jueves, 21 de mayo de 2026

XENON *


* Elemento químico de número atómico 54. Gas noble incoloro, denso y presente en trazas en la atmósfera terrestre. Su nombre proviene del griego *xenos*, que significa «extraño» o «extranjero». Bajo una descarga eléctrica, emite un brillo azulado, profundo y frío.

Estado de la memoria que habita en el pecho cuando el presente se vuelve un lugar ajeno. Melancolía que transforma al individuo en un extranjero de su propio tiempo, haciendo que los recuerdos brillen con una luz hermosa, pero atrapada en un vacío irreversible



Como si un lanzador de cuchillos

se hubiera vendado la mirada

y justo después comenzara a temblar.

Así sentía sus ojos:

profundos y torpes,

tropezando en mi piel.

Después de una caricia, una herida;

después de las cosquillas, dolor.


Lo reconocí al instante.

Como si diez años

cupieran en un ayer infinito.

Sé que se detuvo;

el espacio que nos separaba

se llenó de repente de planes rotos,

de promesas vacías,

como las que lanza un niño

después de la culpa.


«Solo la ignorancia nos hará felices».

Pero no fue cierto.


Hubo momentos en que sí.

En que la risa era ruidosa

y el pasado, un bostezo.

En los que, vestida de blanco,

parecía una princesa.

Y Roma fue eterna

antes del divorcio.

Luego todo volvió a su lugar,

menos tú.


Y ahora, de repente, te echo de menos.


Por eso no levanto la vista del móvil

y llevo anclada en este crucigrama

desde que tu silueta

desacierta en todas las definiciones posibles.

La única palabra que cabe es tu nombre

y no, no voy a decirlo.


Tú tampoco harás ningún movimiento.

Contarás luciérnagas, matarás dragones,

pintarás el cielo, traducirás silencios.

Pero no serás capaz de decirme hola.

Puedes alterar un futuro,

pero no hay modo de arreglar un pasado.


Supongo que tú tampoco fuiste a aquel café.

Veintiuno de octubre, seis de la tarde,

hace siete años.

Él se llamaba Héctor;

imagino que la tuya

tendría un apodo cariñoso.

¿Cómo íbamos a suponer que aquel beso

era el último,

que el hasta siempre era hasta nunca,

que la distancia, el olvido?


Preferimos tregua a infidelidad,

silencio a emoticonos absurdos,

una cita imposible a un viaje relámpago.

Y ahora aquí estamos:

tú pensando en todo 

lo que no fue

y yo maldiciendo lo que pudo haber sido.


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