lunes, 16 de diciembre de 2024

SANTO DOMINGO

 Un amor platónico no es aquel que no puedes conseguir, si no ese que aún pudiendo lograr no tuviste el coraje de intentarlo. Ese que tienes clavado como un interrogante en el pecho, un pasado aferrado a la nostalgia, un "tal vez" que disfrazaste de "no" porque dolía menos oponerte a ti mismo, que cualquier negación ajena.

Lo que duele pasado el tiempo no es "el que hubiera pasado entonces" si no el "que estaría pasando ahora". No poder volver atrás y hallar la respuesta ya sea para pasar página o para quedarte en ella lamiendo las esquinas y subrayando todas las frases que una vez planeaste decirle a su boca.

Dice Sabina en una canción que " No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió" Y no puedo estar más de acuerdo.

Así que si en una de estas, volvemos a quedarnos suspendidos en una mirada en la que el futuro se nos abre de piernas, espero que tengas una respuesta preparada. Porque no pienso dejar que la incertidumbre me robe ninguna hora más de sueño. O los duermes conmigo, o bostezo sin ti.

lunes, 9 de diciembre de 2024

NUUK


Llegará el frío.

Yo miraré en el armario

y sentiré el desprecio de las perchas vacías.

Saldré a la calle,

el verano será una metáfora,

una promesa.

Miraré a la gente andando deprisa;

te juro que a veces parece

que huyen de mí.


Se llamará noviembre

y no tendrá tus ojos.

Tal vez aquella sudadera

que compramos en el último viaje

consiga, en algún instante,

llamarse hogar.

Frotaré mis manos,

tal vez fume.

Se me hará largo

el camino al trabajo,

evitaré reflejarme en los escaparates.

La sinceridad está de más

cuando no la necesitas.


Observaré la playa desde el otro lado,

como si fuera una postal.

El viento dirá tu nombre.

Seguramente me cruce con alguna chica

que no se parezca a ti.

También tendrá frío.

La chaqueta gris, la que te gustaba,

me quedará grande.

Es increíble lo pequeño que se siente uno

cuando no estás.


Lo peor siempre es el regreso.

Miraré el calendario,

limpio, sin un solo círculo

que decore alguna fecha importante.

Será un mal año,

un duro invierno.

Me crujirán los huesos,

como si por dentro alguien

quisiera poner una canción.

Ni siquiera mi pijama más horrible

podrá firmar una tregua con Groenlandia.

Cuando el frío es por dentro,

añoras una piel

que no es la propia.


Tendré varios mensajes,

alguna llamada perdida,

dos páginas porno en favoritos,

otra apuesta perdida.

Habrá ofertas engañosas en los buzones.

Los perros del vecino

no le ladran a la gente conocida.

Es fácil, a veces, asesinar la incertidumbre.


En algún momento, la primavera

asaltará el paisaje.

Acorralará al silencio.

Matará la oscuridad.

Seguirá haciendo frío.

Cuando tienes el silencio en la cabeza,

no importa el ruido.

El sol es un consuelo inerte,

como encontrar una chica

que se llame como tú

y decir su nombre.

¿Con qué se curan las heridas

que no se ven?


No sé cómo explicarte, sin rozar lo cruel,

que a veces sufre

más el culpable que la víctima.

Que el error llegará un momento

que dejará de perseguirte,

mientras a mí me acorrala

con tu ausencia.


No habrá tregua,

por más que confunda

algún incendio con agosto,

por más que en alguna calle de mi memoria

quede alguna hoguera encendida

por donde el olvido

aún no se ha atrevido a pasar.


Dará igual el tiempo que pase,

la ciudad que drible,

la canción que decida no poner.

No importará que escape

de las páginas dobladas

de esos libros que dejaste en mi cabeza.

Tomaré atajos,

vaciaré el armario,

diré "te quiero",

prometeré algún "para siempre".

Tal vez tenga hijos.

Tal vez sea feliz.


Pero me acordaré de ti,

casi siempre en los momentos

más inoportunos.


Y siempre, jodidamente siempre,

llegará el frío.

lunes, 2 de diciembre de 2024

VARSOVIA

 


La ropa tendida en el balcón

es la bandera de mi fracaso.

Sin rastro de tus bragas minúsculas,

ni de tus camisas con tantos colores,

que la primavera comenzaba primero

en la terraza para luego

adueñarse poco a poco de todo el paisaje.

No hay morbo sin tus pijamas huérfanos de botones,

sin tus faldas pervirtiendo las flores de las macetas,

y sin tus vaqueros dejando en el cielo

la silueta de tu imponente culo.


El viento agita mi pena,

calzoncillos tristes y pantalones

que odian el clima si no lo creas tú.

Mis camisas cuelgan los cadáveres

de los hombres que soy ahora sin ti,

y todos los calcetines imitan el acto

de no hallarse con su otra pareja.


Aún en la almohada tu perfume

agrieta mi pecho,

y en los cuadros que dejaste sin pintar

nacen garabatos que simulan la derrota.


Lucía siempre dice

que incluso cuando pierdes ganas algo.

Yo solo he ganado tu ausencia.

Y es una mierda.


A veces, sobre el sofá, rebobino mi vida

y te veo llegando aquella mañana,

sin paraguas y con el cabello mojado,

perseguida por una tormenta

que, como yo,

se enamoró al primer contacto.

Y me traigo tu voz al oído,

y aún siento el escalofrío de tu primera frase,

donde los relámpagos iluminaban el cielo

como fotografiando una escena

de anuncio de perfume.


Recuerdo con perfecta exactitud

cómo, después de tu primera sonrisa,

dejó repentinamente de llover,

y cómo tu nombre me acarició las mejillas

cuando todavía la distancia entre nosotros

era un abismo de dos metros.


Disfruto del momento en que decidimos

que el autobús nos pasara de largo,

y caminamos hasta tu casa,

esquivando los atajos

hasta pactar un laberinto cuya salida

dependía del primer beso.


El cigarro a medias,

tu risa como banda sonora,

el vaho saliendo de nuestras gargantas,

como si pudiéramos esconder la felicidad

después de los suspiros.


Mis nervios y aquella manada de elefantes

golpeándome por dentro del pecho,

el ruido del silencio mientras buscaba la frase perfecta,

aquel "hasta mañana" que tus labios soltaron

y mis manos ataron al futuro inmediato,

justo antes de que cerraras la puerta

y comenzara de nuevo a llover de repente.


Como ahora,

solo que en lugar de futuro

nada más  que queda ropa tendida.

Y se me está mojando.


Como los ojos.


lunes, 25 de noviembre de 2024

BERLIN

 Podría haber salido el arcoiris que yo, no hubiera visto más que el verde de tus ojos. Recuerdo que era abril. Yo había dejado de cumplir años para no molestar a mis padres y a ti, te habían crecido las tetas más allá de la cordura. Quince años amor, eso teníamos. El número de la suerte, la niña bonita, impar, dulce e inocente. Ahí cabían todas las promesas. Seguramente yo dije un para siempre después de un beso. Y tú le pusiste nombre a nuestra primera hija, antes de la quinta despedida. Nunca fue tan cómodo un banco de piedra. Nunca una canción superó tu risa. Nunca me tembló tanto el alma, como cuando atravesé por debajo de tu blusa, aquel acantilado de tu pecho. Luego la vida se nos hizo grande, dejamos el amor aparcado y pensamos que la felicidad, no podía depender del otro, sino de uno mismo. Nos equivocamos. No hemos dejado nunca de equivocarnos pero supongo que ningún error duele igual que el primero. Quince años, tú con aquellas pecas diminutas cayendo por tus pómulos como una lluvia de verano. Yo con aquellos lunares en la espalda por donde tú dedo dibujaba galaxias que nadie más descubriría después de ti. Obviamente no fue para siempre y tu hija, no tiene ni una sola de mis facciones, tampoco lunares, ni siquiera se llama como prometiste. Hemos coincidido en un evento, nos hemos mirado, creo que ambos sin ningún éxito hemos intentado volver a cumplir quince, mientras tú pedías ginebra y yo un ron. Hemos mentido sobre la salud, nos hemos sincerado sobre el olvido.Como sí lo cotidiano fuera maravilloso, hemos sonreído para que ninguno dudara de la felicidad del otro. Ojalá hubiéramos sido tan valientes de abandonar la edad y sobre aquella barra dejar a los niños que fuimos, dos niños negándose a crecer, hablando del amor, como lo que pensábamos que sería, no como finalmente acabó siendo. Pero era tarde. Creo firmemente que la única vez en mi vida que llegué pronto a algún sitio, fue a tus labios. Demasiado pronto tal vez. Luego en la terraza mientras fumaba, el horizonte a los lejos ha dibujado un arcoiris y yo otra vez, solo he visto el verde de tus ojos. Y luego, luego creo que ha llovido.


lunes, 18 de noviembre de 2024

DAKAR

 Hace tiempo que no hablo de ti, supongo que lo más similar al olvido es el silencio. Que no nombrarte, es como si no hubieras existido. Sin embargo a veces, apareces por aquí como un fantasma, no solamente evocando el pasado, tambien haciéndole trampas al futuro. Te pones frente a mí e inventas senderos con todo aquello que no ocurrió. Yo los transito muy despacio, a veces incluso me detengo en mitad de un camino y observo nuestra risa detenida en el tiempo. De algún modo vivo dentro del imposible, mientras tú eliges con decisión el color de las cortinas. Tu fantasma no solo se alimenta de la nostalgia, también siembra de dudas el paisaje.  En cada tal vez, una herida del tamaño de tu nombre me sangra por dentro.  No fuimos cobardes, había que ser muy valiente para dejar tanto amor aparcado y seguir con nuestras vidas, como si los fantasmas no existiesen. Como si el café no se enfriase. Como si bastara con una ola rebasando tu nombre para lamer otra orilla.  No fuimos cobardes, solamente estábamos llenos de ignorancia. No, el tiempo no lo cura todo. Vimos iluminada la salida del laberinto y creímos que habíamos conseguido escapar. No supimos descifrar que aquella puerta, nos llevaba a otra y esa a la siguiente. La realidad es que solo nos sentimos perdidos de verdad, cuando dejamos de encontrarnos. El laberinto lo teníamos dentro y la salida, la única, estaba escondida en nuestra piel. Pero no bastaba con tocarla, la piel también tiene memoria y es ella, la que mientras yo callo, te nombra, te grita, te llama. Y por eso aparecen los fantasmas. Por eso dibujan encima de los garabatos que hemos ido creando con nuestra ausencia, la vida que no supimos tener. Porque aunque no fuimos cobardes, si nos faltó la certeza de saber, que el único modo de avanzar era juntos. Que de cualquier otro modo, volveríamos alguna vez al pasado, para que nos asaltaran las preguntas más difíciles de contestar. Esas en la cuáles los dos siempre supimos la respuesta. Pero en lugar de decirlas nos callamos. Como si bastara el silencio. Como si existiera el olvido.

lunes, 11 de noviembre de 2024

BOGOTÁ

 Nos esquivamos, tal vez para evitar el peligro, aunque el peligro no sea más que ignorancia. Tú prefieres la acera de la paz, yo la de la duda, ninguno cruza la calle. Lamemos bordillos, aunque a mi lengua le quedaría mejor tu piel y a la tuya le vendrían mejor mis miedos. Volver la vista atrás, es ver tu culo alejarse. Tu culo es ese poema que soy incapaz de escribir porque prefiero leerlo. A veces, calculo con las manos el borde de tu cintura y el espacio en el que cabes, tiene exactamente la medida de mis sueños. Me sostengo en el equilibrio imperfecto de tu ausencia, haciendo pactos con el futuro, inventando diálogos donde tú, no solo tienes la última palabra, también el primer beso. Al fondo el paisaje se llena de semáforos en rojo, el mismo color que tienen tus pómulos, cuando mis ojos te quitan la ropa, mientras mis manos marchitan de impotencia. Podría invadir tu territorio, asomarme al precipicio de tu escote y decir tu nombre para resumir mi vida. Dejar de esperar la carta correcta y barajar el destino hasta que siempre lleves ases en los ojos. Girar en la siguiente curva y en el callejón más cerrado de tu vientre, alquilar la habitación que hay en tus muslos. Podría matar la duda y tu asesinar mis miedos. Yo desnudar tu cuerpo, tu decorar mi alma. Yo ponerle letra a tus pisadas, tu banda sonora a mi silencio.  Podríamos sonreírnos en la boca, fumarnos los suspiros, tragarnos los orgasmos. Podríamos intentarlo, ser capaces, tal vez nos demos cuenta de repente, que el único peligro de verdad es esta estupidez de no estar juntos.

lunes, 4 de noviembre de 2024

WELLINGTON HANOI PARIS


WELLINGTON 

 ¿ Te acuerdas cuando te dije que te querría para siempre?

Sigue siendo cierto.

Solo que antes te quería cerca

y ahora te quiero lejos.


HANOI

Si hoy te dan un puñetazo en el estómago te dolerá. Si te lo repiten mañana te seguirá doliendo. Si continúan toda la semana a puñetazo por día, el dolor incluso puede aumentar al estar golpeandote en el mismo sitio. Pasados quince días casi estarás acostumbrado al daño. Y al mes será toda una rutina. Tanto que si de repente dejaran de golpearte lo echarías de menos. Así de absurdo.

Pues con algunos "amores" pasa exactamente lo mismo, aunque te hacen daño una y otra vez terminas por acostumbrarte, incluso se llega a tal nivel de estupidez, que cuando se ausentan, se marchan, o los dejas, acabas por echarlos de menos.


PARIS

Sé que si ambos tiramos del mismo extremo de la cuerda nos caeremos. Pero prefiero el suelo contigo que el cielo sin ti.