jueves, 21 de mayo de 2026

XENON *


* Elemento químico de número atómico 54. Gas noble incoloro, denso y presente en trazas en la atmósfera terrestre. Su nombre proviene del griego *xenos*, que significa «extraño» o «extranjero». Bajo una descarga eléctrica, emite un brillo azulado, profundo y frío.


Como si un lanzador de cuchillos

se hubiera vendado la mirada

y justo después comenzara a temblar.

Así sentía sus ojos:

profundos y torpes,

tropezando en mi piel.

Después de una caricia, una herida;

después de las cosquillas, dolor.


Lo reconocí al instante.

Como si diez años

cupieran en un ayer infinito.

Sé que se detuvo;

el espacio que nos separaba

se llenó de repente de planes rotos,

de promesas vacías,

como las que lanza un niño

después de la culpa.


«Solo la ignorancia nos hará felices».

Pero no fue cierto.


Hubo momentos en que sí.

En que la risa era ruidosa

y el pasado, un bostezo.

En los que, vestida de blanco,

parecía una princesa.

Y Roma fue eterna

antes del divorcio.

Luego todo volvió a su lugar,

menos tú.


Y ahora, de repente, te echo de menos.


Por eso no levanto la vista del móvil

y llevo anclada en este crucigrama

desde que tu silueta

desacierta en todas las definiciones posibles.

La única palabra que cabe es tu nombre

y no, no voy a decirlo.


Tú tampoco harás ningún movimiento.

Contarás luciérnagas, matarás dragones,

pintarás el cielo, traducirás silencios.

Pero no serás capaz de decirme hola.

Puedes alterar un futuro,

pero no hay modo de arreglar un pasado.


Supongo que tú tampoco fuiste a aquel café.

Veintiuno de octubre, seis de la tarde,

hace siete años.

Él se llamaba Héctor;

imagino que la tuya

tendría un apodo cariñoso.

¿Cómo íbamos a suponer que aquel beso

era el último,

que el hasta siempre era hasta nunca,

que la distancia, el olvido?


Preferimos tregua a infidelidad,

silencio a emoticonos absurdos,

una cita imposible a un viaje relámpago.

Y ahora aquí estamos:

tú pensando en todo 

lo que no fue

y yo maldiciendo lo que pudo haber sido.


lunes, 11 de mayo de 2026

FRANCIO *

 *Aunque es extremadamente peligroso y radiactivo, su vida media es de apenas unos pocos minutos. Se podría decir, en un sentido figurado, que "desaparece" rápido (se desintegra) antes de poder interactuar mucho.


Como quien pulsa el timbre de la esperanza,

soltaré un «hola» lo más cerca posible de su boca;

no me olvidaré la sonrisa en casa

y esperaré que sus ojos acaricien el pasado.

Es posible que no me haya reconocido;

incluso yo, a veces, me ignoro en el espejo.

Ya no uso el mismo perfume,

así que tampoco su olfato ha podido clasificarme

en su agenda de las promesas incumplidas.


Ella está casi igual.

Ha decorado con algunos kilos su silueta,

se le iluminan menos los ojos,

el cabello más oscuro...

como si intentara no brillar

alguien que siempre fue estrella.

Ya no usa aquel *piercing* en la nariz

y hay un nombre de chica tatuado en su brazo.

El mismo nombre que una vez elegimos

cuando el futuro era nuestro

y no un abismo.


Imagino que siguen siendo trece los lunares de su espalda;

que, cuando le duele la cabeza,

se sigue acordando de su madre.

Que agosto aún le parece un mes de mierda,

que el optimismo ya no es virtud

y, cuando cumple años,

sigue pidiendo imposibles

para nunca depender de la magia.


Me he quedado ahí, parado, a tres metros,

viendo cómo su pie deletreaba paisajes en el aire,

esperando un autobús que no me llevaría a mi destino,

recordando mi nombre en su boca,

mi boca en su isla,

su isla en mi playa.

Aguardando que apartara su vista del móvil

y, al verme, dijera «hola».

Y no esperara a mañana,

como hacen los cobardes

que le temen al amor.


 


miércoles, 6 de mayo de 2026

E

 Ahora que no te observó, se que tú me estás mirando. No me preguntes por qué, lo sé. Para asegurarme bastaría con levantar la cabeza y buscarte. Pero entonces tú, mirarías para otro lado. Y si hay algo que no quiero, es que tú mires para otro lado.

martes, 5 de mayo de 2026

D

 

 

Si alguien te decepciona, es porque esperabas algo mejor de él. Así que dime, ¿Es culpa de su incapacidad o de tus expectativas?

miércoles, 29 de abril de 2026

C

 Querer es cuidar. Ese es el verdadero sinónimo. Cuando tú quieres a una persona la cuidas y cuidar es evitar hacerle daño. Y eso, es todo lo que tienes que saber sobre el amor.


martes, 28 de abril de 2026

lunes, 27 de abril de 2026

A

 Te llamé error,

porque no tuve cojones

de decir tú nombre.

Pero ojalá cariño ojalá,

volviera a equivocarme.


martes, 8 de abril de 2025

DESORDEN EMOCIONAL

Día 47


He decorado el salón por orden afectivo.
He arrancado las cortinas,
y en tu lado del sofá
he puesto un demonio de peluche.

En el cuarto del hijo que ya no tendremos
he clavado las notas que nunca sacará:
sobresaliente en todas las asignaturas,
menos en cariño,
que ha suspendido por tu culpa.

Las cartas a tu nombre,
catálogos de ropa que te pondrás
para que otro te la quite,
bostezan en el mueble de la entrada.

Me he quedado un rato observando
a la chica de la falda azul;
en la siguiente página
tiene el pelo recogido
y una camisa a la que le sobran dos botones.
Sus muslos son una película de suspense,
sus labios, la canción favorita
de un adicto a la asfixia.
Te juro que no he pensado en ti
hasta que me he corrido.
Y ahí, he dicho tu nombre.

Supongo que mis orgasmos
también te echan de menos.

He cogido un folio y he escrito:
“Cuando una mujer se va,
no te está cambiando el presente,
te está robando el futuro.”
Luego he hecho un avión de papel
y lo he lanzado por la terraza.
Apenas ha volado medio segundo.

La nostalgia no solo te arrastra
hacia el suelo;
también te arranca las alas.

En la tele, una mujer con pinta
de haber jodido un matrimonio
habla de lo difícil que lo va a tener Tauro
para encontrar el amor.
Luego ha sonreído como si me estuviera viendo.
He dejado el canal, por si acaso a tu signo
también se le complican las estrellas,
pero supongo que sigues brillando demasiado
como para depender de otras luces.

Estoy bebiendo para tener una excusa
a la hora de olvidarte,
fumando para morirme sin ti,
escribiendo a todas las mujeres
que se llaman como tú
para que tu nombre duela menos.

Borrando tus canciones de mi playlist
para que ningún cantautor
invada la derrota.
Cambiando tus zapatos de sitio,
para que intuyas que quizás
te equivocaste de camino.

No estoy seguro de querer que vuelvas.
Creo que me dolerían más
tus respuestas que tu ausencia.
La certeza que la duda.

Creo que no aceptaría un perdón,
que huiría de la ternura,
que rogaría un empate.

Quitarme esta cara, no de haberte perdido,
sino de hacerlo a mí mismo,
y que solo seas tú la que sepa
dónde coño me encuentro.

Y decirte adiós.
Adiós a la cara,
porque ya solo puedo ganar
si te pierdo para siempre.

lunes, 3 de marzo de 2025

LA RESACA DEL INCRÉDULO



35


Julia tiene los ojos tan azules

que observarla es lo más cerca

que puedes estar del mar

sin pisar una orilla.


La primera vez que me senté en su barra,

después de pedir la tercera copa,

sin aún conocerme, soltó:


“Mañana, además de su ausencia,

también te dolerá la cabeza”.


Luego se colocó bien las tetas,

como si pudiera llegar a la tregua

a través de su escote.


“Aquí todos vienen a olvidar:

algunos, su trabajo;

otros, el matrimonio;

la mayoría, una ausencia.

De todos ellos, juraría

que eres el único

que merece el recuerdo”.


Aquello lo soltó

como si fuera caricia,

y dolió, sin embargo,

como un duro puñetazo.


Le hablé de mí,

de la diferencia entre estar solo

y estar sin ti.

De lo enorme

que se ha hecho la casa de repente.

De que, ante la ausencia de tus ojos,

lo cruel de los espejos.

De que estoy usando la misma ropa

porque le tengo miedo a los fantasmas

que se cuelgan de las perchas.


Le hablé de que ya no me duele la cabeza,

porque me duele más ella.

Que, si me cruje la espalda,

es más fuerte el silencio.

Que hay cantautores que parece

que también la perdieron.


Le cuento que, a veces,

tengo la sensación

de estar jugando al escondite

y que todos se han olvidado de buscarme.

Que cada vez que alguien dice su nombre,

aunque ni siquiera se refiera a ella,

aparece a mi lado un precipicio.

Le juro que es peor

mantenerse en equilibrio.


Le hablo de mí, solo de mí.

Si le hablara de ti,

tampoco me creería.



jueves, 20 de febrero de 2025

DESPERTAR SIN TI ES MADRUGAR DOS VECES

 MES 1 DESPUÉS DE TI

Todavía estiro la mano por las mañanas hacia tu hueco. Y duermo hacia el lado izquierdo para que seas lo primero que vea al despertarme. No consigo acostumbrarme a tu ausencia. No la soporto. Ni siquiera la asumo. No es una cuestión de esperanza. Simplemente no acepto la derrota. No hallo el modo de salir ileso, me duele igual callar tu nombre que gritarlo. Es como tener una herida en la punta del dedo con el que te tocas el resto de la piel. En realidad solo te duele el dedo pero lo ignoras.

A mí solo me dueles tú pero se me está quejando el mundo.

La calle es un inmenso agujero. No tener tu mano al otro lado es como estar en una eterna caída. Apenas salgo.

La casa tampoco ayuda mucho. Estás por todas partes y en ninguna. Te has olvidado tu olor, parte de tu ropa, dos palabras de amor en el espejo del baño, un cuadro a medio pintar, ese maldito cantautor en la radio, una lágrima en mi chaqueta preferida y un viaje de ida al centro del infierno, por el atajo que existe en el cajón de tus bragas.

Espero que donde estés no te encuentres bien. Y que me eches de menos. Que te duela decir mi nombre. Que te agobie callarlo. Que la calle también sea un puto agujero. La cama, una guerra. Dormir, un suplicio. Que no consigas escribir la palabra orgasmo en el crucigrama de tu coño. Y si lo haces sea con una herida en la punta del dedo. Que ignores si es placer por ti misma o el dolor de mi ausencia.

Y vuelvas. A por todas las cosas que te has olvidado. Sobre todo a por mí. La más importante.

lunes, 17 de febrero de 2025

OJALÁ TÚ TAMBIÉN


DIA 23


La palabra ojalá,
es como envolver el futuro
en papel de regalo.

Hubo un tiempo,
antes de ti,
en que la nostalgia
me parecía hermosa,
como un lugar al que volver
cuando todo estuviera perdido.

Pero ahora no quiero volver,
ahora quiero que vuelvas.

Regresar a ti, a través de ella,
es como arrancarle las alas a un pájaro
y echarlo a volar.

Mamá dice que el único amor que importa
es el propio.
Papá dice que el único amor que importa
es el de mamá.
El perro solo mueve la cola;
si pudiera decir algo,
pediría comida.

A mí, cuando era joven, también me dejaron.
Luego apareció papá.
Él se limita a sonreír.

Me gustaría preguntar algo
sobre el olvido.
Pero creo que el más sincero de los cuatro
es el perro.

En las noticias no apareces.
Hay otra guerra,
dos terremotos,
un tornado,
quinientos desahucios,
tres asesinatos.

Una parte de mí se agarra torpemente
a todas esas personas
que están peor que yo.
La otra parte de mí
se jode en demasía
al no poder echarte la culpa
también de esas tristezas.

Mamá dice que lo bueno
de las heridas que duelen de verdad
es que ya sabes dónde está la piedra
y la próxima vez
puedes escoger otro camino.

Papá dice que si mamá fuera una piedra,
él estaría todo el día en el suelo.
Oddie simplemente quiere otra galleta.

En el salón hay una foto mía.
Estoy sonriendo.
Estoy sonriendo y no te conocía.
No parece forzada,
parece inercia la felicidad,
como si nunca la fuera a echar de menos,
como si el futuro estuviera envuelto
en papel de regalo.

Y al abrirlo, solo hubiera una palabra:
ojalá.

Y que se cumpliera,
se cumpliera siempre.

lunes, 10 de febrero de 2025

LA CRUELDAD DE LO INVISIBLE


DÍA 13


Odio a la mujer de tu contestador.

Tal vez ni siquiera exista

y, sin embargo,

la imagino muy delgada,

con el pelo lacio cayendo sin gracia

más allá de las cejas,

las gafas empañadas,

la nariz puntiaguda,

los labios finos.

Le quedan grandes los pantalones

y pequeño el corazón.

Y estoy seguro

de que nunca vio el mar.


Mi teléfono lo he puesto en silencio.

En cualquier sonido eras tú.

A veces, incluso antes de alcanzarlo,

dejaba que pasara el tiempo.

Es triste reconocer

que lo más cerca

que he vuelto a estar de ti

se lo debo a esa pequeña incertidumbre.


Llevo haciendo el mismo camino

desde que te fuiste.

Nunca me he sentido tan solo.

Paso a diario por el kiosco

de la señora María

y la saludo muy educadamente.

Ella muestra esa efusividad de siempre

y me mueve la mano

como si fuera un abanico.

Hoy he parado allí,

he comprado esas golosinas de colores

que tanto te gustaban.

(Reconozco que es un modo

absurdo de besarte).

Y ella, de golpe,

me ha dicho cuánto tiempo hace

que no me veía.


A esto me refiero:

sin ti, soy invisible.


También Julia, esa simpática mujer

que les echa de comer

a las palomas de la plaza,

en lugar de observarme a mí,

mira el espacio que has dejado.

Es como si fuera incapaz de reconocerme.

Te juro que, en algunos instantes,

le temo más a mi ausencia

que a la tuya.


Lo peor siempre es el regreso.

Ese ruidoso silencio

que golpea las paredes,

como si la inexistencia de tu voz

hiciera crujir los cimientos.

El libro en la mesa esperando tus manos,

la serie nórdica sin acabar,

donde seguro, como siempre,

volviste a acertar al asesino.

La canción que ya no cantas en la ducha.

El chocolate escondido en el cajón

donde guardabas tus pastillas.

El olor casi intacto de tus bragas

en la cesta de la ropa sucia.

Tus zapatos esperándote.

La botella de agua vacía en la nevera.

El beso que olvidaste en la mesita.

La manta encogida en el sofá.

El interminable camino del pasillo,

la cama enorme.

El vacío, el terrible vacío,

como si todo el suelo

fuera un precipicio.

Cada paso es un tropiezo,

cada tropiezo una herida,

y cada herida, tu culpa.


Nunca una casa estuvo tan lejos

de llamarse hogar.




lunes, 3 de febrero de 2025

OJOS DE LLUVIA


DÍA CERO


No ha habido portazo.

Apenas se ha llevado cuatro cosas.

Por lo visto, supone

que, para superar mi ausencia,

le basta una maleta.


Ha dejado café recién hecho,

su pijama de osos

hecho una bola en el sofá

y una nota nerviosa

pegada al cristal de la terraza.


"Riega las plantas.

Ya que has jodido el amor,

no mates la primavera."


Me he asomado al balcón,

por si las huellas.

Una nube enorme y gris

se ha movido de repente

para posarse frente a mí.

Se ha quedado ahí, sostenida,

como si alguien, con una cuerda invisible,

la estuviera aguantando desde el suelo.


No trae lluvia.

Supongo que espera

que la pongan mis ojos.


Pero llorar es aceptar que se ha ido.

La última vez que lo hice

estaba la palabra "muerte" de por medio.

Y más que tristeza, fue impotencia.

Después de aquello, nunca más

busqué a Dios.

Tampoco él ha venido a verme.


De vuelta al salón,

he tropezado con sus llaves.

Es lo más cruel que se le ha ocurrido.

Ahora, cada vez que llamen a la puerta,

la esperanza dirá su nombre.


La esperanza es un monstruo ingobernable.

Aparece cuando menos te lo esperas

y se va cuando más la necesitas.


No he probado el café.

No sé cuántas cucharadas de azúcar

hubieran hecho falta

para equilibrar la ausencia de sus ojos.


Me he vestido con la ropa de ayer,

como si el pasado

pudiera confundir al futuro,

y he salido de casa suponiendo

que, para esquivar al demonio,

basta con abandonar el infierno.


Todavía la escalera mantiene su perfume.

He abrazado la nada.

No ha sido mutuo.


En la calle sigue la nube.

Incluso parece más grande.

He caminado hasta que se ha convertido

en una mancha absurda.

Ahí me he acordado de las macetas.


Ojalá ahora esté diluviando en la terraza.




lunes, 27 de enero de 2025

SEUL


¿Sabes lo malo de la puntualidad?

¿De esa adicción a no jugar

con el tiempo de nadie?

Que nunca, nunca, nunca

sabrás cuánto te esperan.

A mí me ha ocurrido con tu vida.

Claro que tú no tienes la culpa,

cómo ibas a pensar que tal vez,

que quizás, que a lo mejor,

yo existía.


Pero aquí estoy,

observando con nitidez

el desorden de tu futuro,

los cimientos de tu pasado.

Contándote cicatrices que puedo lamer

pero no borrar,

que puedo tapar

pero no esconder.

Tienes en la risa las cosquillas que me deben,

en el acento la canción que bailaría.

Parece que has salido de un cuento de hadas

y vienes de matar a todas las princesas de los cuentos,

para que ya no sufran por amor.

Tienes la curva en otra curva,

pareces una carretera donde frenar

es de cobardes,

donde volar es necesario.


Yo tampoco te esperaba,

yo también me he equivocado,

no solamente de vida,

también de mujeres,

también de sonrisas.

Incluso he llegado a pensar

que ya no había más piedras en el camino,

que perder el equilibrio

iba a depender más del borde de las copas

que del alma de las musas.

Y, de repente, tú,

con esa cruel mentira sobre los espejos,

con esa pose de nadie me ve,

de nadie me mira,

de nadie me siente.

Como si no fueras inevitable,

como si tus pechos no los hubiera moldeado mi hambre,

ni tu culo mi asfixia,

ni tu boca el diablo.


Antes del eclipse, mucho antes

de que en la oscuridad

buscara un rayo de luz,

de que en el viento

creyera en la brisa,

de que en el mar

extraviara la orilla,

dejé de buscarte.

Y no, no fue mi culpa.

Te has llamado de tantas formas

que ni siquiera me consuela

tu verdadero nombre.


Ahora tu silueta planea por mi hogar,

como un avión que se olvidó del destino.

Estoy gritando desde el sofá

la dirección correcta,

pero cuando a alguien le crecen alas

también le sobra el abrazo.


Llegar tarde,

como quejarse antes de la herida,

o pedir perdón sin que nada haya sucedido todavía.

Como las promesas de los borrachos,

o pintar corazones en el vaho del baño

viviendo solo.


Papá decía que el amor es llegar justo a tiempo.

Si llegas demasiado pronto,

ella tendrá la duda de si hay otras puertas;

si llegas demasiado tarde,

ni siquiera habrá puertas.

Pero a papá se le olvidaron las ventanas.


Y tras ellas tú,

con esos muslos de atrapar a las olas,

con ese vientre de crear una familia,

con esas manos de perder siempre al póker.

Haciendo malabares con mis verbos,

poniendo el límite más allá de los sueños,

los sueños donde empieza el desvelo.

Coloreando atardeceres con tus pómulos,

haciendo el amor con la incertidumbre,

llorando poemas que pienso escribirte.


Por ti ando corriendo en dirección contraria,

no como si alguien me persiguiera,

más bien como si de repente hubiera encontrado el camino.

Y tú, estuvieras allí al fondo esperándome

con los labios manchados de futuro,

con la certeza de que sí, de que he llegado muy tarde a tu vida

y, sin embargo, justo a tiempo a la nuestra.





lunes, 13 de enero de 2025

PODGORICA

 Pasarán mujeres con falda, habrá escotes mirándome a los ojos, tacones poniendo melodías al morbo, alguien, cualquiera, me dirá algo sobre el amor y yo lo primero que haré será pensar en ti. Me asaltará alguna duda, cuando una morena de playa, le ponga algún verso a mi próximo poema, me pararé un instante al borde del camino, en el momento que una rubia de anuncio, le coloque una etiqueta con el precio al atajo más cercano al futuro. No habrá errores, no alquilaré mi pecho, no venderé mi alma, no traicionaré la tregua. Podré, claro, sucumbir al encanto, divagar sobre la fantasía, idear un juego extremo, en el que perderé antes de lanzar los dados. No será una cuestión de suerte, ella ya estuvo de mi parte, cuando tú le pusiste letra al amor, en aquella carta, que atravesaba la frontera del prohibido y que nos saltamos con un beso a traición y un abrazo a escondidas. Cuando el amor deja de ser un círculo, cuando lo llenamos de obstáculos, cuando creamos una propiedad, como si pudiéramos ser el dueño del otro, cuando invadimos los secretos, alteramos la confianza y caemos en la trampa de intentar crear al prójimo a nuestro antojo, el círculo se convierte en laberinto y en él, cada vez es más difícil encontrarnos. Pasarán camareras con ofertas para la sed, alguna vez se parará el ascensor en el piso equivocado, imaginaré cómo sabe la asfixia entre las nalgas de una actriz porno, o caeré en las garras de lo ilícito en cualquier oscuridad de tu parpadeo. Pero jamás dejaría de elegirte. Jamás me arrepentiría de haber dicho tu nombre. De atar mi destino a tu boca, mi futuro a tus ojos, mi vida a tus manos. Jamás dejaré de ser tuyo, no porque tú quieras que lo sea, sino porque soy yo quien lo necesita. Por eso, amor, por eso.


lunes, 30 de diciembre de 2024

SANÁ


Me llamo Ernesto.

Nadie me llama Ernesto.

Nadie me llama.

Nadie no es una persona.

Nadie es nada.

Cero.

Folio en blanco. 

Teléfono sin agenda.

Amor sin wifi.

He amado a casi todas las mujeres

que se han cruzado conmigo. 

Ellas no lo saben.

En su ignorancia salvo el ridículo.

Soy de los que se caen 

y hacen como que están buscando una moneda.

Prefiero que me tachen de pobre

que de vértigo.

Prefiero que me tachen.

Que nadie me llame.

Nadie de ella.

Ojalá fueras nadie.

Tú, que te crees Alma,

que te llamo Alma,

que te gritan rubia en los pasos de peatones,

que te silban a Vivaldi en la boca del metro.

Ojala yo fuera la boca de un metro.

Que tu boca estuviera a un metro de mi boca. 

Que entraras y salieras cada mañana

sin reconocer que mi lengua

te lame los lunes más pesados de la nuca.

Ojalá fuera lunes.

Y no me llamara Ernesto.

Y no amara a todas las mujeres

que se cruzan por mi vida.

Que hubiera una moneda tras la caída.

Que saliera cara. 

Tu cara.

Que pensaran todos que he tenido suerte

y no vértigo.

Y quedarme en el suelo

hasta que nadie me levante

y me llame por mi nombre.

Una vez.

Pero nadie de todo.

Del total y de rubia.

Y de Vivaldi

Y de boca de metro.

Y de Alma.

Sobre todo de Alma.

lunes, 23 de diciembre de 2024

LUSAKA


Claro que te hubiera besado

y seguramente habría dejado

caer mi mano en el abismo de tu pecho.

Tendría la sonrisa puesta

y antes de que mis labios fueran tus labios

me hubiera sentido eternamente joven.

No sé si te han dicho alguna vez

que uno tiene la edad de sus dolores.

Y contigo delante dudo mucho

que me doliera algo más que no besarte.

Así que sí, te hubiera besado

y seguramente habría dejado caer mis ojos

al laberinto de las pecas de tus hombros.

Tendría colocada la mueca del valiente

aunque tuviera las cosquillas en la piel

del que se ríe por dentro.

No sé si te han comentado alguna vez

que reírse es el orgasmo del cerebro.

Y contigo delante, dudo mucho

que alguien haya conocido la tristeza.

Te habría besado sí, seguramente lento

y mis dedos estarían marcando un ritmo

que no se puede bailar si no es contigo.

No sé si alguna vez te han contado

que la música amansa a las fieras,

pero me temo preciosa

que la canción que guardas en la garganta

haría salvaje al animal más manso.

Si lo hubiera hecho, claro.

Probablemente mi lengua tatuaría

mi nombre en el cielo de tu boca.

Y hasta tendría una frase preparada

para después de tus labios.

Tal vez ignoras que de todas las cosas

que no he hecho todavía

besarte me resulta la más fácil.

Así que sí, te hubiera besado

lo único que no tengo claro todavía

es cuantas veces.

lunes, 16 de diciembre de 2024

SANTO DOMINGO

 Un amor platónico no es aquel que no puedes conseguir, si no ese que aún pudiendo lograr no tuviste el coraje de intentarlo. Ese que tienes clavado como un interrogante en el pecho, un pasado aferrado a la nostalgia, un "tal vez" que disfrazaste de "no" porque dolía menos oponerte a ti mismo, que cualquier negación ajena.

Lo que duele pasado el tiempo no es "el que hubiera pasado entonces" si no el "que estaría pasando ahora". No poder volver atrás y hallar la respuesta ya sea para pasar página o para quedarte en ella lamiendo las esquinas y subrayando todas las frases que una vez planeaste decirle a su boca.

Dice Sabina en una canción que " No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió" Y no puedo estar más de acuerdo.

Así que si en una de estas, volvemos a quedarnos suspendidos en una mirada en la que el futuro se nos abre de piernas, espero que tengas una respuesta preparada. Porque no pienso dejar que la incertidumbre me robe ninguna hora más de sueño. O los duermes conmigo, o bostezo sin ti.

lunes, 9 de diciembre de 2024

NUUK


Llegará el frío.

Yo miraré en el armario

y sentiré el desprecio de las perchas vacías.

Saldré a la calle,

el verano será una metáfora,

una promesa.

Miraré a la gente andando deprisa;

te juro que a veces parece

que huyen de mí.


Se llamará noviembre

y no tendrá tus ojos.

Tal vez aquella sudadera

que compramos en el último viaje

consiga, en algún instante,

llamarse hogar.

Frotaré mis manos,

tal vez fume.

Se me hará largo

el camino al trabajo,

evitaré reflejarme en los escaparates.

La sinceridad está de más

cuando no la necesitas.


Observaré la playa desde el otro lado,

como si fuera una postal.

El viento dirá tu nombre.

Seguramente me cruce con alguna chica

que no se parezca a ti.

También tendrá frío.

La chaqueta gris, la que te gustaba,

me quedará grande.

Es increíble lo pequeño que se siente uno

cuando no estás.


Lo peor siempre es el regreso.

Miraré el calendario,

limpio, sin un solo círculo

que decore alguna fecha importante.

Será un mal año,

un duro invierno.

Me crujirán los huesos,

como si por dentro alguien

quisiera poner una canción.

Ni siquiera mi pijama más horrible

podrá firmar una tregua con Groenlandia.

Cuando el frío es por dentro,

añoras una piel

que no es la propia.


Tendré varios mensajes,

alguna llamada perdida,

dos páginas porno en favoritos,

otra apuesta perdida.

Habrá ofertas engañosas en los buzones.

Los perros del vecino

no le ladran a la gente conocida.

Es fácil, a veces, asesinar la incertidumbre.


En algún momento, la primavera

asaltará el paisaje.

Acorralará al silencio.

Matará la oscuridad.

Seguirá haciendo frío.

Cuando tienes el silencio en la cabeza,

no importa el ruido.

El sol es un consuelo inerte,

como encontrar una chica

que se llame como tú

y decir su nombre.

¿Con qué se curan las heridas

que no se ven?


No sé cómo explicarte, sin rozar lo cruel,

que a veces sufre

más el culpable que la víctima.

Que el error llegará un momento

que dejará de perseguirte,

mientras a mí me acorrala

con tu ausencia.


No habrá tregua,

por más que confunda

algún incendio con agosto,

por más que en alguna calle de mi memoria

quede alguna hoguera encendida

por donde el olvido

aún no se ha atrevido a pasar.


Dará igual el tiempo que pase,

la ciudad que drible,

la canción que decida no poner.

No importará que escape

de las páginas dobladas

de esos libros que dejaste en mi cabeza.

Tomaré atajos,

vaciaré el armario,

diré "te quiero",

prometeré algún "para siempre".

Tal vez tenga hijos.

Tal vez sea feliz.


Pero me acordaré de ti,

casi siempre en los momentos

más inoportunos.


Y siempre, jodidamente siempre,

llegará el frío.

lunes, 2 de diciembre de 2024

VARSOVIA

 


La ropa tendida en el balcón

es la bandera de mi fracaso.

Sin rastro de tus bragas minúsculas,

ni de tus camisas con tantos colores,

que la primavera comenzaba primero

en la terraza para luego

adueñarse poco a poco de todo el paisaje.

No hay morbo sin tus pijamas huérfanos de botones,

sin tus faldas pervirtiendo las flores de las macetas,

y sin tus vaqueros dejando en el cielo

la silueta de tu imponente culo.


El viento agita mi pena,

calzoncillos tristes y pantalones

que odian el clima si no lo creas tú.

Mis camisas cuelgan los cadáveres

de los hombres que soy ahora sin ti,

y todos los calcetines imitan el acto

de no hallarse con su otra pareja.


Aún en la almohada tu perfume

agrieta mi pecho,

y en los cuadros que dejaste sin pintar

nacen garabatos que simulan la derrota.


Lucía siempre dice

que incluso cuando pierdes ganas algo.

Yo solo he ganado tu ausencia.

Y es una mierda.


A veces, sobre el sofá, rebobino mi vida

y te veo llegando aquella mañana,

sin paraguas y con el cabello mojado,

perseguida por una tormenta

que, como yo,

se enamoró al primer contacto.

Y me traigo tu voz al oído,

y aún siento el escalofrío de tu primera frase,

donde los relámpagos iluminaban el cielo

como fotografiando una escena

de anuncio de perfume.


Recuerdo con perfecta exactitud

cómo, después de tu primera sonrisa,

dejó repentinamente de llover,

y cómo tu nombre me acarició las mejillas

cuando todavía la distancia entre nosotros

era un abismo de dos metros.


Disfruto del momento en que decidimos

que el autobús nos pasara de largo,

y caminamos hasta tu casa,

esquivando los atajos

hasta pactar un laberinto cuya salida

dependía del primer beso.


El cigarro a medias,

tu risa como banda sonora,

el vaho saliendo de nuestras gargantas,

como si pudiéramos esconder la felicidad

después de los suspiros.


Mis nervios y aquella manada de elefantes

golpeándome por dentro del pecho,

el ruido del silencio mientras buscaba la frase perfecta,

aquel "hasta mañana" que tus labios soltaron

y mis manos ataron al futuro inmediato,

justo antes de que cerraras la puerta

y comenzara de nuevo a llover de repente.


Como ahora,

solo que en lugar de futuro

nada más  que queda ropa tendida.

Y se me está mojando.


Como los ojos.