo.


-¿Y tú qué prefieres ser un estúpido feliz o un inteligente triste? Preguntó sin quitar los ojos de su copa.


El viejo Manuel siempre dejaba alguna pregunta en el aire, para que te pelearas un rato con la duda. Ni siquiera buscaba una respuesta. Le importaba una mierda tú respuesta. Él hablaba contigo pero a su vez lo hacía con él mismo. Cómo si en lugar de un acompañante tuviera un espejo.


-Yo sé mucho de casi todo. Y nunca he sido feliz. De volver atrás, aprendería menos y disfrutaría más. Para lo único que sirve tener la razón es para el orgullo y el orgullo es el mayor sinónimo de la palabra soledad que existe. Dijo antes de salir por la puerta del bar, con ese caminar extraño que había adquirido a base de borracheras. Nunca tuve la certeza de si siempre estaba borracho o si siempre caminaba así. 


Yo no sabía mucho de casi todo como él, además de que tenía una memoria jodidamente selectiva. Sobre la felicidad, podía hablar solamente desde la tristeza. O sea sabía que había sido feliz cuando dejaba de serlo, no mientras lo era. Supongo que uno se hace menos cuestiones en la risa, que en las lágrimas. Entre si prefería la imbecilidad o la sabiduría tenía clara mi postura. En cualquier caso, siempre he tenido la idea del gris como color ideal. A medio camino entre el blanco y el negro. Cualquier extremo, es jodido. Si te agarras a una cuerda, la punta es la que está más cerca de la caída. En cambio el centro, es lo más cercano al equilibrio. Puede y esto lo digo con conocimiento de causa, que esta teoría lejos del vértigo sea más aburrida. Pero también está más lejos del daño. Cuando el dolor no es una elección propia, sexual por ejemplo, o no es una herida, que puedas contemplar como se va curando poco a poco, hasta dejar una bella cicatriz, cuando el dolor es interno y duele tanto que no sabes ni donde duele, te das cuenta que debes soltar la cuerda y avanzar unos pasos antes de volver a cogerla. Obviamente yo no estoy en el centro. Ahora mismo, aquí con ella sentada en frente estoy, más cerca de caer que de mantenerme en pie. Pero esto, también es muy importante, a veces caer se parece a volar. Y volar siempre merece que en lugar de los pasos adelante de varios atrás. O incluso como ahora, des tantos adelante que ambos estéis en el mismo lado de la cuerda. Desde el otro lado, estarán tirando las dudas,el miedo, la nostalgia. Tal vez también la culpabilidad.  Desde el tuyo su boca. Su bendita risa. 



Mi problema con ella, no era su piel que adquiría con los primeros rayos de junio, el color que cualquiera envidiaba en agosto. Tampoco aquellas piernas duras como finales de enero. Ni siquiera aquel culo indecente, que en lugar de moverse recitaba poemas sobre la lujuria. Mi problema, el mayor, siempre fue su sonrisa. Cuando sonreía, se desnudaba de tal modo, que incluso mi mente me sugería, que lo contara como orgasmo. Me di cuenta no obstante, que solo ocurría cuando su sonrisa la provocaba yo. Si era en grupo resultaba indiferente, si era alguna conocida, me inventaba que hablaban de mí, pero realmente el triunfo, ni siquiera me rozaba, si era un hombre, fuera quien fuera, pasaba todo a la inversa en lugar de ir quitándose ropa, se la iba poniendo, hasta tal punto, que el invierno se hacía eterno. Descubrí con cierta facilidad que su punto débil era el sarcasmo y cada vez que surgía la oportunidad le quitaba una prenda. Creo que en cierto momento dependí tanto de su desnudo, que hacerla sonreír, era el modo más seguro que tenía de que yo también lo hiciera. 


Sin embargo, nunca había estado tan cerca de él como ahora. Un desnudo de manos, de piel y de vida. Y ni siquiera se reía. Simplemente mantenía esa pose de quien sabía demasiado. Por eso recordé la frase de Manuel. Y supe que estábamos a punto de dolernos para siempre.

lunes, 6 de mayo de 2024

A propósito de ti

"Sabes por qué no podemos ser felices, porque ambos queremos a la misma persona. Yo te quiero a ti y tú también"


(A)

No sé qué hago aquí. Podría echarle la culpa al amor, siempre se me han dado bien las excusas. No tanto como incumplir promesas pero casi. Supongo que hacía tiempo que nadie me llamaba por mi nombre y luego sonreía. Últimamente después de mi nombre hay una orden, una queja, una cita con el médico. Jamás una sonrisa. Así que podría decir que más que mis propios pies, me ha traído  su sonrisa. No suena a excusa, a mentira tal vez. Siempre se me ha dado bien mentir. Sobre todo a mí mismo. Cómo aquellas veces que dije que podía y no quise. Cómo aquellas veces que dije que quería y no pude. La verdad es jodida. Quiero decir que te la van a pedir, a suplicar, a implorar y luego te van a odiar por ella. Todos quieren la verdad porque piensan que es otra. Incluso cuando saben que la verdad es esa, todavía tienen un atisbo de esperanza de que no sea cierta. A ti, al sincero, solo te queda el perdón. Esa puta palabra que te enseñan de pequeño para tener la jodida libertad de dañar al prójimo.

Mamá que tenía un máster en dolores,solía decirme que lo malo de aceptar un perdón,es que le hacías saber al resto,que era demasiado sencillo hacerte daño.

Que era capaz de curarte una sola palabra.

-Pedir perdón no te hace débil, lo que te hace débil es aceptarlo.

Así que no suelo ser demasiado sincero, tampoco pido perdón, porque me suelo asegurar de hacerle daño a quien se lo merece y jamás lo acepto. Bueno, esto también es mentira. Hubo una vez, que sí. Bueno fueron tres veces. Tres perdones. La misma persona. En esa balanza imaginaria que todos deberíamos usar para saber lo que nos conviene, pesaba más su compañía que su ausencia. Resumiendo brevemente, era más débil pero más feliz. 


La casa es pequeña, alquilada y tiene unas vistas horribles. Tan horribles hacía fuera como hermosas hacía dentro. Obviamente con el paisaje interior me refiero a ella. Supongo que basta verla, que solo se necesita una simple mirada, para saber realmente que hago aquí. Sin embargo, en mi caso, esa mirada, que es cualquier cosa menos simple, en lugar de dar la solución genera un debate. Uno al verla gesticular, mientras el cabello le lleva la contraria ya sabe que va a doler, al divisar ese rostro hermoso como un atardecer que desafía a la noche, ya supone que el olvido, no tendrá ningún bar que le sirva de sinónimo, al disfrutar ese culo, que se inventa un baile antes de que exista la melodía, ya sabe que la vida no le va a pisar los pies pero seguramente le va a robar el alma.


No sé qué hago aquí, sin poder abarcar el aire que respira, buscando la palabra idónea para salir ileso, dejando frases a medias, como si pudiera evitar el barranco. Tiene en los labios mis siguientes cien besos y sin embargo, se mueve como si todavía no sintiera que le pertenezco. Como si su dedo índice no tuviera más poder que mi orgullo. 


-Al final ambos sabíamos que pasaría. Solo hemos alargado el momento. Dice, mientras le da un sorbo a la copa que se acaba de servir.  


Ha puesto otra a mí lado y se ha rozado, como una gata que prefiere robar caricias que pedirlas.


Yo no sabía que pasaría. Ni siquiera estoy seguro de haberlo querido. Que lo he fantaseado, claro, que alguna vez, mientras la veía tragarse el mar, en aquellos veranos, donde el sol, solo bronceaba su piel, imaginaba mi lengua desde sus tobillos a su frente, tantas veces de ida como de vuelta. Pero nunca, supuse que tendría esa posibilidad, que perder el equilibrio estaba en sus labios pero también en la ausencia de ellos.


-Solamente hay que dejarse llevar. Dice. Llega un momento que si no tiras de la anilla te estrellas contra el suelo.


Como decirle que pienso que ella es el suelo. Que la anilla tal vez está en un portazo. En cualquier momento le va a estallar la blusa y todo mi mundo serán dos tetas.  


Como si supiera el poder de lo inevitable, como si tuviera ases en los ojos, como si mi rey hubiera comenzado a tambalearse sobre el tablero, ha guardado la distancia, sonriendo ante lo que supone timidez y disfrutando de la nostalgia, antes de que se produzca.


-Yo no tengo prisa. Y tú no tienes sueño. 


Luego se ha sentado en una silla y ha cruzado las piernas. Supongo que eso no es el infierno, pero es como si al cielo le hubieran puesto una puerta. 


No, no sé qué hago aquí, pero creo que muy pronto voy a empezar a saberlo.

lunes, 29 de abril de 2024

WASHINGTON

 Se llama Alba, es rubia, está en el maletero y todavía respira. que no son suficientes detalles, pero al menos puedes hacerte a la idea de que no viajo solo. Para llegar hasta aquí (y no me refiero a este maldito semáforo que ancla mi destino a un simple color) para llegar a este momento en el que Alba, en lugar de en el asiento del copiloto, le esté haciendo compañía a un paraguas y a un bote para el limpiar el salpicadero han pasado muchas cosas. No busco que me entendáis, pero a veces para contemplar la verdad del paisaje tienes que abrir la ventana. Tampoco necesito comprensión. No hay nada peor para el alma que la comprensión. Que alguien esté de acuerdo con el camino que has tomado para tu vida, lo único que quiere decir es que él hubiera hecho lo mismo que tú. Pero no seas gilipollas no por ello es el correcto. Es más, cuanto más gente hay de acuerdo con una idea más seguro estoy de su fracaso. A veces me recordáis a esa manada de ñus que avanzan siguiéndose unos a otros. Les da igual la profundidad del barranco, o lo grande que sean los cocodrilos. El segundo piensa que si el primero va por ese camino será por algo, el tercero piensa lo mismo del segundo y así sucesivamente. Ni siquiera dudan. Sois similares. Y digo sois, para desvincularme de vuestra especie, porque yo decidí ser el abismo, ser el puto cocodrilo que afila sus dientes esperando el error.

El error se llama Alba. Ha dejado de patalear hace un rato. Es por las pastillas, nunca ha sido dócil. Ella también era un abismo, ahora no, ahora puedo mirarla a los ojos y hacer pie en la orilla de sus parpados. No ha sido fácil porque yo la amaba y después de amarla comencé a odiarla. Incluso puedo afirmar que la he odiado sin salirme del amor y la he amado dentro del odio más profundo. El amor y el odio son dos lastres, el primero te hace vulnerable, el segundo previsible. Son antónimos que sueñan con besarse en la boca. Cuanto más lejos estés de ellos, más cerca estarás de ti mismo. Con esto hay un puto problema que ocurre con demasiada frecuencia y es que te halles a ti mismo y no te gustes. Que de golpe te des cuenta de que a yo le falte un pedazo y que por ejemplo se llame Alba y sea rubia y no deje de respirar.

Espero que al menos no seáis tan estúpidos de creerse eso de que un clavo saca otro clavo. Ninguno, repito ninguno, tiene el mismo tamaño. Si clavas en el mismo sitio solo lo metes más dentro. Si escoges otro lugar solo multiplicas la herida. El clavo que entra de verdad, ese agujero perfecto por donde si entra el aire es a suspiros, no sale jamás. Solo el tiempo es capaz de conseguir que la piel no perciba su presencia. Que acaricies la ausencia y se llame cicatriz.

Alba tenía una preciosa, una cicatriz me refiero, en la rodilla izquierda, no era de ningún clavo, se cayó patinando un domingo. Yo besé aquella herida hasta que dejó de dolerle y cuando dejó de dolerle me dolían a mí tanto los labios, que tuvo que besarme hasta que dejaron de dolerme. Digamos para que me entendáis, que no había dolor si había besos. Así podéis imaginar cuanto he sufrido para estar en la situación de ahora mismo, cuanto dolor he soportado sin su boca.

La llevo al mar. La idea es arrojarla desde el mirador donde una vez después de un abrazo me dijo con rotundidad-No me importaría morirme con estas vistas. Recuerdo que respondí- A mi tampoco mi amor. Logicamente ella miraba el horizonte y yo su rostro. 

Han sido casi dos años, donde a la esperanza se la comió la incertidumbre y a la incertidumbre la nostalgia. Donde la tristeza anidó en mi pecho y los pájaros en lugar de volar picoteaban su nombre. Pensaba que no sería capaz de acabar con ella. Que una vez la tuviera delante me vendría abajo, que todo mi plan se iría a la mierda en el mismo momento que dijera mi nombre. Que volverían a dolerme los labios tanto que ni siquiera le haría falta usar la palabra perdón.

Pero no, la he mirado a los ojos, me he acercado suavemente, ni siquiera he dejado que haga un movimiento, jamás me he fiado mucho de su cintura, siempre he tenido la sospecha de que el demonio estaba de por medio cuando se movía sobre mí con aquellos círculos tan perfectos que jamás tocabas por fuera. Siempre estabas en el centro de ella misma. Lo más cerca de salirte de aquellas circunferencias se llamaba orgasmo. Con los orgasmos tenía un problema. El placer era máximo, pero una vez lo tenía, ella se levantaba de mí y su ausencia era inmensa. Nunca supe en realidad si el orgasmo como tal era tenerlo o no tenerlo. disfrutaba más buscando el camino de hallarlo que una vez encontrado. En fin, como os decía me he acercado a ella, como quien se cruza con un vecino en el ascensor y de un golpe seco y certero de indiferencia la he dejado inconsciente. Y aunque el desmayo era suyo, el descanso era mío. Luego la he metido en el maletero y aquí estoy junto al mirador que nos vio eternos esperando el atardecer para que lo único que brille en su caída sean mis ojos.

Ya apenas le queda aire.

Así que ya sabéis que existe el crimen perfecto. Y se llama olvido.

lunes, 22 de abril de 2024

MADRID

 Ahora está en la ducha. No nos hemos dicho te quiero al acabar, tampoco hemos planeado un mañana. Ha llegado como una tormenta y aún suenan truenos aquí dentro. (Aquí dentro es mi pecho). Tengo goteras en el alma. Me ha dejado su sabor en la lengua. Es una mezcla extraña. Como de helado de vainilla con cianuro por arriba. Como el amor pero follando. Tengo la escena de su apertura de piernas clavada en la memoria, como un almanaque donde están rodeadas las vacaciones. No llevaba bragas. Dijo:

- Poner obstáculos cuando ambos sabemos el camino es absurdo.

Me puse de rodillas pero ella eligió otro tipo de eclipse. Así que me tumbó en el suelo y poco a poco fue bajando sus caderas hasta mi cara. Nunca la oscuridad ha albergado tanto placer. Antes de hacer desaparecer el hambre, ha estado jugando a abrir y cerrar la persianas de mi vida. Bajando y subiendo. Dejando solo un roce en mi lengua. Un beso en la orilla. Un dedo en la luna. Apartando el paisaje de repente para jugar con su pie descalzo a hacerme cosquillas imposibles por dentro de la piel. Desde mi polla a mí lengua. Desde mi lengua a mi polla. Apretando donde el corazón ya palpitaba su baile, incluso antes de que empezara la música. Se ha inclinado para tatuarme con saliva su nombre en mi vientre y una vez era dueña ha mostrado su sonrisa. Como si en ese momento ya no hubiera nada prohibido. Ni siquiera enamorarse. Cuando he intentado devolverle la sonrisa, ha ocurrido el ocaso. Se ha hecho de noche en mi boca y se ha hecho mar toda la casa. He jugado a la muerte con todos los sinónimos de la asfixia. He llegado tarde al suicidio cada vez que me regalaba un suspiro apartando unas décimas de segundo el infierno de mi rostro.

Ahora está en la ducha. Tengo en la espalda un mapa hecho a base de caricias, de como llegar al orgasmo sin tocarme siquiera. No parece que vaya a dejar de llover en toda la noche. Por lo menos aquí dentro. (Aquí dentro es mi vida). Tengo la escena como un tatuaje en la memoria del momento en el que se ha apoyado en la encimera y su culo ha ondeado como una bandera en territorio enemigo. Completamente desnuda ha dicho:

- Cuando la guerra es inevitable, la paz es cobardía.

Y he entrado en su hogar como quien siempre tuvo las llaves. Tan dentro que podía haberme hospedado para siempre. Su espalda arqueada, sus piernas duras, su culo tenso. Su cabello suelto, salvo cuando mi mano le ha puesto precio a su libertad y lo ha agarrado con fuerza. Como quien tiene miedo a caerse. Tengo clavado sus gemidos en el pentagrama del recuerdo. Podría silbarlos. Hacerlos canción. O banda sonora. Podría bailar el resto de mi vida sin tropezar ni una sola vez con el olvido.

Ahora está la ducha. No hay promesas a las que agarrarse. Ni frases a las que claudicar. No hay taxis en la puerta. No hay prisa. Los charcos a estas alturas de la noche son lagos donde salir a flote, cuesta algo más que seguir nadando. Ambos esperamos una palabra o el naufragio. Sabemos que las islas son sueños y que ir a la deriva es más divertido. Tengo grabada a fuego la escena en la que me ha besado justo al acabar. Y ha dicho:

- Es mentira eso de que después de la tormenta viene la calma. Si la tormenta soy yo, no acabo nunca.

Y se ha girado como una peonza ofreciendo su culo a mis ojos. Caminando hacía al baño con esa seguridad de quien aunque se aleje no se va nunca. Con su olor en mi piel barajando las cartas del destino. Con el eco de su nombre aquí dentro. (Aquí dentro es mi cabeza). Con ese dulce caos de su ausencia, comiéndole la boca a su recuerdo, como si el amor con ella, no se acabara nunca.

Ahora está en la ducha. Y es la única estupidez que ha hecho desde que vino. Ducharse. Porque justo cuando acabe, cuando salga, se hará de noche de nuevo. Y habrá otro eclipse. Y otra lluvia. Y truenos. Y su espalda arqueada. Y su pie en mi boca. Y banda sonora. Y una enorme tormenta.

Y tendré que darle la razón sobre la calma.

lunes, 15 de abril de 2024

LA HABANA


 Desconozco si hay alguna sensación mejor a la de sus tacones subiendo la escalera que da a mi casa. Dudo mucho incluso que haya melodía más afinada que esa. Tan llena de presente, como de incertidumbre. Porque aunque el fin suele ser siempre el mismo, el principio varía dependiendo del hambre que tengamos. Porque aunque el precipicio sea el orgasmo, el camino hasta llegar a él está lleno de obstáculos como ese vestido atado al cuello que se pone a veces, donde el nudo te hace perder la paciencia mientras su risa colorea los suspiros que me despierta su nuca. O lleno de atajos como su sombra dibujando en la pared una postura a la que solo le falta un ladrido para llenar toda la casa de palabras esdrújulas. Los peldaños son teclas de piano, luego hace sonar el timbre y acaba la canción con un hola al abrir la puerta. Lo demás, lo que ocurre luego, no es música pero tal vez se podría considerar poesía. Una poesía húmeda como los jardines de Oslo. Ella dice que los poetas somos todos unos mentirosos, que si le voy a escribir algo sea con la lengua en la espalda. Es más real que un tatuaje y duele menos. A veces, cuando ya hemos saltado por los aires y descansamos el sudor tumbados en la cama, mirando al techo, yo me paso por su columna vertebral y le cuento aquello que no sería capaz de hacer frente a un folio. Nunca quiere saber qué significa, dice que el idioma que importa, el de verdad, el que es más sencillo de traducir, está en las cosquillas, no en el verbo. El sexo es sucio, no hay un te quiero en la penetración, no hay gemido que solamente signifique placer, a veces nos duele y a veces el aire se convierte en regalo y el insulto en apodo, y el dolor en maestro. Duele mucho más su ausencia que cien mordiscos. Su adiós que mil azotes. Su olvido que cualquier herida abierta. “La herida es recuerdo, la cicatriz olvido”. Eso dice mientras me graba su nombre en el cielo de la boca. Luego se mete por mi piel y crea un laberinto desde mi cuello a mi alma, desde mi alma a su coño. Y me pierdo claro. Me pierdo tantas veces que dejo de buscarme si no la encuentro, que dejo de encontrarme si no la miro.

Supongo que más pronto que tarde dejará de venir. Le arrancará a mi vida la banda sonora de sus pies golpeando el mármol y en las noches frías que vendrán, tendré que inventarme un eco para seguir el ritmo.

Pero mientras tanto, mientras el futuro no me apuñala por la espalda y toda la incertidumbre le cabe a mi vida en un cajón de la mesita de noche, yo aguardo su llegada, su bendita canción, su preciosa melodía.

Y bailo, bailo mientras tanto.

lunes, 8 de abril de 2024

ZAGREB


Miente,miente de vez en cuando,

decir siempre la verdad,

es una falta absoluta de imaginación

y un hombre sin imaginación, 

es como una piedra en el fondo del mar.

Solo te descubrirán si molestas

y será para lanzarte más lejos.

Llora,

llora al menos una vez a la semana,

no tener un solo motivo para hacerlo es en sí,

el motivo más enorme.

Llega tarde a una cita alguna vez,

si nunca tienes ninguna,

queda contigo mismo y no aparezcas.

La nostalgia siempre es más llevadera si depende de uno mismo.

Apaga algún fuego,

si no eres capaz de encontrar un solo incendio

no te quejes cuando finjan los orgasmos.

Ríe,

ríe a todas horas y en todas partes,

rómpete si hace falta en otra boca,

ríete de ti mismo si es preciso

pero nunca lo hagas en las fotos.

Que nunca nadie pueda acusarte de que fuiste feliz,

porque el éxito es un bien imperdonable.

Pero sobre todo ama,

ama hasta que te rompas en pedazos,

hasta que te tachen de loco,

hasta que la vida te palpite en la punta de lengua

y el corazón en el borde de tu pecho.

Ama hasta que el amor sea propio,

hasta que lo propio se haga mutuo

y lo mutuo infinito.

Porque solo amando tendrás la sensación de haber vivido.

De estar viviendo.

De seguir vivo.


lunes, 1 de abril de 2024

ANKARA


Ella dormía desnuda.

Decía que era un modo de espantar las pesadillas.

¿Crees que algún monstruo se atrevería a asustarme

si me ve así ? –Decía levantando las sábanas

y dejando que el paisaje me devorara los ojos.

No era necesaria mi respuesta,

cuando habla la mirada, sobra la lengua.

Como si el monstruo fuera yo,

por casa tampoco usaba mucha ropa,

un simple movimiento cotidiano

se convertía en un festival porno,

un roce por el pasillo una aventura,

un tender la ropa un espectáculo.

Al miedo- Decía-

"No es necesario hacerle frente,

si lo haces, él intenta hacerse más grande

pero si lo aceptas, si te acostumbras a él,

se aburre y se va"

Y aquí estoy acariciando al miedo,

mientras tu fantasma desnudo

se pasea por casa

y en todos los rincones

aguarda el monstruo enorme de tu ausencia

esperando a que me duerma,

para asustarme.

lunes, 25 de marzo de 2024

VICTORIA

  

Prefiero de rodillas, o yo tumbado y tú en mi cara. Prefiero que falte aire y que el que sobre huela a ti. Que si sales de la habitación tu perfume me diga lo contrario. Prefiero sin música, con la luz encendida, ni cenas, ni velas, ni postales que nunca superarán la belleza de tu espalda desnuda. Las cosquillas con las uñas y los besos con los dientes. Prefiero que duelas, que te agites como una flor bajo una tormenta, que no sepas conjugar verbos en singular, que me aten tanto tus palabras como tus brazos. Prefiero llamarlo follar, que no te quites los tacones, ni el orgullo y aún así "puta" te llegue a parecer la palabra más bonita de la noche. Prefiero tu saliva a otra copa, tus tetas a otro plato, tus manos a otros sueños. Prefiero que me hables de locura, que mi lengua nunca signifique rutina. Los versos a traición, los "siempre" con los ojos, los "casi" abolidos. Prefiero a cuatro patas y que ladres o te pongas encima y me bailes. Los tangas sin armario, las bragas en el suelo. Los sueños en gotitas de sudor, que podamos cumplirlos al lamerlos. Prefiero tan al fondo que al salirme, te sientas una extraña en el vacío. Que tengas que decir mi nombre para conocerte, que tenga que responder el tuyo para que sonrías.

Prefiero en la cama y en el suelo. Prefiero en la cocina y en el baño. Prefiero en la encimera, en una silla. Prefiero en cualquier sitio que me digas, no hay más dirección que tus caderas. No quedan más caminos que tus piernas. No busco más placer que el de tu orgasmo. Prefiero aquí y ahora y luego, luego. También prefiero siempre y por si acaso. Y por si acaso siempre.

Te prefiero.

lunes, 18 de marzo de 2024

JARTUM



Me siento en el banco desde donde se ve el mar.

Lo especial, sin embargo, 

no es el inmenso charco de agua azul,

azul como el amor de la infancia. 

Lo hermoso no es la bandada de gaviotas, 

ni los veleros moverse con el aire, 

que parece que van a besarse

y se apartan justo antes del roce. 

Tampoco el cielo, que parece asomarse a un espejo 

donde jamás sale horrible. 

No como yo, que aún no he encontrado un reflejo

que decore mi autoestima. 

Supongo que es complicado de entender, 

pero lo que importa, 

lo que hace este lugar maravilloso es el banco.

Aquí, cuando el silencio no lo interrumpe una moto

o los niños del parque dejan de caerse

o descansan los columpios aliviados del peso

y las madres dejan de colocarle

medallas invisibles a sus hijos. 

Aquí, todavía se escucha tu voz.

Todavía estás húmeda del último baño 

y tu sonrisa hace el amago de atravesar 

la nostalgia y romperme la boca. 

Aquí estuvo tu culo, redondo como luna llena,

sentado y demostrando que lo hermoso, 

no estaba en frente, si no a mi lado.

Ahora, a mi lado no hay nadie.

Aunque, a menudo,

una sombra corretea por mi piel 

y por momentos,

te hago las mismas promesas

que ni siquiera la inercia

me ha invitado a cumplir. 

No he dejado de fumar para que me eches la bronca.

Y aunque las canciones de las que me hablas

han pasado de moda,

las tarareo con esa crueldad

de quien odia la música

si no eres tú la que la bailas. 

Hablamos de cuando las cartas 

eran como aviones de papel

que nos movían del sitio. 

No hay un lugar del mapa 

en el que no haya sido feliz contigo. 

Incluso cuando ellos comenzaron a estrellarse,

yo junté todo lo que quedaba de ti 

y me hice un recuerdo. 

Crearse un recuerdo es lo que hacen

aquellos que no tienen cojones

de crearse una vida. 

Que dejaron de dar vueltas a la ruleta, 

aún sabiendo que la suerte estaba de su lado.

Bastaba con decir tu nombre en voz alta

para que la pelota dejara de girar. 

No, no lo hice.

De hecho la ruleta sigue en movimiento, 

pero la pelota está en el pasado 

y no hay modo de volver a ella. 

A veces he dicho tu nombre por si acaso, 

pero lo máximo que ha sucedido 

es el placer momentáneo de tenerte, 

un breve instante, en la punta de la lengua. 

Te hablo de mí, de la huelga de musas, 

de que bebo más de lo que quiero, 

de que quiero menos de los que debo, 

de que en los sueños siempre apareces como un reproche.

De que el olvido tiene el mismo color 

que los gatos que ya no acaricias, 

para que no se acostumbren al amor 

aquellos que han elegido estar solos. 

Te hablo de mamá. 

De que cada vez que escucha mis llaves en la puerta

tiene ese lapsus de desear que, 

después de que se abra

hubiera otra persona. 

La muerte no solamente arranca una flor,

también marchita el jardín.

En su casa la primavera es como un Unicornio.

No existe.

Te hablo de que tengo la cruel impresión

de estar envejeciendo más rápido 

de lo que dictan mis años. 

De que me sigue doliendo la cabeza, 

la espalda, el alma

y tú.

Te hablo de que ya no lloro en la ducha. 

De que dejo series a medias, 

libros a medias. 

De que es mucho más complicado llegar a un final, 

cuando lo que realmente se necesita es un principio.

Te hablo porque no me escuchas, 

porque de tener esa posibilidad, 

hablarías tú, 

preguntarías tú

y esta vez es muy posible

que te dijera que sí.