martes 21 de febrero de 2012

Poema para después de cenar



Llevaba esas medias negras

que hacían de mi fetichismo hambre

y los tacones que le ponían banda sonora

a las aceras de mi vida.



- La diferencia entre ser animal u hombre,

eres tú en el paisaje.



No recuerdo si se lo dije o lo ladré.



Sólo sé que cuando dijo mi nombre

como quien completa un crucigrama,

yo ya estaba de rodillas averiguando

el color de mis sueños.



Eran blancos,

blanco nube.



Nos besamos sin boca muchas veces

y otras, nos pegábamos en las comisuras

de tal manera que confundíamos,

qué labios correspondían a cada uno.



Nos apretábamos como ciegos,

por si los ojos se nublaban, no perdernos

camino de la piel,

y nos lamíamos, tan intensamente,

que incluso después, la cena

aún tenía el sabor a nosotros.




De rodillas el mar parecía más hermoso,

tecleé con mi lengua los dedos de sus pies,

me observaban sus zapatos desde la alfombra,

como un anciano un escote prominente.

Gemir era canción cuando sobre la cicatriz de su rodilla

borré aquella losa que la hizo resbalar,

cuando aún no era dueña de los bordillos de mi calle.



Y fui pez, claro,

no podía ser otra cosa cuando respirar

sólo dependía de sus manos,

cuando sus muslos calentaban mis orejas

y el invierno era una absurda metáfora

en la humedad de los cristales.



Luego, como una gata vagabunda,

trepó por mi pecho,

mi piel fue mapa físico

y ella quiso de un mordisco,

del que guardo aún el romanticismo

en una cajita de galletas,

hacerse una ciudad sobre mi espalda.



Y nos fuimos,

rozando los límites de lo prohibido,

saltándonos las barreras del amor,

y me fui dentro y fuera de su alma

y se fue en mi boca

y de mi vida

por la misma puerta que había entrado,

con el pelo recogido

y las medias intactas.



Y quisimos odiarnos eternamente

pero cuando nos dimos cuenta

ya nos queríamos demasiado

y tuvimos que fingirnos

como fingen los orgasmos

las putas del polígono.



Yo me inventé un apodo para llamarla sin que me doliera

y ella una excusa para engañar a su marido.



Y todavía nos vemos, claro,

en este rincón precioso

de la memoria.

miércoles 15 de febrero de 2012

Y al final mi vida no era tan horrible



Te juro que pasaba por aquí,

como pasa el aire bajo las faldas de las secretarias,

que no tenía intención alguna de encontrarte

ni de que existieras

incluso cuando te vi pensé que eras otra,

cualquier otra,

y no mi vida.





Luego un amigo de esos que se tienen

por casualidades alfabéticas,

me preguntó aquello de:

- ¿Que tal tu vida?



- Mi vida, mi vida es realmente preciosa. Contesté.



Se fue fingiendo una sonrisa calle abajo.



Nunca entenderé porque la gente es más feliz,

si comparte la tristeza.



El caso es que mi vida tiene los ojos verdes

y yo no lo sabía

y cuando sonríe se come toda las oscuridad de la noche de golpe.

Resulta que mi vida cuando camina,

apretada a los edificios de las calles

donde pienso besarla algún día,

su culo baila a dos orgasmos por minuto.



A tres si la pienso sin bragas.



Parece sacada de las manos de un dibujante disney

una noche que se pasó con el deseo.



Realmente preciosa de veras.



Como lo amaneceres de las playas de Cádiz,

o el pie de Salma Hayek en cierta película de zombies,

como ver nevar tras los ventanales de tus ojos

o el preludio cualquiera antes de un beso.



Algo así.



Y es cierto que pasaba por aquí,

como una gota de agua pasa por tu pezón izquierdo,

que si alguien me hubiera dicho,

tu vida espera el autobús y no fuma

y lleva botas planas de esas

que no avisan cuando llega el deseo,

si me previenen de que mi vida

es tan paisaje de nadie

y tan sueño de todos,

o es tan bonita que duele

hasta el aire que respira y no te toca.

Seguramente hubiera cogido otro camino para no verla.





Pero ahora que está ahí delante,

haciendo con su goma del pelo

el truco de enamorarme hasta el odio,

ya no puedo hacer otra cosa que amarla.



A mi vida,si,

tanto y de un modo tan intenso

que es la primera vez en cuatro años

que le tengo miedo a la muerte.

viernes 3 de febrero de 2012

Azul infierno



Lo único que quiero es correr

y que cualquier recuerdo de ti

se asfixie junto a un bordillo

a tres galaxias de distancia de mi vida.



Debo ser el eslabón perdido entre el mono y Adán

y ella una mujer de esas

a las que quieren hasta las suegras.



Por eso quizás ahora,

debería arrancarme tus adjetivos

con pinzas de tender la ropa

y del hilo cualquiera de tu pijama rosa

colgar mi cadáver,

que mi cuerpo se columpie de tu ausencia.



Que el desamor parezca un juego de niños

y no el fallecimiento de un hombre.



Y cuando hablo de morirme,

no estoy hablando de la muerte

si no de la parte de mi vida que te llevas.



Junto a mi colección de suspiros,

justo al lado de mi ultima risa,

en medio de aquella lágrima que se me cayó

cuando llenaron a Clint Eastwood de acero

en aquella película sin héroes,

está tú "siempre" cubriéndose de polvo.



Y aún así todavía me emociono

cuando en el espejo del baño

tu nombre y un corazón crecen sobre el vaho.



Es lo mas mágico que pasa entre estas paredes,

desde que hiciste clik sobre la puerta

y desapareciste.



Un truco muy viejo por cierto.

Muy viejo y muy sucio.



Los dos sabíamos perfectamente,

que en una relación cuanto más fuerte es el portazo,

más intenso es el amor.



Pero a un clik,

no hay modo alguno de agarrarse.



Los chirridos de las bisagras,

son los insultos de las mujeres

que ya no volverán.



Esta maldita casa tiene un eco

y me duele el idioma de las puertas,

como violinistas de barcos hundidos

sacando a flote todas mis miserias.



Y maldigo,

aquellas canciones que pusiste en mi pecho

antes de arrancarme el hígado a base

de penúltimas copas en bares,

donde los besos huelen a látex y a fracaso.



Cuando el dolor se hace rutina,

el amor se evapora

como lágrima en la ducha.



- Serías la última persona del mundo a la que amaría ahora.

Eso dijiste.



No reproché nada,

porque exactamente a mí

también me ocurre lo mismo.



Que soy la última persona,

a la que amo.

martes 24 de enero de 2012

De flotar y otros vuelos

1


Existe cada vez que la pienso.



2



Mirarla es como caer al vacío eternamente,

se parece a flotar pero con esa sensación de vértigo infinita

que dan los edificios de Nueva York.



3



Es aquella de allí,

bueno seguramente no la ves,

a primera vista no es la típica mujer

que sale en los sueños de los hombres.



Sin embargo,

ocurre que solo desde que la sueño,

me siento hombre.



4



Es verano ella.

Toda.

Su vientre es como una ciudad costera,

su ombligo una isla,

sus pechos los salvavidas para después del naufragio,

imagino que deduces ya donde empieza la orilla.



Pues una vez nadas hacia dentro,

el mar, el de verdad, sin ella

te parece una ofensa.



5



Tengo una terrible necesidad de que me haga daño,

que me muerda,

o me clave un tacón en el pecho,

que abra una herida en mi piel

con el tamaño de su nombre,

o me cuelgue de la lámpara

y haga carretera secundaria

esta espalda de paso de peatones.



Cualquier cosa que la haga real e intensa

y no sea otra pasión de esas

que deja notitas en la nevera

y besos de buenos días en la mesita de noche.



Algo que duela de verdad.

Como el amor.



6



Si alguna vez se me ocurre hablar de su boca,

si en algún momento soy tan estúpido de hacer metáforas sobre ese infierno

que antecede a su garganta,

si soy capaz de decorar su sonrisa con algún adjetivo,

no os estaré mintiendo,

solo será otro intento fallido de expresar la realidad.



7

No recuerdo cuando fue la primera vez que la vi.

Pero si en que momento aprendí a mirarla.



8



La pienso cada vez que existe.

Siempre.

jueves 12 de enero de 2012

Poema para ignorar tu ausencia



Debería estar cómodo en este poema

ponerte tu mejor vestido,

tus zapatos mas altos,

la mirada aquella que solías usar para acabar con la tregua,

quizás una flor en el cabello

así como al comienzo de una primavera,

o tal vez cogerte una cola bien apretada

de ejecutiva a punto de mandar al paro

al ultimo trabajador honesto de su empresa.



Bragas por supuesto,

los tangas son tan ofensivos para mis ojos

como las camisas blancas en los entierros.

Las uñas de rojo y ningún perfume

que altere tu verdadero aroma,

si acaso, unas mínimas gotas de vainilla por el cuello

para orientarme cuando me pierda

en el laberinto de tu vientre.



No dirás te quiero en ni un solo verso,

al menos con la lengua,

podrás usar los ojos y la pelvis,

las manos, la cintura o los muslos,

usarme a mí también como prefieras.

Como barco a la deriva de tus ojos,

como un jersey que te pervierta el frío,

como mentira cruel o como sueño,

incluso como hombre si deseas

llegar antes a la cita del orgasmo.



Y en este poema serás mía

y habrá huelga de taxis en las calles

y autobuses ciegos a tu paso.

Haremos el amor hasta que acabe

y luego volveremos a empezar,

serás abecedario y yo palabra,

seré perro de nadie y tu collar

seremos un plural interminable.



Un mar inmenso en la ventana del salón

nos desayunará cada mañana

y tomarás el sol desnuda en la terraza

y follaran de memoria los vecinos

las curvas peligrosas de tu cuerpo.

Seremos acróbatas de la encimera

en posturas que no existen todavía

mientras silba la olla express con disimulo

una canción que nos recuerde a nuestra infancia.



Y nunca más dirás adiós,

ni se harán maletas a lo Mary Poppins sobre la cama,

no existirá París ni un tal Yanick

borrará mi nombre de tu agenda,

mis apellidos de tu árbol genealógico.



Siempre significará siempre.

¿ Lo entiendes ?

Siempre,

como una condena.

Y no como una palabra usada

para eternizar un momento.



Y ahora mientras te despierto con un beso

y sonríes como aquella tarde en que el mundo,

se paró para nosotros en un beso

de cuarenta y cinco segundos.

Te propongo que te agarres a mi vida,

que no dejes mi destino a la intemperie

y de un salto te me subes por el cuello

y me abrazas diciendo dulcemente

que sí, que este es mi poema

y no puedes negarte.



Y cerramos el futuro bajo llave.

miércoles 4 de enero de 2012

Yo a Nueva Zelanda y tú a la mierda




Aparqué los besos en doble fila,


tenía prisa.



¿Alguna vez te he hablado de Nueva Zelanda?

Está tan lejos que ni tu recuerdo

puede alcanzarme.



Decía Tim Robbins en Cadena Perpetua

que el Pacifico no tiene memoria.

Es jodido que tu alma gemela

sea un océano.



Adentrarse en sus aguas debe ser

como follar con tu hermana.



En doble fila,

tenía prisa por llegar

a ningún sitio.



La chica rubia se llama Mery Sue

y no ha dicho te quiero ni una sola vez en su vida.

Tiene los ojos tan profundos que si los miras directamente

ves la fecha de tu muerte escrita en árabe.



Bebe sola,

duerme sola

y a veces folla conmigo.



Pero del amor ni rastro.



Llegaba tarde,

tenia cita con nadie,

por eso aparqué de este modo.



Nadie vino, claro,

como siempre.



No hay un solo punto de Nueva Zelanda

que esté a más de ciento veinte kilómetros de la costa.

Y cuando la tierra se agita,

parece que el mundo baila

una canción de deep purple.



Decía Mery Sue:

Como digas un puto diminutivo en esta casa,

te arranco los huevos con las manos.



Tiene pinta de niña buena,

de esas que se acuestan a las once

y no se olvidan nunca, nunca, nunca,

de rezar un Padre Nuestro.



Pero luego te follaba con tanto ímpetu

que dudabas si lo que habías hecho hasta entonces

tenía algo que ver con el sexo.



De esos que tienen las orejas enormes

y mueven la cola a todo el mundo,

de esos sin raza ni nombre,

un perro de mendigo, a eso me refiero,

pensó que mis besos eran basura

y se los comió.



Y yo, sin besos,

no sé qué otra cosa podría darte.



Aunque lo mismo ya no vienes,

son las once y quedamos a las nueve

de un enero como este...

del año pasado.



En Auckland las mujeres mienten en ingles,

prometen con los ojos

y aman para siempre porque siempre

solo dura trece minutos.



Desde el monte Cook puedo ver

mi vida sin ti.

Y no es tan horrible.



También puedo ver mi vida sin mí

con un sólo paso hacía al vacío.

Pero eso no es nada emocionante.



Ahora mientras "Hijo de puta",

que así se llama el chucho que se comió mis besos,

mueve la cola en el salón,

yo pienso en Mery Sue,

en mirarla tan profundamente a los ojos

que al menos conozca mi epitafio.



Y luego si eso,

ya veo lo que hago con mi vida.

martes 27 de diciembre de 2011

Feliz navidad (aunque feliz, lo que se dice feliz, tampoco es que sea)


Debes tener las bragas rosas con lacito

y el pubis suave como la nata que decora

algunos yogures de chocolate.

Debe saber a platónico, a imposible, lamerte los tobillos,

a dormir hasta las tantas, la curva de tu espalda.



Debe ser perverso colgarse de tu cabello,

como una película de Belladonna sin Belladonna,

debe olerte el cuello como huelen las sábanas de las putas

dos minutos antes del pacto de la carne.



Me bebí la penúltima en un bar de esos

donde las mujeres se cambian el nombre

como los niños los cromos en los patios del colegio.

Luego anduve calle arriba por avenidas

iluminadas, hasta el insomnio,

al fondo se oían cohetes,

era navidad y sonreír,

un truco de magia.



Sí hay regalos para los niños malos,

lo que no hay son regalos para los niños pobres.



En los contenedores de basura hay comida para media África,

dos perros urgan en la intimidad de la familia Martínez,

son bolsas azules de esas perfumadas,

Toby, así deduzco que se llama el de la mancha negra en el lomo,

nunca había cenado pavo hasta entonces.



Mañana va a amanecer igual para todos,

las hijas tendrán resaca,

las madres, miedo,

un gordo ficticio con barba ficticia

colgará en la percha su disfraz de pedófilo,

Toby moverá la cola con más energía que nunca

y el niño que fui mirará por la ventana,

por si acaso el mundo se ha parado de repente.



Como en un beso.



Seguramente en París se duplique la venta de postales

y abrazarse sea cotidiano y falso

como una película de Almodóvar,

y giren las nóminas y el cartón del paro

en torno a un árbol comprado en un chino.



Y tú dormirás en una canción de un cantautor borracho,

rodeada de peluches que miran a los ojos

mientras tus zapatos, a los pies de la cama,

recuentan la distancia entre nosotros.



Respirarás ajena a este universo

que he creado para tenerte cerca,

con tu pijama amplio de evas y manzanas

y unas bragas rosas con lacito,

para atarme bien los sueños a tus manos.