Aquellos eran otros tiempos,
yo ni siquiera respondía por mi nombre,
tan solo recuerdo que me apellidaba tristeza
y que don Anselmo siempre que pasaba lista
acababa colocando una cruz
en el recuadro que me correspondía.
Solamente era capaz de reconocerme
en las cuerdas vocales de "N".
Cuando "N" ponía su melódico acento para llamarme
bailaban entre sus dientes las letras de mi nombre
e inmediátamente después todo mi cuerpo se estremecía,
como si en el cielo de su boca
habitara el mismo invierno.
"N" era lo más bonito que había visto nunca,
cuando te quedabas un rato mirándola
siempre se te ponía cara de eclipse.
( Detrás de cada hombre embobado
siempre hay una luna que brilla)
Indudáblemente "N" era mi luna.
"N" tenía el pelo largo y rubio
y a veces debía dormir mal porque traía ojeras
y al rostro blanquecino como de nieve
lo decoraban constántemente dos colorados en los pómulos
y aquel suspirar profundo envenenando el ambiente
con un dulce aliento a caramelo de fresa.
En ocasiones nos fumabamos un cigarro entre clase y clase,
primero fumaba ella y luego yo,
aquello fue lo más cerca que estuve de besarla.
Otras veces cogía mi mano y se la colocaba sobre el pecho,
pum, pum, pum, pum,
parecía como si dentro tuviera duendes tocando los timbales.
- Esto es amor- Decía.
Pero nunca la crei.
Porque "N" me gustaba más que nada en el mundo,
más incluso que las bolsas de golosinas
que me regalaba mi abuela los domingos por la tarde,
más que el monte de venus de mi prima Carlota
en aquellas noches de verano que dormía sin bragas,
incluso más, mucho más, que la vista que daba al mar
desde aquel mirador que invitaba al suicidio.
Y sin embargo en mi corazón los duendes
no tocaban a ese ritmo.
Al año siguiente "N" no vino a clase,
no había nada tan desolador
como la silla huérfana de su peso,
como el aula sin el olor a melocotón de sus axilas
sin sus braguitas negras asomando
por sus vaqueros gastados.
Don anselmo despejaba incognitas en la pizarra
pero fue un amigo el que me lo contó.
- ¿Sabes quién se ha muerto? Preguntó.
Serenamente como si la muerte
a aquella edad fuera algo previsible.
No hay una pregunta peor que esa,
ni siquiera esa de:
-¿ Me quieres tanto como yo a ti?
Ni la de :
- ¿ Seguro que no le estabas mirando las tetas?
Aquella fue la peor pregunta de mi vida.
- Se ha muerto "N"- Prosiguió.
Todo en aquel instante se hizo silencio
sólo se escuchaba el sonido de mi corazón,
pum, pum, pum, pum,
como si hubieran duendes tocando los timbales.
Ojalá "N" hubiera estado allí para escucharlo
aquello si que era amor.
miércoles, 18 de febrero de 2009
lunes, 16 de febrero de 2009
Consejos
Me dijeron que el alcohol curaba las heridas,
hasta las corporales
y bebí, bebí.
Mañana empiezo en un centro de rehabilitación
y no tengo ninguna cicatriz.
Me mencionaron que el tiempo lo cura todo
y dejé que las agujas hicieran círculos constantemente,
he perdido no sé cuántos años
y sigo necesitando un hospital.
Me afirmaron que el amor lo sanaba todo
y yo, ya experto en los consejos
los mandé a todos a la mierda.
hasta las corporales
y bebí, bebí.
Mañana empiezo en un centro de rehabilitación
y no tengo ninguna cicatriz.
Me mencionaron que el tiempo lo cura todo
y dejé que las agujas hicieran círculos constantemente,
he perdido no sé cuántos años
y sigo necesitando un hospital.
Me afirmaron que el amor lo sanaba todo
y yo, ya experto en los consejos
los mandé a todos a la mierda.
lunes, 9 de febrero de 2009
Secretos
Yo le dije que a veces me vuelvo loco,
que tengo un pasado escondido debajo de la cama.
Le confesé que me gusta el sexo duro
sin llegar a la sangre pero si la hubiera
también podría absorberla.
Le mencioné que me ponen cachondo los tacones,
que soy fetichista y masoca,
que prefiero las bragas a los tangas,
que saco del dolor placeres distintos
y que alguna vez probé la lluvia dorada y no vomité.
Yo le dije que nunca me desnudaba completamente
que a veces cuando estaba enfermo rompía los espejos
y que jamás estuve sano del todo.
Le hablé de que era incapaz de pisar una hormiga
o de matar a una mosca
pero que podía asesinar a un hombre
con las palmas de mis manos
e irme a dormir como si nada hubiese ocurrido.
Yo le hablé de las mujeres de mi vida,
le enseñé mis cicatrices,el odio,el amor,
le aseguré que a veces
también sabía sonreir,
que esta oscuridad podía ser intermitente,
que había luz en algún lugar de mi corazón
que sólo tenía que besarme.
Yo le dije todo, todo menos que a veces mientras ella dormía
me desvelaba para escribir poemas,
nunca le conté que era poeta y sé que eso
jamás podrá perdonármelo.
que tengo un pasado escondido debajo de la cama.
Le confesé que me gusta el sexo duro
sin llegar a la sangre pero si la hubiera
también podría absorberla.
Le mencioné que me ponen cachondo los tacones,
que soy fetichista y masoca,
que prefiero las bragas a los tangas,
que saco del dolor placeres distintos
y que alguna vez probé la lluvia dorada y no vomité.
Yo le dije que nunca me desnudaba completamente
que a veces cuando estaba enfermo rompía los espejos
y que jamás estuve sano del todo.
Le hablé de que era incapaz de pisar una hormiga
o de matar a una mosca
pero que podía asesinar a un hombre
con las palmas de mis manos
e irme a dormir como si nada hubiese ocurrido.
Yo le hablé de las mujeres de mi vida,
le enseñé mis cicatrices,el odio,el amor,
le aseguré que a veces
también sabía sonreir,
que esta oscuridad podía ser intermitente,
que había luz en algún lugar de mi corazón
que sólo tenía que besarme.
Yo le dije todo, todo menos que a veces mientras ella dormía
me desvelaba para escribir poemas,
nunca le conté que era poeta y sé que eso
jamás podrá perdonármelo.
lunes, 2 de febrero de 2009
Orilla abierta (felicidades)
Me gustaría besar tu castigada naricita
y limar tu perfil de chica tímida
y follarme todos los dos de febrero
para que no te pesen los años.
Me encantaría acudir a las citas
y devorar tus cajas de bombones
y que la cola del cine
no te parezca una guerra.
Quisiera ser experto en el click de tu sostén
y violar cada uno de tus complejos
y hacerte cosquillas en el alma
con los versos que aún no te escribí.
Y bailar el "semillas en la tierra"
sin tropezar con tus pies,
sin que tu cintura me resulte un abismo,
ni tu boca el diablo.
Adoraría ansiado amor
no derramar más semen anónimo
ensunciándome el ombligo
se que tu le darías otro uso.
Más placentero.
Ya, no digas nada
me basta con tu orilla abierta
y tus piernas cerradas,
esperando que no llueva en nuestros ojos
y yo cumpla solo una
de mis promesas de hombre.
y limar tu perfil de chica tímida
y follarme todos los dos de febrero
para que no te pesen los años.
Me encantaría acudir a las citas
y devorar tus cajas de bombones
y que la cola del cine
no te parezca una guerra.
Quisiera ser experto en el click de tu sostén
y violar cada uno de tus complejos
y hacerte cosquillas en el alma
con los versos que aún no te escribí.
Y bailar el "semillas en la tierra"
sin tropezar con tus pies,
sin que tu cintura me resulte un abismo,
ni tu boca el diablo.
Adoraría ansiado amor
no derramar más semen anónimo
ensunciándome el ombligo
se que tu le darías otro uso.
Más placentero.
Ya, no digas nada
me basta con tu orilla abierta
y tus piernas cerradas,
esperando que no llueva en nuestros ojos
y yo cumpla solo una
de mis promesas de hombre.
martes, 20 de enero de 2009
No fumar también puede matar, al menos de tristeza
Llueve como si no lo hubiera hecho en el último siglo
y solamente me queda un cigarro.
" Que te vayas es como quedarse sin tabaco un día de lluvia"
Son las doce y Ana sigue durmiendo
bebimos mucho, demasiado,
empezamos con ron, luego vodka,
más tarde aquel liquido verde impronunciable
que mataba quince penas a cada trago.
Yo tenía dos mil quinientas cincuenta y cinco,
y Ana infinito.
La habitación huele como si se hubieran estado
cosiendo heridas durante toda la noche.
Ana ni siquiera se quitó la ropa.
- ¿ Me sienta bien este vestido?- Preguntó.
- No hay nada que te siente mal cariño- Le dije.
Aunque era mentira,
a Ana lo que le sentaba mejor era el desnudo.
La mayor parte del tiempo la mentira
es el atajo más corto a la felicidad.
La lluvia amenaza con no cesar,
lo que antes eran pequeños charcos,
se han convertido en profundos lagos,
me recuerdan a los ojos de mi madre
cuando mi padre se murió por inercia.
También me recuerda a Laura
pero cuando hay sol tambien ella visita mi memoria
y cuando está nublado,
incluso cuando el hombre del tiempo
no sabe que mierda colocar en el mapa
también está ella.
La realidad es que siempre me acuerdo de Laura.
Ana tiene la teoria de que pensar en otra
también podría llamarse infidelidad,
a estas alturas yo debo ser
el hombre más infiel de este planeta.
Desde el umbral de la puerta ella bosteza,
parece que se ha peleado con diez gatos.
- Deberías hacerme el amor y el desayuno por ese orden- Dice.
Hace mucho que no hacemos el amor,
antes cuando ella no se llamaba "amor mío",
ni yo "gordito" todo era distinto.
Diez minutos después ya no tengo nada en el depósito,
ella bebe café y se fuma mi cigarro.
Que la quiero es indudable, ni siquiera se lo reprocho.
En la mesita del salón hay revistas
con cincuenta maneras útiles para dejar de fumar
y ninguna se llama Ana.
Ninguna dice:
"Cásate con una fumadora y que ella se fume tu parte"
Tampoco dice como olvidarse de ninguna Laura,
ni que hacer cuando la lluvia te encharca los pulmones.
- ¿ Qué haces?- Pregunta.
- Pienso-
- Me gustaría saber que piensas, cuando no piensas en mí-
- Créeme, no te gustaría- Le digo.
Ahora es cuando ella pone esa cara
de odiarme parea siempre o hasta que la bese.
Yo la beso. Dos veces.
- Quiero fumar- Exige.
Y mientras me pongo la chaqueta
de las tristezas para siempre
y un relámpago atraviesa la ciudad
yo sin paraguas en una calle sin nombre
busco un estanco abierto.
y solamente me queda un cigarro.
" Que te vayas es como quedarse sin tabaco un día de lluvia"
Son las doce y Ana sigue durmiendo
bebimos mucho, demasiado,
empezamos con ron, luego vodka,
más tarde aquel liquido verde impronunciable
que mataba quince penas a cada trago.
Yo tenía dos mil quinientas cincuenta y cinco,
y Ana infinito.
La habitación huele como si se hubieran estado
cosiendo heridas durante toda la noche.
Ana ni siquiera se quitó la ropa.
- ¿ Me sienta bien este vestido?- Preguntó.
- No hay nada que te siente mal cariño- Le dije.
Aunque era mentira,
a Ana lo que le sentaba mejor era el desnudo.
La mayor parte del tiempo la mentira
es el atajo más corto a la felicidad.
La lluvia amenaza con no cesar,
lo que antes eran pequeños charcos,
se han convertido en profundos lagos,
me recuerdan a los ojos de mi madre
cuando mi padre se murió por inercia.
También me recuerda a Laura
pero cuando hay sol tambien ella visita mi memoria
y cuando está nublado,
incluso cuando el hombre del tiempo
no sabe que mierda colocar en el mapa
también está ella.
La realidad es que siempre me acuerdo de Laura.
Ana tiene la teoria de que pensar en otra
también podría llamarse infidelidad,
a estas alturas yo debo ser
el hombre más infiel de este planeta.
Desde el umbral de la puerta ella bosteza,
parece que se ha peleado con diez gatos.
- Deberías hacerme el amor y el desayuno por ese orden- Dice.
Hace mucho que no hacemos el amor,
antes cuando ella no se llamaba "amor mío",
ni yo "gordito" todo era distinto.
Diez minutos después ya no tengo nada en el depósito,
ella bebe café y se fuma mi cigarro.
Que la quiero es indudable, ni siquiera se lo reprocho.
En la mesita del salón hay revistas
con cincuenta maneras útiles para dejar de fumar
y ninguna se llama Ana.
Ninguna dice:
"Cásate con una fumadora y que ella se fume tu parte"
Tampoco dice como olvidarse de ninguna Laura,
ni que hacer cuando la lluvia te encharca los pulmones.
- ¿ Qué haces?- Pregunta.
- Pienso-
- Me gustaría saber que piensas, cuando no piensas en mí-
- Créeme, no te gustaría- Le digo.
Ahora es cuando ella pone esa cara
de odiarme parea siempre o hasta que la bese.
Yo la beso. Dos veces.
- Quiero fumar- Exige.
Y mientras me pongo la chaqueta
de las tristezas para siempre
y un relámpago atraviesa la ciudad
yo sin paraguas en una calle sin nombre
busco un estanco abierto.
martes, 13 de enero de 2009
El hombre pez
Lo más bonito,
de las cosas más bonitas de este mundo,
suceden cuando ella se recoge el pelo,
mientras el espejo la devora
en la tele ponen un documental de animales,
dos arañas hacen el amor
y yo, que solo sé follar,
me deprimo.
Me deprimo hasta que ella hace el enésimo imposible
y se introduce en su vestido verde.
El primero de los imposibles fue quererme
a mí que no me querían ni los gatos,
ocurrió en la orilla de la playa,
ella me quitó el cigarro de la boca
y me dió un beso.
-Te quiero- Dijo.
Luego se tiró al agua y nadó contracorriente
mientras yo escribía su nombre sobre la arena.
A veces yo también soy pez
cuando me meto entre sus bragas
y puedo estar tres minutos y veintisiete segundos sin respirar,
luego me incorpora con sus dedos diminutos
y me llena los pulmones con su aire.
Como si fuera un globo.
Eso de su vientre con forma de caracol es saturno,
aunque ella siempre se empeñe en llamarlo ombligo
y la cicatriz de su barbilla es de cuando sonreir
dependía de un columpio
y el antojo de su pubis
con forma de signo de admiración,
eso. eso soy yo,
cada vez que la observo.
Exactamente como ahora que se está colocando
los zapatos de pisar domingos.
En la tele las arañas ya cesaron de jugar al amor,
la hembra tiene sus ochos patas sobre el macho
y se lo está comiendo,
ella da un salto circense y se me sube encima,
elástica, aeróbica, mortal,
me da un mordisquito en la nariz
y es la primera vez en mi vida
en la que no me importaría en absoluto
ser un insecto.
- ¿ Aún no te has vestido? Llegaremos tarde- Me dice.
- Cierto- Contesto. -Justamente tres minutos y veintisiete segundos-
Ella sonríe y mientras se sube su vestido
toda mi piel comienza a cubrirse de escamas.
de las cosas más bonitas de este mundo,
suceden cuando ella se recoge el pelo,
mientras el espejo la devora
en la tele ponen un documental de animales,
dos arañas hacen el amor
y yo, que solo sé follar,
me deprimo.
Me deprimo hasta que ella hace el enésimo imposible
y se introduce en su vestido verde.
El primero de los imposibles fue quererme
a mí que no me querían ni los gatos,
ocurrió en la orilla de la playa,
ella me quitó el cigarro de la boca
y me dió un beso.
-Te quiero- Dijo.
Luego se tiró al agua y nadó contracorriente
mientras yo escribía su nombre sobre la arena.
A veces yo también soy pez
cuando me meto entre sus bragas
y puedo estar tres minutos y veintisiete segundos sin respirar,
luego me incorpora con sus dedos diminutos
y me llena los pulmones con su aire.
Como si fuera un globo.
Eso de su vientre con forma de caracol es saturno,
aunque ella siempre se empeñe en llamarlo ombligo
y la cicatriz de su barbilla es de cuando sonreir
dependía de un columpio
y el antojo de su pubis
con forma de signo de admiración,
eso. eso soy yo,
cada vez que la observo.
Exactamente como ahora que se está colocando
los zapatos de pisar domingos.
En la tele las arañas ya cesaron de jugar al amor,
la hembra tiene sus ochos patas sobre el macho
y se lo está comiendo,
ella da un salto circense y se me sube encima,
elástica, aeróbica, mortal,
me da un mordisquito en la nariz
y es la primera vez en mi vida
en la que no me importaría en absoluto
ser un insecto.
- ¿ Aún no te has vestido? Llegaremos tarde- Me dice.
- Cierto- Contesto. -Justamente tres minutos y veintisiete segundos-
Ella sonríe y mientras se sube su vestido
toda mi piel comienza a cubrirse de escamas.
domingo, 11 de enero de 2009
Rutinas
Quería un poema que se llamara como ella
pero de tanto llamarla "cariño"
había olvidado su nombre.
pero de tanto llamarla "cariño"
había olvidado su nombre.
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