lunes, 30 de marzo de 2009

El espejo

Odio lo que queda de mí,
lo que no te llevaste.
No diré que soy peligroso
pero a veces me da por disparar
y te prometo que nunca fallo.

Deberías alejarte del punto de mira,
hoy tengo un día rojo,
de esos en los que la vida
cuelga de un hilo
y el minutero está anclado
en la hora equivocada.

Odio que estes ahí
en el espejo mirándome,
reprochándome lo previsible que soy.

Odio que esperes la bala
para cortarme los pies
con el cristal del complejo,
reflejando esa sonrisa infantil
que dejo de ser mía.

Debería dispararte a los ojos
y borrarte la cara,
otra vez,
nunca me gustastes
y ahora
ni siquiera te conozco.

3 comentarios:

Billy MacGregor dijo...

Espera. Es que estoy haciendo café. Voy y pienso cómo te lo voy a decir.
Ya he vuelto.
Estoy pensando.
Es que si digo que te quiero van a pensar que soy una mujer y eso. A mi me da igual, porque me hubiera gustado. Lo digo por ti tío.
Pero es la verdad, lo juro. No encontraría unas palabras mejores.

Que si me gusta tu poema, que si es que te sales, que si cada día lo haces mejor, bla bla bla.
No no no.
Cuando uno se revuelca como un cerdo en unas letras como estas, eso tío, eso es amor.

Bibiana Poveda dijo...

Tengo ganas de darme ese tiro.
Mirá lo que hacés, poeta...
Un abrazo más.

Bismark Estrada dijo...

negarlo es palabras como las tuyas es solo el reflejo de lo obvio eso si tal vez el presente lo cambie todo