miércoles, 29 de junio de 2016

Mute

Os podría contar como se pone el sol
justo detrás de su nuca,
como se le enrojecen los pómulos
si los besos son con lengua.
Os podría relatar como se le abren los ojos
cada vez que se arrodilla,
o como se le cierran los puños
cuando quiere para siempre.

Podría describir sin reparo
su gemido cuando llueve,
o el lugar exacto donde cosquillas
se parece a ser feliz.
Confesar que entre sus piernas
hay más amor que en mil bodas,
resumir con su presencia
la belleza de este mundo.

Advertiros que su lengua
es una gata asustada,
que su escote un laberinto,
que su coño vacaciones,
que su abrazo libertad.

Comentar que cuando anda
descalza por los pasillos
con su camisa (que es mía)
con sus braguitas de encaje,
con el cielo de la boca
perfumando de café
los sueños que ya no duermo
porque los vivo despierto,
soy tan feliz que podría
prometerle amor eterno
y eternizarla después.

Podría también convenceros
de que su culo es poesía,
de que no hay verso que pueda
compararse a su cintura,
ni folio en blanco que corte
más que el frío de su ausencia,
ni libro que muestre tanto
como su espalda desnuda.

Podría describir su belleza
de un modo tan exacto,
que hasta el último de ustedes
en un ataque de amor
también tendríais que amarla
y de un modo tan intenso ,
que antes de este poema
dudaréis si habéis amado
como ahora la amo yo.

Podría pero no puedo ,
porque la tengo tan cerca
que tengo atadas las manos
al futuro de sus pechos
y tengo anclada la boca
al presente de sus labios.

Supongo que sabréis disculparme
este bendito silencio.

miércoles, 6 de abril de 2016

Poema a favor del insomnio

Esto es el mar cariño,
aquí papi ha sido tan feliz
que a veces tenia agujetas en la mandíbula.

Cuando mamá estaba cerca
era como si el aire que respiraba
me hiciera cosquillas por dentro.

A veces a tu madre le daba por nadar tan lejos
que las olas en lugar de romper
volvían para poder acariciarla.

Y allí en aquella piedra, la segunda,
la que tiene forma de perro tumbado
nos dimos nuestro primer beso.
Nos estuvimos mirando a los ojos
más de media hora,
hasta que por fin ella,
que siempre fue más valiente
se juntó a mis labios.
Es lo más cerca que he estado de volar
en toda mi vida.

Recuerdo que llevaba un vestido verde
y que era ella la que le daba luz a la luna.
Aún está guardado en el armario,
cuando crezcas y te le parezcas tanto
que me duelan tus novios
como patadas en el alma,
te lo pondrás frente al espejo
y entenderás sin preguntas
cuanto puede amar un hombre.

Hicimos muchos planes mi niña,
yo prefería jardín,
ella terraza,
yo que mejor a las afueras,
ella que céntrico y ruidoso.
Yo con miedo a los bullicios
ella de blanco y por la iglesia,
yo de barrio como siempre
ella  París que es tan bonito,
yo que cantara aquí en mi oído,
ella poemas a su boca.
Y tu nombre por supuesto,
eso también lo planeamos
 y creo que es en lo único
que siempre estuvimos de acuerdo.

Sonabas tan bien
y tan rubia,
y tan nuestra.
Y eso que aun no eras más que el soplido
sobre alguna tarta de chocolate.

Y allí,  justo detrás del centro comercial,
está el parque donde acabaría empujando
a las dos sobre los columpios,
a ti para escuchar tu risa
y a ella para que de una vez por todas
separará los pies del suelo.

Hay personas pequeña
que no saben soñar.

Y ese el tobogán causante
de la cicatriz de tu rodilla
y del beso para curarte
mucho más eficaz que la mejor de las farmacias.

Y aquel el campo donde dictaríamos clemencia
sobre la belleza de las flores,
esta la heladería donde mancharías de fresa
tus sueños y los míos,
ese el kiosko donde pagaría tu sonrisa
lo que gritara tu dedo
y el colegio donde aprenderías por fin
por qué decía infinito después de los te quiero.

Si hubiéramos sido capaces de cumplir
la mitad de las promesas
y mamá no se hubiera marchado
a nadar lejos,
mucho más lejos de mis ojos,
con otras olas,
otro vestido
y otros besos.
Si  ella hubiera aprendido a soñar
y a columpiarse,
y yo hubiera aceptado ciudad
y mis complejos.

Si tú hubieras nacido querida Ariadna
te juro que habrías sido la niña
más feliz del mundo.

Y yo el culpable.

martes, 2 de febrero de 2016

Charcos en el mar

Entonces se desnudó
y donde ella aseguraba que sobraban kilos
yo juré que le faltaban besos.

Podríamos haber hablado de frío
a tres metros de distancia,
ignorar tiritando de deseo
cuantos veranos nos caben en los brazos.
Coser enero en el quicio de la puerta
e intentar descifrar en el vaho de los suspiros,
si nombrarnos nos sabe
como un beso en la boca.

No he llegado a saber el verdadero significado de la sed
hasta no sentir tus manos acariciarme la nuca.
De rodillas el cielo queda a la altura de la lengua.
Tus muslos se abren
como quien abre un paréntesis,
como quien cierra un pasado.

Podríamos habernos sentado a hablar de la lluvia,
observar con la inocencia perdida
nuestro reflejo en los charcos
pero decidimos ser los dueños
de la próxima tormenta.

Desnuda pareces una playa
donde naufragan las islas.

Gimes y toda la habitación baila
como si tuvieras en la garganta
los acordes de mi vida.
Como si la música no existiera sin tu boca.
Traduzco tus suspiros al idioma del deseo
y toda mi existencia se resume a tus labios.

Follarte es estar dentro del poema.

Nos leemos despacio,
tienes adjetivos en las caderas
que aún ni conocía.
Voy a llenarte la vida de palabras esdrújulas,
los sueños de verbos en futuro perfecto,
las manos de puntos suspensivos,
los ojos de signos de exclamación.

Y voy a cerrar el paréntesis después de tu nombre.
Como quien cierra una estrofa.

Para quedarnos dentro.


jueves, 3 de diciembre de 2015

¿ Qué hora es por allí?


¿Recuerdas aquella serie a la que estaba tan enganchado?
Creo que era tu compañía lo que la hacía buena.
Se va a quedar a medias, como mi vida.

Estoy anclado en un capítulo que se repite,
despierto y no estás,
lloro sin lágrimas
y digo algo en voz alta sobre el fracaso.
Luego me masturbo,
nunca pienso en ti,
me da vergüenza manchar el amor.

Sin ti soy una abeja en una flor de plástico.

Lo jodido es cuando uno echa de menos
esas cosas que antes le ponían enfermo.
Tus retrasos, por ejemplo.
Ahora me visto y añoro hasta el dolor
de no tener que esperarte.
A veces, incluso, me siento en el sofá
y calculo de memoria cuánto tardabas
en alisarte el pelo,
o en colocarte tres vestidos
para acabar poniéndote el de siempre,
solo entonces salgo a la calle.
También es sin ti,
pero el reloj no lo sabe.

De vez en cuando le doy al play a mi vida
y te quedas tirada en mitad del destino
y vivo sin ti y muero por otra
y ensucio tu nombre con otra saliva
o hinco mis piernas al sabor de otras olas.
A veces sonrío aunque no lo creerías,
o canto en la ducha y le bailo al espejo
y digo te quiero después de un orgasmo
o hago promesas que no cumpliría,
a veces parece que tú no existieras.

Luego rebobino y apareces de nuevo.
Pidiendo disculpas,
rogando una copa,
diciéndome aquello de amor para siempre,
jurando que nunca te irás de mis labios,
dejando tu olor pegado a mi cuerpo,
lamiéndome heridas que llevan tu nombre.

Yo le doy al pause antes del te amo
y vivo una vida que ya no es la mía.

No se puede evitar lo que nunca se olvida.

Por eso estoy aquí, sentado en el sofá que tú misma elegiste,
con toda la impaciencia que me cabe en el pecho,
vestido de idiota para el cumpleaños de Ainara
fingiendo que aún vas por el segundo vestido,
el cabello rebelde
y un espejo farsante.

Y que vamos a llegar tarde, como siempre.

viernes, 28 de agosto de 2015

Asfixia



Respirar es alejarme de tu coño.
Suena horrible pero así es la inercia
cuando es sin ti.

También puedo decirte cómo es el cielo,
aunque me lleven la contraria
los veraneantes que piensan que vacaciones es vivir.
Como si hubieran estado contigo.
Como si la vida dependiera de el azul del cielo
y de lo profundo del oceáno.
Como si una butaca con vistas a la orilla
donde dos italianas juegan a pervertir las olas
pudiera compararse a verte sonreír después de robarte
un beso y las gafas de sol.

Besarte con ellas puestas era como besarme a mí mismo.
Y yo nunca me he querido.

Respirar lejos de tu boca
es insultar al mismo viento.
Que por cierto, hace menos viento
desde que no te pones falda.
No lo llamaría ni brisa.
Y me la suda que los tendederos al moverse
parezcan banderas de un país de donde no quiero ser,
que al agitarse dieran la impresión
que pudieran llover las braguitas de cualquiera,
porque siempre será cualquiera si no eres tú.

Respirar lejos de tu nuca
es como soplar las velas
de cada año que no pasé contigo.
Como descumplir todos los deseos a la vez.
Horrible, como toser en un suspiro.
Estúpido, como suspirar en un recuerdo
que ni sabes olvidar porque no puedes
y no debes recordar porque suspiras.

Asfixiarte, a eso se parece respirar sin ti.
A bolsa de plástico en la cara.
A mano en la nariz del enemigo.
Al pie de tu sombra sobre el pecho.

A  la maldita alergia al polvo
que se acumula sobre tu nombre
en el mueble del salón.
A no saber limpiarlo sin borrarte.
A no tener los cojones de volver a escribirlo
sin  parecer a la vez que te llamo en voz alta
pero sin aire.
Como si me ahogara yo mismo
y tú tuvieras la culpa.

Inercia, de esto se trata el vivir sin ti,
aunque el vivir no signifique vida
y la vida no se traduzca en aire
y el aire no sepa de vientos
ni el viento vuelva a aparecer
hasta verte de nuevo con falda.

Entonces tal vez vuelva a respirar,
respirar de verdad,
aunque me falte el aire.

jueves, 11 de junio de 2015

Agárrate fuerte y volemos


Quería contarte un secreto: Te quiero.
Pero no un te quiero para no odiarme a mí mismo.
Tampoco un te quiero para quererme contigo,
un te quiero para quererme por ti.
No un te quiero de ropa por el suelo,
ni de cielo sin tu boca,
ni de boca para fuera.
Un te quiero desde dentro y hasta el fondo.

Un te quiero de verdad,
de los de duele.
De formar una familia,
de familiarizar nuestras formas.
Un te quiero con carencia de equipaje,
no sé si me entiendes.
Sin viaje de vuelta,
a no ser que la vuelta
sea volverme contigo.

Un te quiero de quedarme
y que te quedes,
de cicatrices a besos
y de lunes con cosquillas.
De resbalar por la espalda
y columpiar por la nuca.

No un te quiero de coño en la boca
(aunque también).
No un te quiero de fóllame hasta el alma
(pero ojalá).
Un te quiero de vestida estás más guapa
y desnuda estás más puta.
De no saber si pagarte
o pedirte matrimonio.

De esos,
de retumbar
y escalofríos.
De tormentas en mis brazos
y relámpagos en el pecho.
No un te quiero de disculpas.
No un te quiero de reloj y calendario.
Un te quiero desde ahora y hasta siempre.

Un te quiero de ¡Joder, cuánto te quiero!
Y que de tanto querer estoy jodido
si no me quieres tú como te quiero.

No un te quiero de París ni de Venecia,
a mí me bastas tú en el paisaje.
Ni siquiera el mar me es necesario,
puedo desaprender a nadar si me lo pides,
yo solo me ahogo sin ti,
estoy seguro.

Un te quiero con estrías,
de llorar haciendo ruido,
de reír sin taparse la boca.
Un te quiero sin bostezos
y sin insomnio.
Un te quiero de dormir hasta las tantas
y despertar solo contigo.

Un te quiero de ahora, de ya y de ven,
de envejecer de la mano,
de descumplirnos las décadas,
de suspirar los deseos
que se cumplen al besarnos.

Quería contarte un secreto: Que te quiero.
pero he pensado que mucho mejor que decírtelo
va a ser conseguir que tus ojos lo vean.

lunes, 8 de junio de 2015

Consumir preferentemente antes de que me olvides

Me ha atado las manos por detrás de la cabeza,
dice que me va a robar todas las caricias
que no le di pensando en otras.
Que ya es tarde,
que llevo diez años de retraso,
que el tipo aquel del asiento de atrás
de un coche que apestaba a abandono
debía ser yo y no un aprendiz
de agarrar la cabeza.

Dice también que yo no le voy a agarrar la cabeza.
Que jamás la veré debajo de mi cintura.
Que le duelen las rodillas de buscar el amor
y le duele el amor de doblar las rodillas.
Que a estas alturas de su vida, ya sabe
que el amor ni se busca ni se dobla,
solo se rompe,
o llega tarde.

Muerde justo donde debía haber un corazón.
Se asegura del latido y abandona.

Tiene el pelo hecho del viento
que levanta las faldas de todas las mujeres
y el ánimo de todos los hombres.
Yo sigo creyendo que soy un hombre.
Ella lo duda.

Podría hacer cosquillas pero duele.
La última vez que dijo te quiero
estaba frente a un espejo
y era mentira.

Da un largo trago
de algo que hay en la copa de la mesita,
luego lame mis cicatrices como
si tuviera el poder de abrirlas de nuevo
y me cose un beso sin lengua
donde me sobra el amor.

Estoy desnudo.
Ella sigue vestida.
Parece invierno si la miras a los ojos.
Juraría cada vez que se aproxima
que se avecina una tormenta.
Y yo nunca juro en falso.
Las promesas son otra historia.

Me clava las isobaras en el vientre,
me  llena los párpados de nubes grises,
secuestra al sol de entre mis piernas
y relampaguea con fuerza por mi rostro
hasta que su saliva
tatua una lluvia interminable
que me baja desde el cuello
hasta la orilla.


Soy un charco que refleja su sonrisa.
Una ola que se rompe en mi pasado.
Una gota de sudor de su mejilla.

Me habla de otros, esa es su tortura.
Todo el masoquismo le cabe entre los labios.
Se sienta en una silla
y me cuenta las veces que ha reído sin mí,
hace un balance alfabético por los hombres de su vida,
dobla mi ego hasta que decido abandonarlo,
ella lo recoge con asco, al borde de la cama
y lo lanza lejos de mi vista.

No lo vas a necesitar. Dice.
Yo diré cuándo estás guapo. Y ríe.
Y su risa a pesar de todo
es lo mejor que me ha pasado
en la última década.

- Diez años tarde, hijo de puta.
- Pudimos haber sido tan felices.
Habla ella pero es mi voz
la que suena desde el fondo.
El mismo reproche,
la misma garganta.
La misma cara de idiota
que en las fotos.

Desata el nudo de mis manos
como si la libertad fuera parte de la condena,
me hace cerrar los ojos,
sé que no estará cuando los abra.
Lleva diez años ocurriendo lo mismo.

Diez años dejándome su recuerdo a los pies de la cama,
su olor en un rincón de mi memoria,
su boca en lo más intimo de mis sueños,
sus manos en la dura batalla
contra la nostalgia.

Diez años desde que opté por el camino
contrario a su cintura,
dejando su culo sentado en un banco,
donde nunca nadie más ha esperado un beso,
y al que acudo cada ocho de junio
para que su lluvia
me humedezca los recuerdos.